La historia del Campeonato de la PGA no fue la del tercer grande de Jon Rahm, ni la de la última barrera que le falta por derribar al golf español. Pero sí la de un jugador peculiar, el inglés Aaron Rai, campeón en el trazado de Aronimink, en Filadelfia, con -9, tres golpes de ventaja sobre Rahm y sobre el estadounidense Alex Smalley.

Rai escribió por primera vez a los 28 años su nombre entre los ganadores de un grande, el mayor éxito de una carrera modesta que hasta ahora lucía apenas una victoria en el circuito americano y tres en el europeo. Y en la que no figuraba ninguna clasificación entre los 10 mejores en 12 participaciones en un major. Todo saltó por los aires con una última vuelta fantástica con un eagle y cuatro birdies a partir del hoyo 9. Nunca perdió la calma Rai pese a que estaba a las puertas de la historia. Con su triunfo se convirtió en el segundo inglés que celebra el PGA Championship después de Jim Barnes hace una eternidad, en 1919, y se une al norirlandés Rory McIlroy, ganador del Masters de Augusta, en otro registro inédito: nunca los dos campeones de los dos primeros grandes del año habían sido europeos.

Rai, con sus dos guantes.Matt Slocum (AP Photo/Matt Slocum)

La gloria es para un golfista diferente por su costumbre de jugar con dos guantes negros en lugar del tradicional único guante blanco. El motivo es que Rai recibió en una ocasión dos guantes de regalo, empezó a jugar así por mantener las manos calientes y desde entonces se enfunda las dos manos por superstición. De sus orígenes humildes permanece también el uso de fundas para sus hierros. A su familia le costaba pagarle de niño unos buenos palos y su padre y él los cuidaban con mucho mimo. Tal esmero tuvo recompensa después de resistir en Filadelfia el ataque de estrellas con más galones.

Rahm enseñó las garras muy pronto con dos birdies de manual en las dos primeras paradas del día: dardos a green y putts. En un pestañeo, otra vez colíder. Ese acelerón lo frenó un bogey en el hoyo 3 después de un aterrizaje en el búnker y un ligero desvío en un putt con caída. Leer los greens de Aronimink ha sido todo un acertijo para los mejores jugadores del mundo, un arte que el español domina especialmente bien desde que era un niño en la escuela de Eduardo Celles. Un doble paseo por el rough, a derecha e izquierda, le devolvió a la casilla de salida. No dejaría escapar el birdie en el par cinco del 9.

Era un ejercicio de supervivencia. Fimar pares, un lujo. Uno a uno, los hombres en la parte alta de la tabla fueron cayendo. Lo que era una multitud de aspirantes, un atasco en la cima del Everest, iba reduciéndose a la cordada de unos elegidos.

Al frente de la expedición marchaba Rai, un témpano de hielo en mitad de una caldera de emociones. Rahm encadenó una hilera de pares que le mantenían un escalón por detrás del inglés. Cuando el español vio pasar de largo el birdie en el 15, Rai cumplía en el par cinco del 16. Y remachó la faena con un bingo desde 20 metros en el green del par tres del 17, momento en que empezó a grabarse su nombre en el trofeo Wanamaker.

El segundo puesto de Rahm es su mejor clasificación en un grande desde su marcha a LIV en diciembre de 2023 y espanta las dudas sobre su rendimiento en las citas mayores fuera de su gran dominio en la Liga saudí. También le reivindica ahora que LIV está en peligro de extinción. Con -5 terminaron Justin Thomas, Ludvig Aberg y Matti Schmid; Cameron Smith, Rory McIlroy y Xander Schauffele, con -4; Scheffler, con -2. De nuevo emparejado con el número uno mundial, David Puig cerró la jornada en el par del campo, -1 en total y su mejor clasificación en un grande, puesto 18.

Clasificación del Campeonato de la PGA.