Una vaca puede cambiarlo todo. Sí, como lo oyen. Y puede hacerlo, además, sin esforzarse. Tan solo siendo vaca. En concreto, les hablo de la … vaca Tona, coprotagonista de la nueva película de Miguel Llorens y Cristina Fernández, ‘Cowgirl’. A la vaca, interpretada por la becerra castellonense Canelita, le acompañan en escena los magníficos Isabel Rocatti, Pep Munné y Carlos Cuevas. La película narra la historia de Empar, una mujer que a los sesenta y pico años convive con la durísima realidad de haber perdido a su marido y su único hijo. Sumida en la soledad, su único aliciente será cuidar de su vaca, Tona, con quien comparte un vínculo especial. Entretanto, al pueblo castellonense donde transcurren los hechos se muda Ricki (Carlos Cuevas), que ayudará a Empar en sus quehaceres, a quien a su vez ronda Bernat (Pep Munné), un hombre que lleva toda la vida enamorado de la mujer.
‘Cowgirl’, que se podrá ver desde este viernes 22 de mayo en cines, no es una película de emociones fuertes, carece de los exagerados altibajos de cualquier blockbuster, y también de una trama sesuda o de diálogos intelectuales. No tiene ninguna de esas cosas, pero es que no le hace falta. La gracia del filme radica en que brilla en su sencillez, hablando, eso sí, de un tema que no estamos acostumbrados a ver en el cine (ni en ningún lado): el amor en la vejez.

‘Cowgirl’.
Los viejos también aman
Miguel Llorens, el director, consideraba «una obligación» hablar de este tema, que está silenciado de manera estructural [¡los viejos también se enamoran, por favor!]. Según dice, «el impulso por la vida, las pasiones y el amor son intrínsecos al ser humano hasta el final». Rocatti matiza sus palabras: «Mientras haya ganas de vivir, habrá deseo de amar y de ser amado». Además, añade, en la madurez uno lleva consigo «una mochila rica en valores y perdones», lo que hace que una relación pueda tener más aristas y complejidad. Algo que, indudablemente, puede ser muy interesante de contar en el cine.
Ruralismo para volver a nuestra esencia
Otro de los temas fundamentales de ‘Cowgirl’ es la vuelta a lo rural. Desde hace unos años (no tantos), el cine español ha recuperado el interés por lo rural. Ya no por lo que ocurría en el campo en el siglo pasado, sino por lo que ocurre ahora: frente a la vorágine capitalista de la ciudad, la calma y el sosiego del campo; frente al individualismo, la precariedad y la ansiedad de la urbe, la vida en común, la solidaridad y la tranquilidad del pueblo. Todo esto queda muy patente en ‘Cowgirl’, aunque el film no se limita a romantizar la vida rural, sino que también retrata muy bien asuntos como la soledad de los pueblos. Todo «con tintes muy nuestros -dice Muné-, con una lengua muy propia y a la valenciana«.

‘Cowgirl’.
Para Llorens, tratar el tema del campo no podía hacerse sin entrar en política. Por eso, define su obra como «un acto político que reivindica el vínculo con el territorio, la protección de la biodiversidad y los vínculos humanos frente a la rapidez de las ciudades». En definitiva, una «reconexión con lo salvaje», añade, que tanta falta nos hace para dejar de dar importancia a lo terrenal.
Un chaval y una señora también pueden ser amigos
También es una película que va de amistad, que te demuestra que un chaval de veintitantos puede hacerse amigo de una señora de sesenta y tantos; y que, el chaval y la señora también pueden hacerse amigos (¡muy amigos!) de una vaca. Llorens define la película como «vitalista», y es cierto que te interpela de forma positiva gracias «al viaje emocional que experimentan todos los personajes», dice Rocatti. «Es una película con alma», añade Munné.

‘Cowgirl’.
Preguntados acerca de la experiencia de rodar con una vaca, los protagonistas y el director comentan entre risas que tuvieron mucha suerte de encontrar a Canelita, una becerra cuyos progenitores fallecieron a la que tuvieron que amamantar con biberón y que, por ese motivo, creció siendo familiar y cercana con los seres humanos. Lo cierto es que en la película, Canelita luce como toda una vaca-actriz, sobre todo por la relación con Isabel Rocatti. El espectador lo compra todo: parece que vaca y mujer, mujer y vaca, se quieran con locura.

‘Cowgirl’.
‘Cowgirl’, en su sencillez, nos enseña que nunca es tarde para volver a empezar, ni a los sesenta, ni a los setenta. Nos enseña que lo mejor que uno puede hacer es perdonarse y aprender a quererse porque, de lo contrario, no vamos a ninguna parte.