Acaba de llegar al mercado, con polémica incluida, Mixtape, un videojuego narrativo de aventura desarrollado por Beethoven & Dinosaur y publicado por Annapurna Interactive. Estamos en 1990, en el otoñal pueblo californiano de Blue Moon Lagoon. La protagonista es Stacey Rockford que, con 17 años, está a punto de dejar su pueblo para perseguir su sueño de trabajar en la industria musical en Nueva York. La historia ocurre durante el final del instituto; durante su última noche con sus dos mejores amigos: Cassandra Marino y Van Slater. ¿Su objetivo? Una fiesta nocturna que apunta a inolvidable. El juego (que solo dura unas tres horas) sigue los pasos de los tres amigos mientras se preparan para la fiesta y van escuchando una mixtape hecha por Stacey. Cada canción es un segmento narrativo, un recuerdo importante y una sección jugable. El juego es una maravilla entrañable.
El juego ha recibido críticas bastante buenas, incluyendo un ruidoso 10/10 en la famosa web estadounidense IGN. Lo de ruidoso viene porque, con un 10/10, el juego ha llegado a consumidores que normalmente no se hubieran acercado a un juego tan de nicho, lo que ha levantado bastante polvareda digital (bien porque muchos tachan el juego de woke o de lo contrario: muchos estadounidenses dicen que tiene mucho de white privilege y de nepobabys haciendo juegos). Polémicas políticas aparte, lo cierto es que el juego es poco juego, en el sentido en que es una aventura narrativa con secciones jugables insertadas que, eso sí, son muy variadas: la protagonista lanza cosas, hace skate, planea, en un momento nos besamos y controlamos la lengua en una especia de pulso muscular.
Todo está bien engarzado con la música, y el objetivo sentimental del juego —la emoción que busca— está muy logrado, sobre todo en su parte final. El referente que a uno le vendría a la cabeza es Stranger Things por el culto a la nostalgia analógica ochentera, o Dazed and Confused o Ferris Bueller. Pero lo cierto es que, aunque no tiene un gramo de violencia, también es un juego en cierto modo tarantiniano: tanto en el amor que destila hacia la música, como en el homenaje que rinde a ciertos materiales pulp, como por los recursos visuales (diversísimos y variados: documental, voz en off, uso de cámara y melodía…) que usa para contar lo que quiere contar.
A todas las artes les pasa que la industria las persigue y, cuando las alcanza, las anquilosa. A los videojuegos les pasa y como muestra basta asomarse a la última polémica digital: la lucha del japonés Daikichi y su juego de escalada Wired Tokyo 2007, que la tienda digital Steam ha bloqueado porque, sostiene, plagia imágenes y mecánicas de otro juego, DinoStone. ¿La sorpresa? Qué DinoStone también es de Daikichi, y ahora el japonés se encuentra enredado en la burocracia para demostrar que, efectivamente, se da permiso a sí mismo para usar su propia mercancía.
Quieres decirse que el éxito (más en la industria cultural que más dinero genera en el mundo) enreda, burocratiza, homogeneiza. Y que el mayor remedio para esos males son obras como Mixtape; obras pequeñas, honestas, personales, que intenten forzar los márgenes de la creatividad no con los mimbres que ya vemos en las obras comerciales, sino buscando su propia verdad de forma más experimental. No juega en la liga de los What Remains of Edith Finch, Stanley Parable o The Begginers Guide (palabras mayores), pero sí en la de Sayonara Wild Hearts, Night in the Woods o —el anterior juego de los desarrolladores— The Artful Escape.
Terminemos glosando la labor de Annapurna, que ha publicado algunos de los mejores juegos de la historia (Kentucky Route Zero, Outer Wilds, Journey) y que prepara para 2026 algunos de los juegos más esperados (We Kill Monsters, The Lost Wild). Tenemos suerte de vivir en un tiempo en el que una compañía así se dedica a poner en valor juegos tan atrevidos en lo formal como honestos en su fondo. Algo como Mixtape no será para todos los jugadores, claro, pero sin duda sigue el camino correcto para los videojuegos que quieren, de verdad, encontrar su propio lugar en el mundo.
Imagen del juego ‘Mixtape’.