Ya van ocho años en que el MVP de la NBA termina en manos de una estrella foránea, borrados del mapa una vez más los astros estadounidenses. Repite como ganador del premio al mejor jugador de la competición el canadiense Shai Gilgeous-Alexander (Toronto, 27 años), referente de los vigentes campeones Oklahoma City Thunder, invictos todavía en estos playoffs. A partir de la próxima madrugada, los defensores de la corona disputarán un duelo de altos vuelos en las finales de la Conferencia Oeste contra los San Antonio Spurs del francés Victor Wembanyama, tercero en las votaciones al distintivo individual más prestigioso de la liga.

Conocido por sus iniciales, SGA ha mantenido el nivel mostrado la pasada campaña, cuando se convirtió en el cuarto jugador de la historia en ganar el anillo junto al MVP de la temporada regular y las Finales de la NBA. Ahora es el decimocuarto en encadenar el galardón, el cuarto base en conseguirlo tras Magic Johnson en 1990, Steve Nash en 2006 y Stephen Curry en 2016. Con promedios de 31,1 puntos, 4,3 rebotes y 6,6 asistencias y un acierto del 55,3% en tiros de campo en 33 minutos sobre la pista, el base de 1,98 metros ha comandado a su grupo hasta el mejor balance de la liga por segundo año consecutivo, en esta ocasión con 64 victorias y 18 derrotas.

Como ya ocurrió el curso pasado, el pívot serbio de los Denver Nuggets, Nikola Jokic, que cuenta con tres MVP en su palmarés, quedó segundo en esta peculiar y subjetiva clasificación a pesar de firmar otra temporada estadísticamente inédita, el primer jugador en liderar la liga en rebotes y asistencias con promedios de 27,2 puntos, 12,9 rebotes y 10,7 asistencias. Lleva seis años entre los dos primeros. El esloveno Luka Doncic, astro de Los Angeles Lakers y campeón anotador de la competición con 33,5 puntos de promedio, fue el cuarto más votado. El primer estadounidense fue Cade Cunningham, eliminado anoche de los playoffs tras la derrota de los Detroit Pistons ante los Cleveland Cavaliers.

Criado en la ciudad costera de Hamilton, cerca de Toronto, Gilgeous-Alexander creció en el seno de una familia con profundo ADN competitivo. Solo ellos creían en su verdadero potencial. Su madre, Charmaine, fue atleta olímpica de pista en los Juegos de Barcelona 92; su padre, Vaughn, ganó un campeonato local de baloncesto en su juventud y luego ejerció como su entrenador personal. “Seguir la batuta de otros nunca fue una opción en casa”, recuerda ahora el jugador al ser preguntado por sus dotes de liderazgo.

El base sintió una atracción natural por el baloncesto desde bien joven, a pesar de que no era ni de lejos el deporte más popular en su país. “En Canadá, los niños jugaban a fútbol y hockey sobre hielo, el baloncesto nunca era la primera opción”, detalla. Por si fuera poco, aquel chaval ilusionado fue rechazado en su primera audición con el equipo de su instituto. No se rindió y mostró señales de la resolución que le ha llevado hasta lo más alto. “Algún día conseguiré que estos entrenadores parezcan unos chiflados”, le escribió a su madre en un mensaje de texto. Tenía razón. No tardó en destacar dentro y fuera de la pista, y tras sacar la cabeza en varios institutos, mudándose incluso a Estados Unidos para medirse a mejores rivales, firmó un buen año en la universidad de Kentucky antes de dar el salto a la NBA. Lo hizo como número 11 del draft de 2018.

Los Angeles Clippers le traspasaron después de su primer año en la liga a los Thunder, donde se ha convertido en una institución de la competición. Aquel curso, tan solo siete especialistas se fijaron en él a la hora de votar al mejor novato, un premio que se llevó por goleada Doncic. “Tuve años difíciles, como cuando lanzaba en suspensión hacia atrás a una pierna y tenía promedios del 20% en tiros de campo. No siempre fui este jugador, pero vosotros confiasteis en mí y eso es algo que aprecio profundamente”, dijo sobre la dirección deportiva de Oklahoma City al aceptar el galardón anoche.

La palabra que mejor resume el juego de Gilgeous-Alexander es constancia. Lo demuestra uno de los logros más singulares de su segunda campaña como MVP. A mediados de marzo, superó el récord de 127 partidos seguidos anotando 20 puntos o más, en manos del legendario Wilt Chamberlain desde 1963. Lo ha alargado, por ahora, hasta los 140. Este curso, ha sido el jugador que más puntos ha anotado en los cinco minutos decisivos de encuentros apretados resueltos por menos de cinco tantos –el ‘clutch’, como dicen en Estados Unidos–. Desde Michael Jordan en 1993, ningún jugador había encadenado cuatro temporadas consecutivas por encima de los 30 puntos.

“Juego para maximizar mi potencial. Quiero ver cuán bueno puedo llegar a ser a mi retirada”, comenta. Y el palmarés ya le responde: todos los jugadores que lograron repetir MVP terminaron siendo homenajeados en el Salón de la Fama Naismith, el Olimpo del baloncesto. “Confío profundamente en mi juego. Pase lo que pase en un partido, sé que al día siguiente tendré que continuar trabajando. Inevitablemente habrá altibajos. Todo el mundo intenta subir el ritmo, pero yo sé que no soy Usain Bolt, así que no busco correr más que el resto. Dejo que corran rápido, y yo voy lento, es así de sencillo”, explica sobre su estilo, reposado pero letal.

Los referentes de Shai no son tampoco ninguna sorpresa. “Jordan es el espejo del baloncesto en términos generales, en mi opinión el mejor jugador de todos los tiempos. Pero Kobe fue mi primer gran referente, el póster del trabajo duro”, asegura. Pero Gilgeous-Alexander entiende también que colgarse sin más esta medalla individual no le lleva a ningún sitio. “Formar parte de un grupo tan conectado es muy especial, no es algo que ocurra cada día en la NBA. De arriba abajo, somos uno solo, es nuestro poder secreto y el que mejor nos define como equipo. Esto va más allá de mí, es más grande que yo”, remata a las puertas de la que muchos consideran una final anticipada de la NBA.

La eliminatoria entre Thunder y Spurs arranca esta madrugada del martes en España (02.30 horas, Prime Video), mientras el duelo entre Knicks y Cavaliers, que ganaron anoche a los Pistons en el séptimo encuentro de las semifinales del Este por 94-125, lo hará el miércoles (2.00 horas, DAZN).