Cannes 2026: crítica de ‘Garance’, de Jeanne Herry (Competición)

Una actriz francesa gestiona trabajo, amor y familia mientras bebe dos litros de vino al día y se niega a reconocer que tiene un problema con el alcohol. Con Adèle Exarchopoulos.

Garance bebe pero no parece muy preocupada al respecto. Su vida como actriz con un trabajo inestable no se resiente —o al menos eso es lo que ella cree— y el alcohol le permite mitigar cualquier otra angustia, además de servirle para irse casi todas las noches de fiesta con un grupo de amigos. No es una bebedora social solamente. Garance abre un vino —su bebida preferida— y sabe cuando empieza pero no cuando termina. Más tarde los médicos le dirán que bebe unos dos litros por día. Y a ella no la parecerá nada fuera de lo normal.

Garance (otra gran interpretación de Adèle Exarchopoulos) no escucha mucho lo que le dicen o comentan. Es que, pese a su adicción, llega a horario, raramente se olvida lo que tiene que decir y, más allá de tener siempre un aspecto pasado de rosca, cumple con sus compromisos. No solo eso, ha dejado a su novio un tanto inútil y ha empezado un romance con una escenógrafa llamada Pauline (Sara Giraudeau) que dice quererla así como es, sin pedirle que cambie ni abandone la bebida. Ni siquiera durante la pandemia, donde se veía obligada a salir a comprarle litros y litros de vino en caja.

Pero las cosas llegarán a un punto problemático en lo laboral que la pondrán ante un desafío impensado. Sus compañeros de las obras infantiles en las que trabaja, más por cuidarla que por que les cause problemas, la ponen frente a un ultimatum. Si sigue bebiendo así, no podrá seguir trabajando con ellos. Y los médicos tampoco la ven demasiado bien que digamos si no corta de cuajo su ingesta alcohólica. Pero Garance es un hueso duro de roer y el film todo el tiempo no solo se pregunta si podrá o no hacerlo sino si querrá.

Garance (Another Day es el título en inglés) se estructura de un modo bastante convencional como un drama de adicción contemporáneo, que sigue a una mujer tratando de cumplir sus exigencias laborales, familiares (tiene una hermana con cáncer y una sobrina) y, sobre todo, queriendo llevar una vida satisfactoria y atractiva para ella. Solo que para poder hacerlo necesita, desde los 18 años, beber. La bebida es casi una forma de vida que la organiza y cambiarla implica mucho más que una decisión. Negadora como es de los problemas que el alcohol le causa, siempre tiene una excusa para justificar sus inconvenientes.

La actuación de Exarchopoulos es lo más notable que tiene Garance para ofrecer. Si bien sigue una línea ya clásica de personajes femeninos alcohólicos —Gena Rowlands sigue siendo la maestra en esto—, la diferencia es que Garance raramente pierde los sentidos, los estribos o termina en situaciones particularmente graves o problemáticas. Pierde cosas, no sabe bien cómo llega a su cama y tiene aspecto de no dormir nunca, pero sigue siendo «funcional». Y esa funcionalidad, quizás, es la que le impide tomarse del todo en serio el problema en el que está metida.

Filmada y montada por Jeanne Herry con el acostumbrado tono de un drama francés moderno y urbano, Garance no aporta nada demasiado distintivo al subgénero «drama de adicciones» aunque su intensidad, la potencia de la temática y algunos momentos específicos —la doctora que la atiende merece una película o una serie propia— le dan cierta verdad. Si a eso se le suma una actriz con carisma y talento, hay momentos en los que la película logra salir airosa de sus peores características.