Entre escaparates de sastrerías centenarias y oficinas silenciosas del exclusivo barrio londinense de Mayfair, los turistas se detienen en una mañana cualquiera frente a una fachada discreta y levantan la vista hacia una azotea que cambió la historia de la música popular. Una placa azul … reza: «Los Beatles ofrecieron su última actuación pública en directo desde la azotea de este edificio el 30 de enero de 1969».

Algunos retroceden para intentar encuadrar con el móvil la placa y el tejado al mismo tiempo; otros esperan su turno para fotografiarse frente al edificio, como ocurre ya en cualquier rincón turístico de la era Instagram.

Uno de ellos es Jorge, un argentino fanático de los Beatles que observa la fachada del número 3 de Savile Row mientras intenta encontrar el mejor ángulo. «La placa está demasiado arriba», dice, y añade: «Yo pensaba que había algo más». Cuando esta periodista le comenta que el edificio abrirá en 2027 convertido en museo, guarda silencio durante unos segundos antes de responder: «Me alegra. Pero ya me gustaría que lo hubieran hecho antes. No están las cosas como para volver el próximo año».

Savile Row no impresiona a primera vista. La calle, en el elegante barrio londinense de Mayfair, apenas ocupa unos cientos de metros de edificios georgianos de ladrillo

Luciana, su novia, admite que no es especialmente fan de la banda, pero reconoce «el momento histórico que fue aquello» y asegura que incluso para alguien menos familiarizado con los Beatles «impresiona pensar que algo tan importante pasó en un sitio tan normal».

Magaly, una colombiana que lleva una camiseta de John Lennon con la palabra «peace», explica que Savile Row forma parte de una ruta por la beatlemanía. «También voy a ir a Liverpool», cuenta.

Entre ejecutivos y sastres

Pero no todos observan la escena con ojos de peregrinación musical. Daniel, un inglés que trabaja en el barrio, contempla el desfile de visitantes y asegura, tirando de ironía, que «lo del museo me parece muy buena idea» y que «al menos van a venir a hacer algo más que tomarse fotos de una azotea que casi no se ve».

Y es que Savile Row no impresiona a primera vista. La calle, en el elegante barrio londinense de Mayfair, apenas ocupa unos cientos de metros de edificios georgianos de ladrillo. Y, sin embargo, cada día admiradores de los Beatles se detienen frente al número 3, el lugar desde el que John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr tocaron juntos por última vez.

A partir del próximo año, ese lugar dejará de ser únicamente un punto de peregrinación exterior para convertirse en el primer gran espacio museístico permanente dedicado íntegramente a los Beatles en Londres. El proyecto, bautizado como «The Beatles at 3 Savile Row», ocupará las siete plantas del inmueble que durante años albergó la sede de Apple Corps, la compañía fundada por el grupo en 1968 para gestionar sus negocios creativos y financieros, y permitirá a los visitantes acceder a la célebre azotea desde la que la banda interpretó ‘Get Back’, ‘Don’t Let Me Down’, ‘Dig a Pony’ o ‘I’ve Got a Feeling’ ante una multitud sorprendida mientras la policía intentaba controlar la situación.

Arriba, el mítico concierto de la azotea de los Beatles; abajo, el cartel de Savile Row y la calle.

(EFE y AFP)

La iniciativa cuenta con el respaldo de Paul McCartney, Ringo Starr y los herederos de John Lennon y George Harrison, además de financiación de Apple Corps, convertida desde hace décadas en la empresa encargada de gestionar el legado musical y comercial del grupo. El proyecto llega además después de que volviera a hacerse con el edificio del que la compañía se había marchado en 1976.

McCartney, que visitó recientemente el edificio, aseguró que «hay muchísimos recuerdos especiales dentro de esas paredes, por no hablar de la azotea», mientras que Starr describió el futuro museo como «volver a casa».

Todo para los seguidores de la banda

El futuro espacio incluirá materiales inéditos, exposiciones temporales rotatorias y una recreación del estudio donde la banda grabó ‘Let It Be’, el álbum que acabaría publicándose en mayo de 1970, pocas semanas después de la ruptura definitiva del grupo. Aquellas sesiones, marcadas por tensiones internas, agotamiento personal y desacuerdos creativos, fueron filmadas inicialmente por Michael Lindsay-Hogg para el documental del mismo nombre, aunque décadas después adquirirían una nueva dimensión pública gracias a ‘The Beatles: Get Back’, la miniserie de casi ocho horas dirigida por Peter Jackson y estrenada por Disney en 2021.

Fue precisamente ese documental el que volvió a colocar a Savile Row en el centro de la memoria sentimental de los seguidores de la banda. Lejos de la narrativa amarga que durante décadas acompañó el final de los Beatles, las imágenes restauradas mostraban también largos momentos de camaradería, humor y creatividad colectiva, que culminaron en aquella actuación improvisada e inolvidable.

«La gente viene, mira hacia arriba, hace sus fotos y se va»

Tom Greene, director ejecutivo de Apple Corps, explicó que miles de admiradores se fotografían cada año frente al edificio sin poder entrar en él y señaló que el nuevo museo permitirá recorrer «las siete plantas completas del icónico inmueble, incluida la azotea, donde incluso las barandillas siguen siendo las mismas de aquel famoso día de 1969».

Aquel concierto no había sido anunciado, el tráfico de la zona comenzó a congestionarse y los empleados de las oficinas vecinas comenzaron a asomarse a las ventanas y a los tejados cercanos, mientras la policía intentaba averiguar qué ocurría exactamente.

Los agentes terminaron entrando en el edificio para pedir el final de la actuación debido a las quejas por el ruido y a las aglomeraciones, aunque la banda todavía alcanzó a interpretar una última toma de «Get Back». Poco después, John Lennon cerró la actuación con una frase convertida ya en material de archivo histórico: «Nos gustaría darles las gracias en nombre del grupo y de nosotros mismos, y espero que hayamos pasado la audición».

Espacio exclusivo

Liverpool, ciudad natal de la banda, recibe desde hace décadas millones de visitantes atraídos por enclaves como el Cavern Club, el museo Beatles Story o las casas de infancia de Lennon y McCartney, gestionadas por el National Trust. Las autoridades locales estiman que el turismo vinculado a los Beatles genera alrededor de 120 millones de libras anuales para la economía de la ciudad y sostiene unos 2.500 empleos.

Londres, sin embargo, carecía hasta ahora de un espacio museístico permanente específicamente dedicado al grupo. La relevancia histórica de Savile Row explica buena parte de esa decisión. Más allá del concierto final, el edificio funcionó como centro neurálgico de Apple Corps en los años de mayor tensión empresarial y artística de la banda. Desde allí se coordinaron grabaciones, proyectos audiovisuales y operaciones financieras en una etapa marcada por la muerte de Brian Epstein, el representante que había pilotado el ascenso internacional del grupo; la pérdida progresiva de cohesión interna y las disputas sobre el futuro creativo de la banda.

Hoy, sin embargo, la situación es mucho menos dramática. «Claro que soy fan de los Beatles. ¿Quién no?», dice mientras descarga cajas Ahmed, un argelino que reparte en la zona, y asegura que para quienes pasan cada día por la calle el mito forma ya parte del paisaje. «La gente viene, mira hacia arriba, hace sus fotos y se va», resume antes de señalar a varios transeúntes que caminan con la cabeza baja, mirando el móvil, sin prestar atención al edificio. «Algunos ya ni miran». Y, sin embargo, el fantasma de aquel concierto sigue allí.