Chloé Zhao comenzó el año pasado presentando “la mejor película de la historia”. O, al menos, esa fue una de las vitolas que acompañaron a Hamnet, biografía ficcionada sobre la mujer de William Shakespeare y la relación entre la creación de Hamlet y la pérdida de un hijo. Hamnet aún aguanta en algunos cines de España, donde ha sido un inesperado fenómeno de taquilla.
Zhao venía de Marvel con la disruptiva Eternals, protagonizada por Angelina Jolie. Y, sobre todo, de ganar el Oscar a mejor película y dirección (más actriz) con Nomadland. Sin embargo, su mejor largometraje es, quizá, el más desconocido: The Rider. Y puedes verlo gratis en RTVE Play.
¿De qué trata ‘The Rider’?
En Yellowstone, el vaquero más torpe del rancho, Jimmy, descubre que tiene un talento innato para los rodeos. Tras alzarse como ganador en su debut, en su siguiente participación se rompe la espalda y los médicos le advierten de que, si vuelve a ponerse sobre un caballo o un toro sin domar, seguramente sea lo último que haga.
Lo mismo le ocurre al protagonista de The Rider, que sufre un accidente en esta equitación salvaje y termina con una placa en el cráneo. En su caso, el problema es aún mayor, ya que el personaje interpretado por Brady Jandreau (que es domador de caballos en la vida real) ni siquiera es capaz de montar en un caballo domado. Sus problemas de equilibrio podrían provocarle otro fallo, y este sería fatal.
Igual que Jimmy en Yellowstone, el protagonista de The Rider es consciente que domar caballos y montar toros es lo único que sabe hacer. Y lo único que lo hace feliz: él, como los caballos, solo sirve para galopar. Y si los animales no pueden hacerlo, se los sacrifica.
Por eso, cuando acepta un trabajo como reponedor en un supermercado, sufre cada vez que alguien lo reconoce como la celebridad local y lo insta a volver pronto a los rodeos. Tampoco ayuda que su padre sea un despilfarrador nato y los problemas económicos lo acorralen a él y a su hermana, con problemas mentales.
The Rider es, sobre el papel, una historia profundamente masculina, pero la visión contemplativa de Chloé Zhao nos ahonda en la crisis del protagonista: ¿merece la pena vivir una vida de infelicidad, o jugársela haciendo lo único que nos ha hecho sentir vivos? La película se abre con una pesadilla que desvela al protagonista: unos primeros planos de un caballo que suponen, quizá, las imágenes más bellas rodadas por Zhao, y que quizá tuvo en mente Albert Serra cuando abrió Tardes de soledad con planos similares.