Con el punto enérgico de siempre, paso seguro y con muy buen humor, la fina silueta de Luis Enrique (Gijón, 1970) entra en escena … antes de protagonizar una mediática rueda de prensa para varias decenas de medios internacionales y de dirigir el entrenamiento del PSG. Justo antes de sumergirse en una tarde que aceleraría el pulso a cualquiera, aunque para el exfutbolista es parte de su eléctrica rutina, el entrenador criado en el barrio de Pumarín atiende a EL COMERCIO. Este medio le visita por segundo año consecutivo en Poissy, donde se encuentra instalada la imponente ciudad deportiva del club parisino, para testar sus sensaciones ante la final de ‘Champions’ del próximo sábado 30 de mayo que su equipo disputará contra el Arsenal y en la que buscará revalidar su corona. En la conversación, por supuesto, se cuela Gijón. Y el Sporting.
–El año pasado me decía que estaba calmado ante la final de la ‘Champions’ contra el Inter. ¿Cómo se encuentra de ánimo ahora?
–Creo que con el mismo espíritu. Es cierto que el año pasado fue un poco diferente porque justamente quedarían diez días (para la final) e iríamos a jugar la final de la Copa de Francia, que era un estímulo claro para preparar la final. Este año no tenemos esa opción, pues estamos eliminados de la Copa. Y vamos a jugar un partido amistoso aquí de entrenamiento. Bueno… No sé. Espero que esto se convierta en un hábito (la visita de EL COMERCIO) y que podamos vernos aquí al menos una vez al año, que vengáis a visitarme. Estoy positivo, tranquilo… Esta temporada ha sido muy larga porque se juntó con la anterior. En la anterior, cuando habíamos conseguido hacer historia en París, empezó el ‘Mundialito’. No nos dio tiempo casi ni a celebrarlo y esta temporada ha sido agotadora, exigente, con muchas lesiones, pero en lo que es anímicamente estoy muy bien. Preparado para otra final.
–¿Y se disfruta más esta final con el PSG o hay más presión por ser el ganador?
–Creo que en la del año pasado hubo más presión porque el hecho de no haberla ganado nunca representaba mucho para el club y para los aficionados. Era una presión positiva, de apoyo y de refuerzo, pero que te podía ahogar. ¿Me explico? Hay abrazos, pero el ‘abrazo del oso’ te mata. Basado un poco ya en mi experiencia, el año pasado decía: «Demasiada presión, coño, que no, que esto es jugar a fútbol». Y si jugamos al fútbol demasiado presionados, no vamos a jugar bien.
–Pero les fue bien…
–Afortunadamente lo pudimos controlar y nos salió la mejor final que uno pueda imaginar. Pero en términos de presión, una final de ‘Champions’ siempre la tiene. No pretendamos jugarla como si fuera en la pista del Xeitosa, no, esto no funciona así. Creo que vamos un poco con la lección aprendida porque nuestro equipo es muy joven, pero la mayoría ya se sabe el camino.
–¿Cuál es el techo que se marca?
–No me marco techos. Nunca me he marcado techos. El año pasado, si me dice que vamos a jugar otra final de ‘Champions’, diría: «Madre mía, ni me lo hubiera creído». Quiero decir, ¿realmente cuántos equipos pueden ganar la ‘Champions’? Empezamos 36 y hay 8 equipos que pueden ganar la ‘Champions’. Si estamos entre ellos y nos acercamos a las fases finales… Creo que esa es nuestra obligación. Pero uno no deja, cuando llega al deporte de alto nivel, quieres ganar siempre, no es que ya estés tranquilo. No. Ya he ganado una o dos… Da igual si ganamos. El Madrid lleva 15 Copas de Europa y no se cansan de ganar. Con eso quiero decir que a este nivel no te cansas de ganar. Es más, cada día es un estímulo. Sí. Quiero seguir ganando. Hay que seguir ganando porque, además, rápidamente dejas de ganar. No hay nadie que gane de manera eterna y menos en el fútbol.
–El año pasado le decíamos mucho que el PSG era un equipo de autor y usted respondía poniendo en valor la calidad de sus futbolistas. Pero ha conseguido un equilibrio entre personalidades, ¿no? Grandes jugadores, pero asumen un rol colectivo.
–Lo que quería demostrar un poco el año pasado, ya no solo al entorno, porque al final el entrenador es el portavoz del club, habla mucho más que el presidente, que el director deportivo… Soy un poco el que marca la temperatura del club. Si hay que estar más caliente, más frío, más enfadado, menos enfadado, más contento. Me salió aquella frase: «Prefiero cuatro jugadores que marquen 12 goles que uno que marque 40». Y la suma dice claramente que a lo largo de estos años lo hemos conseguido. Eso era algo en lo que no se creía nada. Me dieron palos por todos lados, como es habitual cada vez que alguien lanza un mensaje un poco extraño. Pero como se demostró que es verdad y que esto es un deporte de equipo y colectivo, eso ya lo tenemos ganado. Ahora, los jugadores que vienen aquí ya saben a dónde vienen. Vamos a un equipo que juega con muy buenos jugadores: un ‘Balón de Oro’ como Ousmane (Dembélé) ‘Kvara’, Doué, Barcola, Vitinha, Joao (Neves), Fabián, Marquinhos, Nuno, Hakimi, Pacho… Un equipo increíble, pero todos juegan para el colectivo. Aquí no hay nadie que va por encima ni que no corra. Si uno no corre, vamos, aquí lo matan los otros diez. Hay un sentimiento colectivo y nuestros aficionados ya perciben esto y dicen: «Nosotros no vamos a dejar de animaros porque vosotros no vais a dejar de correr». Eso es una conexión maravillosa para un club y, en ese sentido, ya es mucho más fácil. Este año ya está impregnado dentro del equipo.
–¿Hasta cuándo se ve entrenando?
–Es una muy buena pregunta porque me la hago yo. Le pregunto a mi mujer y digo: «Hostia, yo no quiero ser el abuelo ‘Cebolleta’ entrenando». No quiero serlo, pero, claro, cada vez veo a más abuelos ‘Cebolleta’ entrenando. Creo que más allá de los 60… Además, le hago la broma a mi hermano Felipe. Le digo: «Yo me tengo que jubilar antes que tú». Él tiene un año menos que yo. O sea, tiene 55 y se jubila a los 61. Haga la cuenta…
–No se ve entrenando a los 60.
–No, pero tampoco voy a escupir para arriba porque cada vez que escupes para arriba ya sabes dónde te va a caer. No lo sé, pero creo, espero, que no. O sea, que si no cumplo esto de jubilarme antes que mi hermano, creo que es un error. Pero bueno, si luego tengo energía y me apetece, pues quién sabe.
–Lo que se complica es el sueño que tenía de entrenar al Sporting…
–Como sueño es algo muy bonito. Creo que el Sporting perdió la gran oportunidad que tuvo no dándomela de inicio. Porque, claro, apostar ahora por Luis Enrique entrenador apuesta hasta mi padre. Normal. Pero la gracia era cuando no era nadie como entrenador. Eso lo hizo el Barça, que me dio el Barça B. Además, yo le tengo pánico a fracasar en mi tierra. He visto a ‘El Pitu’, que no ha fracasado, ha triunfado en Gijón como jugador y como entrenador. Pero ha sido criticado y echado del Sporting. Yo que he vivido tan poco en Gijón, solo mis primeros 20 años… Si voy a Gijón y me echan, creo que me tiro por el Cerro Santa Catalina abajo (risas). Es difícil, la verdad, lo veo como algo complicado. Ahora estoy acostumbrado al máximo nivel y ahí es donde me veo a las mil maravillas. No lo puedo descartar, pero tampoco lo veo como algo factible. Si ‘El Pitu’ lo pasó mal, no quiero imaginarme Luis Enrique con un equipo peleando por el descenso… Ojalá fuera en Primera.
–Como sportinguista, ¿teme que el Sporting se haya convertido en un equipo de Segunda más?
–No, yo creo que el Sporting nunca va a ser de Segunda. Por la historia que tiene, a pesar de que estemos veinte años y nos pasemos otros diez más, el espíritu del Sporting no es de Segunda, es un equipo de Primera. Cualquier aficionado, ahora ya los chicos jóvenes y demás, van a El Molinón, que es un estadio que vivió un Mundial en 1982. Es un estadio que empapa la historia de los jugadores que pudimos estar por allí, el mismo ‘Brujo’. No, da igual que estemos en Segunda. Es un equipo de Primera sin ninguna duda. Mire ahora el Racing (tras el ascenso), que es un histórico también similar… Creo que inferior al Sporting claramente por lo que fue. Es una pena. Es difícil también y yo entiendo la presión que tiene un jugador del Sporting de Gijón, un jugador de Segunda. Llega a una ciudad como Gijón, tiene la presión, tiene el apoyo de un estadio que está siempre lleno y que anima, y una afición que viaja. Pero es una afición que también exige mucho porque está cansada de estar en Segunda.
–¿Un ambiente presionante?
–Es difícil tener la confianza para poder desarrollar tu temporada de una manera positiva. No es fácil. Sufrimos todos en la distancia porque parece que estamos a punto de jugar el ‘play off’, pero luego no lo juegas y cuando lo haces, no ganas. Es complicado. Hay que seguir teniendo confianza. Uno cambia de pareja, de amigos, pero de equipo de fútbol, del corazón, no cambia. Uno es siempre del mismo equipo vaya bien o mal. En eso creo que tenemos mucho que aprender todas las aficiones en España. Y en eso el Paris Saint-Germain tiene una afición única.
–¿Y eso?
–Cuando pierdes, te anima. Luego, al acabar el partido, si te tiene que criticar, te critica. Pero te anima perdiendo. La mayoría de aficiones en España, por no decir el 99,9%, cuando pierdes empiezan a cantar la tontería esa de «échale huevos». Como si echarle huevos fuera determinante para jugar al fútbol. Échale huevos, no. Si me echas huevos hacemos una tortilla. No es échale huevos, sino juega bien a fútbol. Al revés, yo me acuerdo cuando iba a El Molinón con mi banderita y en la grada de los ‘Ultra Boys’. Iba a animar, no a criticar a los jugadores del Sporting. A alguien que se pone la camiseta del Sporting, no. Al acabar el partido, que vayan hasta la grada. Les gritas un poco, les dices lo que quieras, te desahogas y te vas.
–Se acerca un Mundial. ¿Cuál es su mejor recuerdo de los mundiales que disputó como jugador y como entrenador?
–Se lo voy a decir ahora mismo. El último partido que hice de entrenador, que fue contra Marruecos (octavos de final del Mundial de Qatar de 2022). Fuimos infinitamente superiores a ellos. Marruecos, una de las mejores selecciones africanas emergentes, claramente. Tuvieron que meterse en su mitad del campo a defender durante noventa minutos más treinta de prórroga: 120. Y perdimos a penaltis. Ese partido por el que todos me critican y que fue mi gran fracaso. Esa es mi gran alegría dentro de un Mundial.
–¿Por qué?
–Porque dimos todo lo que tuvimos para intentar ganar el partido. Fuimos mejores que el rival, no estuvimos muy inspirados, pero nos quedamos eliminados a penaltis. Lo que para ellos (los medios) es un drama y un fraude, para mí es una alegría inolvidable. No lo olvidaré nunca. De los mundiales, yo siempre tengo muy buenos recuerdos. Tengo ganas de este verano, con una cervecita o con sidra, ponerme a ver el Mundial y por supuesto a disfrutar de la Selección Española.