Las selecciones femeninas desaparecieron en Afganistán en 2021 debido a la prohibición para las mujeres de hacer deporte impuesta por los talibanes cuando llegaron al poder. Desde entonces no ha vuelto a haber una participación formal del país en ningún torneo internacional, algo que va a cambiar próximamente gracias a la lucha de un grupo de futbolistas afganas exiliadas en distintas zonas del mundo, de organizaciones de derechos humanos y al apoyo de la FIFA, que ha decidido modificar su reglamentación para que un equipo nacional de fútbol afgano pueda empezar a competir de manera oficial sin que sea necesario el permiso del gobierno. Una decisión que busca acabar con la discriminación que supone perder derechos por una simple cuestión de género.

La ‘nueva’ selección femenina de fútbol de Afganistán dará su primer paso del 1 al 9 del próximo mes de junio, cuando sus componentes se reúnan en Nueva Zelanda para realizar una concentración y disputar un partido amistoso ante las Islas Cook. En el horizonte aparece la fase de clasificación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, la primera cita que podrán disputar ya como representación oficial del país. Para que esto haya sido posible, el Consejo de la FIFA ha tenido que aprobar una enmienda en su Reglamento de Gobernanza por la que, a partir de ahora, el máximo organismo del fútbol pueda aprobar, de acuerdo con la confederación pertinente, en este caso la asiática, la inscripción de una selección nacional cuando una federación miembro no lo haga por iniciativa propia. De esa manera, se elude el veto de las autoridades afganas y se evita que cualquier jugador/a se vea excluido/a del fútbol internacional por causas que escapan a su control.

Este paso es el último de un camino que emprendió la FIFA en mayo de 2025, cuando aprobó su estrategia de actuación para el fútbol femenino afgano, que incluía la creación de un equipo de futbolistas refugiadas en países de Europa, Estados Unidos y en Australia, el Afghan Women United. Primero se eligió a la escocesa Pauline Hamill como seleccionadora y después se organizaron tres concentraciones de detección de talento, una en Australia el pasado mes de julio y dos en Inglaterra un mes después, en el centro donde entrenan las selecciones inglesas. En total se presentaron 70 jugadoras afganas, de las que se eligieron 23 para formar el equipo, 14 afincadas en Australia, cinco en Reino Unido y dos, respectivamente, en Italia y Portugal. Su primer compromiso lo afrontaron en el torneo FIFA Unites Women’s Series 2025, celebrado en octubre en Marruecos, donde se midieron a Túnez, Libia y Chad, acabando la competición en tercer lugar con un celebrado triunfo frente a Libia por 7-0.

El Afghan Women United fue una solución parcial, pero la discriminación seguiría vigente mientras el fútbol femenino de Afganistán no tuviera los mismos derechos que el resto de países y pudiera participar de igual a igual en cualquier competición oficial. A esa causa se sumaron organizaciones como la ONG ‘Sports and Rights Alliance’, que presentó un informe en marzo de 2025 llamado “No es solo un juego. Es parte de quien soy: Las futbolistas afganas luchan por el derecho a jugar”, que incluía entrevistas a 29 jugadoras internacionales, integrantes actuales y pasadas de la selección femenina de Afganistán, y también consultas a especialistas en derecho deportivo, en el que se documentaba la situación actual de las futbolistas en el exilio y su deseo de volver a competir a nivel internacional en representación de su país, solicitando a la FIFA que diera el paso del reconocimiento oficial. A la demanda se sumaron otras organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. 

Asimismo, más de 185.000 personas firmaron una petición en un portal de internet para respaldar la causa, a la que también mostró su apoyo la activista palestina Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz en 2014, que se reunió con varias jugadoras afganas en Australia en 2023. Además, junto a Khalida Popal, impulsora en 2007 del equipo nacional femenino de fútbol de Afganistán, publicaron un artículo conjunto en el diario británico The Guardian en el que reclamaban al organismo internacional que tomara esa decisión, una solicitud que fue secundada por más de 100 parlamentarios de países como Reino Unido, Italia, Portugal y Australia.

La contribución de Popal, la primera capitana que tuvo la selección, ha sido decisiva para que este largo proceso haya culminado de la manera que esperaban las afectadas. Por su batalla para que la selección lograra el reconocimiento y por su ayuda a la FIFA para coordinar a las jugadoras repartidas por el mundo. Ella ya se tuvo que exiliar de Afganistán hace años y refugiarse en Europa tras sufrir junto a su familia amenazas y un intento de asesinato por parte de integristas. En 2021 organizó junto al sindicato FiFPro, abogados y países, la evacuación urgente del país de más de 200 personas, entre futbolistas y sus familias, cuando los talibanes llegaron al poder y convirtieron a las futbolistas en uno de los colectivos más buscados por su notoriedad, además de mediar con distintos países para gestionar las peticiones de asilo. 

Con ese bagaje, no es de extrañar que Popal sea ahora una de las más felices tras el logro conseguido, como demuestran sus declaraciones: “Durante cinco años, nos dijeron que la Selección Nacional Femenina de Afganistán nunca podría volver a competir porque los hombres que se apoderaron de nuestro país no lo permitirían. Estoy sumamente orgullosa de esta decisión de la FIFA y me alegra que nuestra labor de defensa colectiva no solo haya cambiado el futuro de las mujeres afganas, sino que también haya garantizado que ninguna otra selección nacional tenga que sacrificar lo que nuestras jugadoras hicieron. Este es el renacimiento de la esperanza y un mensaje contundente para quienes intentan borrar a las mujeres de la sociedad: no lo lograrán. Las mujeres pertenecen al campo de juego, a la vida pública y a todos los ámbitos donde se toman decisiones”.

Las verdaderas triunfadoras de esta historia son las futbolistas de la ya oficial selección femenina de Afganistán

Satisfacción que comparte la directora de ‘Sports and Rights Alliance’, Andrea Florence, después de la implicación de la ONG para que la decisión de la FIFA fuera una realidad: “Esto va más allá del fútbol: se trata de enviar un mensaje claro: ningún gobierno debería tener el poder de excluir a las mujeres de la vida pública. Nos complace que el organismo haya escuchado a las mujeres afganas y haya subsanado esta deficiencia en sus estatutos. Esperamos apoyarlas durante muchos años más”.

Las verdaderas triunfadoras de esta historia son las futbolistas de la ya oficial selección femenina de Afganistán. Sus palabras están cargadas de satisfacción y de orgullo por lo conseguido. Por ejemplo, las de Sevin Azimi, refugiada en el Reino Unido: “Este logro honra el largo y doloroso camino que hemos recorrido como futbolistas afganas, luchando contra la discriminación, el abuso y el acoso, simplemente por el derecho a practicar el deporte que amamos. Muchas de nosotras hemos hecho enormes sacrificios, hemos perdido nuestros hogares, nuestro país, nuestras carreras y valiosos años de nuestras vidas futbolísticas en la lucha por la dignidad y la libertad. Sin embargo, nos negamos a rendirnos. No se trata solo de reconocimiento; se trata de asegurar nuestro futuro. Este equipo ya no será un proyecto temporal o simbólico: será permanente. Gracias a nuestra resiliencia y a los sacrificios de tantas jugadoras, enviamos un mensaje claro al mundo: las mujeres afganas estamos aquí para quedarnos”.

Otra de las componentes de la selección es Maryam Karimyar, que reside en Portugal desde que tuvo que salir de Afganistán: “Hoy, el poder de los talibanes ya no se extiende al mundo del fútbol internacional. No es el fin de la discriminación de género en nuestro país, pero es una señal de que la lucha no ha terminado. Cuando volvamos a saltar al campo como la Selección Nacional Femenina de Afganistán, enviaremos un mensaje a nuestras hermanas: estamos con ellas y nada es imposible”.

Hace cinco años, cuando estas futbolistas se preparaban para disputar una competición en Tayikistán, su mundo se vino abajo. De un día para otro, no solo tuvieron que olvidarse de practicar su pasión; se vieron obligadas a quemar sus indumentarias y a borrar todo su rastro en las redes sociales para no ser localizadas, además de tener que huir del país para salvar su vida. En ese momento, la idea de volver a jugar al fútbol representando a Afganistán parecía una quimera. Pero su afán por no rendirse y poder recuperar derechos que les arrebataron ha culminado en la mayor y mejor victoria que podrán conseguir en su vida.

Las selecciones femeninas desaparecieron en Afganistán en 2021 debido a la prohibición para las mujeres de hacer deporte impuesta por los talibanes cuando llegaron al poder. Desde entonces no ha vuelto a haber una participación formal del país en ningún torneo internacional, algo que va a cambiar próximamente…

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