Cuba amaneció este domingo sumida en una nueva jornada de apagones masivos.

Según la nota informativa oficial de la Unión Eléctrica (UNE), a las 6:00 am la disponibilidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) era de apenas 1,070 MW frente a una demanda de 2,545 MW, dejando 1,457 MW sin suministro.

El panorama para el horario pico es aún más sombrío.

La UNE pronostica una disponibilidad de solo 1,147 MW ante una demanda máxima de 3,200 MW, lo que arroja un déficit de 2,053 MW y una afectación estimada de 2,083 MW durante las horas de mayor consumo.

El sábado, la situación ya fue devastadora. La máxima afectación alcanzó los 2,041 MW a las 9:10 pm, superando el pronóstico previo por la no entrada de la unidad dos de la Central Termoeléctrica (CTE) Santa Cruz y la limitación de la unidad cuatro de la CTE Cienfuegos.

La capital no escapó al colapso.

La Empresa Eléctrica de La Habana informó que el sábado se interrumpió el servicio eléctrico en La Habana las 24 horas. La máxima afectación fue de 447 MW a las 9:10 pm.

Captura de Facebook / Empresa Eléctrica de La Habana

La entidad admitió además que «fue necesario apagar circuitos por emergencia con 110 MW» y que «no fue posible restablecer el servicio», con seis bloques y circuitos de emergencia -322 MW- aún afectados al cierre de su nota.

El cuadro de averías que arrastra el sistema es alarmante.

Están fuera de servicio cinco unidades de las CTE Ernesto Guevara De La Serna, Antonio Guiteras, Lidio Ramón Pérez y Antonio Maceo. A eso se suman tres unidades en mantenimiento y 423 MW adicionales fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica.

Los 54 parques fotovoltaicos instalados aportaron 3,963 MWh el sábado con un máximo de 616 MW al mediodía, cifra que se desvanece al llegar la noche por la ausencia de baterías de almacenamiento a escala. La energía solar no alcanza para cubrir los apagones mientras el parque termoeléctrico continúa desmoronándose.

Esta crisis no es un episodio aislado, sino la expresión más reciente de un colapso estructural que el régimen ha sido incapaz de frenar.

El 13 de mayo se registró un déficit récord de 2,153 MW, y al día siguiente la salida de la CTE Antonio Guiteras -su novena avería en 2026- provocó un colapso parcial del SEN desde Ciego de Ávila hasta Guantánamo.

El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió que Cuba no tiene «absolutamente nada de fuel, de diésel, solo gas acompañante».

Un donativo ruso de 100,000 toneladas de crudo, procesado en la refinería de Cienfuegos, se agotó a inicios de mayo sin que el régimen haya asegurado un suministro alternativo.

La apuesta gubernamental por la energía solar no resuelve el problema de fondo.

Ante la presión social, el primer ministro Manuel Marrero se limitó a ordenar «repartir mejor» los apagones en La Habana, una respuesta que evidencia la incapacidad del gobierno para ofrecer soluciones reales.

Mientras tanto, en provincias como Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo los cortes superan las veinte horas diarias, y los cubanos han salido a protestar con cacerolazos ante un régimen que prefiere culpar al embargo estadounidense antes que asumir la responsabilidad de siete décadas de gestión desastrosa.

La CTE Antonio Guiteras, la mayor generadora individual del país, podría reanudar operaciones el 19 de mayo, aunque su estado estructural es precario: la planta no ha recibido mantenimiento capital desde 2010, lo que convierte cualquier pronóstico de recuperación en una promesa frágil.