Anna Wintour siempre es noticia: ya sea por su decisión de dejar su puesto como directora de la edición estadounidense de Vogue, por la celebración de una nueva gala del Met, por el estreno de la nueva película de El diablo viste de Prada o por ser anfitriona de una fiesta repleta de celebridades en un lujoso vagón de tren. Y así será de nuevo en las próximas semanas por el lanzamiento en junio de Best Dressed, un libro escrito por Filipa Fino (Lisboa, 53 años), quien fuera su asistente en Vogue y editora senior de accesorios de la publicación durante más de una década. Pero este no es un libro con el que pretenda señalar a Wintour, ni con el que quiera exponer los trapos sucios de su etapa laboral en Condé Nast; es una novela de ficción basada en su propia experiencia en la industria de la moda.

De padre español y madre portuguesa, Fino empezó a trabajar en Harper’s Bazaar en “los años dorados” de la década de los noventa en los que no había límites; después llegaría su oportunidad en Vogue. “Cuento mi historia como una persona que estaba dentro. Todo el mundo habla de moda, pero nadie cuenta la historia. No se contó porque no teníamos las herramientas en tiempo real. Tengo montones de Polaroids, pero a menos que estuvieras allí, no tenías ni idea de lo que ocurría”, explica por videollamada. La conversación transcurre en inglés para que su equipo la entienda, aunque habla un perfecto español. “No puedes buscar en Google qué pasó entonces en la fiesta de Versace, porque no hay información archivada, pero la gente que estuvo allí tiene mucho que contar”, señala.

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Cuenta historias reales, pero con protagonistas que, aunque existieron, en el libro tienen nombres ficticios. Su trabajo como asistente de la mujer más poderosa de la moda le abrió muchas puertas, oportunidades y anécdotas que ahora recuerda, como cuando viajó a Cuba con una maleta llena de billetes. “La moda estaba restringida. Solo se invitaba a unas 300 personas a los desfiles y no había nadie tomando fotos en directo y publicándolas en tiempo real. Esas personas determinaban las tendencias, lo que estaba de moda y lo que no. Lo llevaban a la oficina, creaban una revista. Tres meses después, se publicaba con las tendencias; seis meses después ya estaba en las tiendas”, recuerda de una época que ha quedado atrás: “El consumidor no va a esperar seis meses. En el momento en el que entraron a las redes sociales, nuestro poder y exclusividad desapareció”.

Las redes sociales, los Me gusta y los influencers han cambiado el sector. “Esta generación ya no me mira para ver qué está de moda. Pero la moda trata de la ropa en el contexto de lo que está pasando en cada momento. Anna Wintour se ha mantenido como una líder durante años. Siempre ha entendido que se escribe en el contexto de lo que está pasando en la política, en la cultura y en el arte”, explica Fino. En los últimos tiempos, hay otros agentes externos que también influyen en las tendencias. “El mundo se ha enamorado de una cultura basada en la cirugía plástica, el maquillaje… todo muy poco natural. En febrero se estrenó la serie sobre Carolyn Bessette-Kennedy y todas y cada una de las actrices en los Oscar querían parecerse a ella. Todas querían ser sencillas, sobrias, elegantes… ¿Por qué pasó esto?”, se pregunta la editora de moda. Ella misma lanza la respuesta: ”Estábamos tan saturados, era todo tan falso, mujeres tan irreales… y de repente ves a este personaje legendario que lleva más de 25 años muerta”.

Ejemplos no le faltan para describir la situación actual de la industria. “Mucha gente cree que tiene esa autoridad y ese talento, y no es así. Ahí está el gran error: el número de Me gusta no refleja nada. Las Kardashian, por ejemplo, tienen mucha influencia, personas que las siguen… Pero eso no les da para ser personas que tienen ese instinto. Lo que tienen es una madre que sí lo tiene y dinero para rodearse de gente que también lo tiene, lo cual es muy inteligente”, considera.

A ella nadie le ha contado lo que pasaba entre bastidores, fue protagonista de lo que ahí ocurría y ha decidido que ahora es el momento de que lo sepa más gente. En parte, por el interés de sus dos hijas adolescentes. “No había miedo de que nadie te hiciera una foto y te pillaran. Fue una época en la que había muchas drogas, juergas, viajes… No se podía enviar una foto y decir: ‘Oh, mira lo que ha hecho esta’. No había pruebas, los periódicos no sacaban la noticia. Ahora, un actor o actriz de poca monta, o cualquier persona famosa, hace algo un poco escandaloso y ya sale en todos los lados. La carrera de esta persona puede acabar en un minuto”, dice. Ella no fue tan conocida como para tener ese seguimiento, pero cree que le “habrían cancelado en cinco segundos” por sus raíces: “Soy de Portugal y de España. Hablo mucho y no tengo filtro”.

La primera película de El diablo viste de Prada está basada en el libro que relata la historia real de lo que vivió Lauren Weisberger trabajando con Anna Wintour durante menos de un año. Fino estuvo más de una década a su lado. “Fue difícil trabajar con ella porque es una persona exigente, pero así es como funciona la industria, como funciona cualquier cosa para tener éxito, y yo era tan exigente como ella. No creo que haya tenido nunca una reunión con Anna en la que hubiera una pelea o una discusión. Es todo lo contrario: es blanco o negro”, explica. Y añade: “Es tan autoritaria que, en realidad, si eres ese tipo de persona, es muy fácil trabajar para alguien como Anna Wintour porque siempre sabes a qué atenerte. No hay grises, no hay titubeos. Es muy fácil tomar decisiones, porque ella las toma por ti”.

Durante años, la todopoderosa editora de moda ha conseguido que se cree en torno a su figura una leyenda que a muchos les infunde respeto. “Utiliza esa imagen porque a todo el mundo le da miedo alguien que es valiente. Cualquiera que no dude y que tome decisiones con rapidez es temido. Tiene un aura especial, un misticismo que está muy bien creado”, señala. Parte de esa imagen que ha creado es gracias a sus inseparables gafas: “No lleva esas gafas porque sea un look, las lleva porque no puede ver sin ellas. La gente piensa que se las pone porque quiere parecer superior. Es como si su armadura fuera parte de ella, pero no lo es“. Otro de los mitos más extendidos de Wintour es su falta de atención, algo que Fino confirma de primera mano: “Nunca he estado en una reunión más de unos 20 minutos con ella. No puede concentrarse”.

De izquierda a derecha, Filipa Fino, Meredith Melling Burke, Anna Wintour y Virginia Smith en el desfile de Diane Von Furstenberg, el 3 de junio de 2009, en Nueva York. Patrick McMullan (Patrick McMullan via Getty Images)

La relación entre ambas iba más allá de lo profesional: “Vino a mi boda, en la que había un centenar de personas. No es porque yo fuera especial. Había trabajado para ella durante bastante tiempo y muy de cerca, pero no estuvo allí toda la noche. Habíamos tenido una gran fiesta en Portugal antes para 300 personas y esto fue como la versión corta. Si estás dentro de su grupo, te protege, es leal con las personas que le son leales. Esa calidez la gente no la percibe y da la impresión de ser fría. Ella lo utiliza en su beneficio”.

Así que no, su intención con el libro no es criticar, exponer o juzgar las decisiones de su exjefa. “Todo lo malo que quieras decir de Anna podrías decirlo de mí, porque trabajé allí y formé parte de eso. Si ella es una zorra, entonces yo también lo soy”, avisa. Reconoce que ella nunca tuvo que enfrentarse a la editora de Vogue porque era la única persona trabajando en el departamento de accesorios. “En el de ropa había como 10 editoras de muy alto nivel que tenían muchísima influencia a la hora de determinar la moda de la temporada, así que ellas se peleaban. Yo no tenía que competir por la atención o el tiempo de Anna”, recuerda. Tenía “una vía de sentido único” con Wintour, y su opinión se convirtió en la voz que decidía qué iba a estar en tendencia, sin nadie que le obstaculizase el camino.

Entonces llegó la crisis de 2008: los complementos se pusieron de moda porque “estaba mal visto comprar un vestido de 10.000 dólares” y el lujo se detuvo. “Ni siquiera los ricos compraban porque no podías entrar en una tienda y salir con un vestido que costaba más que la educación de los hijos de alguien”, recuerda. Los accesorios pasaron a ser los protagonistas: con un cinturón o un collar podías cambiar un estilismo y que pareciese nuevo. “Mi papel se volvió más importante. Si querías elegir un bolso, mi trabajo era decirte cuál era el que era único entre los cientos y miles que se producen”.

En 2011, Fino abandonó el barco y dejó Vogue después de 11 años para centrarse en sus proyectos personales como asesora y consultora de moda. Pero, a pesar del tiempo que ha pasado, siempre sabe cuál es el siguiente paso que va a dar Wintour. “Sé cómo funciona su mente y cómo es capaz de capturar un momento. Cuando dijeron que se iba a hacer la película [El diablo viste de Prada 2] sabía que ella iba a formar parte. La primera película estaba basada en un libro; en esta no lo había, así que alguien tenía que escribir un guion. Anna se iba a adueñar de esa narrativa porque no puede dejar que alguien la escriba”, reconoce. Y como si de una premonición se tratase, en un momento de la trama de la nueva película, Miranda —el personaje basado en Wintour interpretado por Meryl Streep— señala a aquellas personas que publican libros sobre ella después de haber trabajado a su lado.

“Eso es solo el 5% de lo que pasa en mi vida”, asegura que pensó cuando vio la primera de las entregas. “Lo que me parece brillante es la portada que hizo para Vogue: la de Anna Wintour, que tiene 76 años; con Meryl Streep, que tiene 76 años; y la fotógrafa es Annie Leibovitz, que tiene 76 años”, afirma. “Puedes ser Anna Wintour, irte a la cama mañana y no volver a trabajar nunca más y estar muy orgullosa. Pero el hecho de que hayas captado a una generación de veinteañeros para que miren tu portada o incluso quieran hablar de ella con alguien que es un exempleado dice mucho de lo que has construido”.

Aunque en junio de 2025 Wintour anunció su decisión de abandonar el puesto de directora de la edición estadounidense de Vogue, Fino está convencida de que nunca se irá del todo: “Es el tipo de persona que siempre estará ahí, impulsando a la siguiente generación. Así es ella”.