Estos últimos días la actualidad de la moda la está ocupando el Festival de Cannes que, edición tras edición, nos deja los looks más espectaculares de las actrices —y famosas— del momento. Sin embargo, aunque deberíamos estar hablando de las películas o incluso de los mejores estilismos de la alfombra roja, la conversación gira al rededor de los cuerpos que los llevan. O mejor dicho, de su delgadez.

Desde hace años hemos estado esparciendo el comentario de «no se opina sobre los cuerpos ajenos» cuando se criticaba a una mujer por su peso o belleza, un cántico a la libertad de no encajar en unos cánones restrictivos y poder vivir a gusto en nuestra propia piel. Sin embargo, lo que se convirtió en un discurso empoderador es ahora un arma de doble filo cuando se intenta advertir del regreso de una de las tendencias más destructivas de los 90 y que ahora no paramos de ver en muchas famosas: la extrema delgadez y los cómplices son los medios de comunicación y las redes sociales.

Una de las mujeres que más preocupación genera es Demi Moore que, en sus últimas apariciones, la podemos ver con los huesos de la clavícula, hombros y esternón excesivamente marcados. Sin embargo, no hemos podido parar de leer titulares en los que se afirma que está «estupenda» y «tonificada», cuando la realidad es que esos son signos de infrapeso.

El problema no es Demi Moore

Lo preocupante no es el aspecto de Demi Moore, sino cómo los medios y las redes han convertido en aspiracional lo que, en cualquier otro contexto, sería considerado una alerta sanitaria. Ahora mismo estamos siendo testigos de la redefinición de nuevo ideal de belleza en Hollywood, en la que una 36 es considerada una talla grande.

Ya no estamos ante el heroin chic de los 90, en el que esa delgadez estaba asociada a los excesos, ahora es considerada «autocuidado». «Antes la extrema delgadez se asociaba a una estética decadente; ahora se presenta envuelta en discursos de wellness, autocuidado o perfección corporal. El problema es que hemos aprendido a disfrazar el infrapeso de salud. La delgadez extrema ya no genera alarma social automáticamente. Muchas veces genera admiración», cuenta a Mujer.es Francisco Gullón, psicólogo clínico y docente en APIR.

Aunque podríamos pensar que no pasa nada porque «es su cuerpo y su problema», la realidad nos demuestra que estamos equivocados, ya que al igual que pasó con los rostros imposible simétricos de Instagram gracias a filtros y operaciones estéticas, la sobreexposición a este tipo de físicos, normalizados y deseables

«Cuando ciertos cuerpos aparecen una y otra vez asociados al éxito, al lujo o a la belleza, dejan de percibirse como excepcionales y pasan a convertirse en aspiracionales. Las redes sociales aceleran ese efecto, convierten el cuerpo en escaparate permanente y en un objeto de comparación continua». Esto afecta especialmente a adolescentes, porque «el mensaje implícito acaba siendo muy agresivo: cuanto menos espacio ocupes, más válida, admirada y exitosa eres».

Pero… ¿Quién es el responsable de este mensaje? ¿Las famosas o quienes lo validan? «La responsabilidad es compartida. Las celebridades influyen, evidentemente, pero también la industria de la moda, los medios y las propias plataformas, cuyos algoritmos premian todo lo que genera impacto visual y comparación. El problema no es solo el canon corporal. El problema es que hoy ese canon da dinero, clics y viralidad«, contesta el experto. 

Aunque al final es una tendencia, esto no es como cuando se pusieron de moda los vaqueros pitillo —que al igual que vinieron, se fueron—, sino que sus efectos pueden ser peligrosos: «Las consecuencias pueden ser muy graves: alteraciones hormonales, pérdida de masa muscular, problemas cardiovasculares, fatiga crónica, deterioro cognitivo o fragilidad ósea, entre muchas otras. El cuerpo entra en un estado de supervivencia y lo preocupante es que socialmente muchas veces empezamos a aplaudir cuerpos justo cuando fisiológicamente están empezando a apagarse».

Modelos como Isabelle Caro, las hermanas Ramos (Eliana y Luisel) y Karen Carpenter, artista conocida por ser parte del mítico dúo The Carpenters, perdieron la vida por las complicaciones de desnutrición y delgadez extrema constante, siendo víctimas de un culto a este ideal imposible que sigue vigente.