Por si quedaba alguna duda Juanma Moreno lo dejó claro a las puertas de la sede nacional del PP en Génova: «El resultado nos da margen de maniobra para gobernar en solitario en Andalucía». Faltaron dos escaños, 21.000 votos para más exactitud. Los … restos de varias provincias que desataron la euforia del PP hace cuatro años hicieron en esta ocasión que Adelante Andalucía -el fenómeno al alza en la izquierda- se llevara el premio gordo. Eso dejó a los populares a las puertas de su verdadero objetivo, revalidar la mayoría absoluta, a pesar del imponente resultado. La mayoría de presidentes autonómicos del PP acudieron a la Junta Directiva de este lunes a cerrar filas con Moreno. Y lo hicieron sin matices, incluso respaldando el intento de gobernar en solitario y zafarse -todo lo posible- de la influencia de Vox.
También los barones que han firmado recientemente coaliciones con Santiago Abascal consideran que la situación de Moreno es «distinta», «particular», porque solo se quedó solo a dos diputados. Reconocen que Vox ha crecido «mucho menos» que en el resto de autonomías -donde llegaron a alcanzar el 17% e incluso el 19%-. En Andalucía ni siquiera superan el 14%, aunque unas décimas les permitieron sumar un diputado hasta los 15. Y el hecho de que sean decisivos lo cambia todo. En el cuartel general de Vox no escondían su sensación de victoria el domingo, exclusivamente por haberle chafado la absoluta a Moreno.
El presidente de Aragón, Jorge Azcón, fue el primero en romper el hielo: «Ha tenido un resultado que cualquiera envidiaríamos. Ahora tiene que gestionar ese magnífico resultado. Y tiene todo mi apoyo». La referencia a la «gestión del resultado» se repite entre todas las voces autonómicas consultadas. Después de la reunión en la sede y la intervención de Feijóo ante todos sus cuadros, el líder nacional y los barones compartieron un almuerzo en el habitual restaurante donde se dan cita a pocos pasos de Génova 13. Moreno recibió un respaldo total en privado. Lo que está por ver, reconocen algunos dirigentes consultados, es hasta qué punto logra pararle los pies a Vox.
Es cierto que la sensación que cunde desde hace tiempo en los territorios es que ya opera una nueva realidad electoral y aritmética, que difícilmente cambiará. Elección tras elección se ha ido confirmando una tendencia que parece imparable hacia la derecha. La suma de PP y Vox en Extremadura arrojó un 60%; y en Aragón y Castilla y León superó el 52%. Ese fenómeno se ha consolidado en Andalucía de nuevo. «Estas son las cartas que tenemos. Con las que debemos jugar y asumir que es el tiempo político que nos ha tocado vivir», aseguran en una comunidad autónoma que acudió a este ciclo electoral.
Moreno se ha distanciado de la «prioridad nacional» que otros firmaron y ahora tendrá que medir hasta dónde llega Vox para apoyarle
El entendimiento con Vox ha dado paso ya a dos coaliciones -a la espera de que se sume Castilla y León- y ahora Abascal tiene la llave del futuro gobierno andaluz. Pero eso no significa, apuntan todos los dirigentes territoriales, que su destino pase por cederles una consejería, que es a lo que podían aspirar. En el PP creen que el partido de Abascal ya ha demostrado que entra en gobiernos autonómicos, después de muchas dudas y vaivenes. De hecho, fue el órdago planteado por los populares en su momento -y la acusación de que Vox no quería quemarse con la gestión- lo que les hizo asumir el reto. Esto le permitiría ahora quedarse fuera en el caso andaluz y ser más duros como oposición. Algunos barones populares entienden que esa carta debe jugarla Moreno, que además ha dicho en muchísimas ocasiones que no se veía de ninguna manera compartiendo gobierno con este partido. Son conscientes de que buena parte del capital político de Moreno tiene que ver con haber plantado cara a Vox, explotando un perfil de centralidad y moderación que ha atraído a mucho votante socialista en su comunidad.
Todos en el PP leyeron la declaración de intenciones del barón andaluz, que asumió la necesidad de pactos parlamentarios, pero que se reafirmó en que buscará un gobierno monocolor. La clave ahora está en ver qué exigirá Vox a nivel de programa, de medidas concretas. Porque la «prioridad nacional» -el concepto que consiguieron imponer en su negociación con Génova para hablar del arraigo como condición básica para acceder a ayudas públicas- se ha convertido en su gran lema político. Se ha visto a lo largo de toda la campaña y fue lo que en la noche electoral coreaban de viva voz sus principales cuadros y simpatizantes. Moreno, en cambio, se ha distanciado del concepto político, incluso después de que compañeros de su partido lo tuvieran que firmar.
Algunos dirigentes reconocen la «particularidad» del caso andaluz: se quedó a dos escaños y Vox creció mucho menos que en otras autonomías
En el caso de la negociación andaluza, por ahora todo estará en manos del PP andaluz. En el entorno de Feijóo insisten en que la intervención de Génova en otras autonomías solo se ha producido cuando había coaliciones de por medio o los asuntos a tratar afectaban al plano nacional.
Es decir, mientras estas dos cuestiones no entren en juego, la idea es quedarse al margen. No son pocos los dirigentes que siempre pusieron en duda la capacidad de la dirección nacional de intervenir las conversaciones de Moreno. «Eso son palabras mayores», decían ya hace semanas. La tutela del presidente autonómico que gobierna la región más poblada de España -que tiene una especial sintonía con Feijóo- sería muy complicada de escenificar. Y despertaría unos recelos enormes en el PP andaluz. Moreno tiene claro que se sentará a hablar, pero su apuesta sigue siendo pelear por un gobierno que solo tenga siglas PP. A partir de ahí está por ver lo que ocurre.
