Una casa de volúmenes cúbicos. Cal para las fachadas. Un paisaje marcado por el verde de los pinos, el azul del mar y los anaranjados de la tierra. Y un muro de piedra seca para delimitar la finca. Es imposible separar una estampa así de las Baleares, de ahí que Ses Clotades sea un proyecto que solo podría estar en una lugar como Formentera. Firmada por el que fue el primer arquitecto licenciado de la isla, Mariá Castelló, con el apoyo de quien siguió sus pasos, Lorena Ruzafa, esta vivienda de 300 metros cuadrados bebe de la arquitectura tradicional para integrarse hasta casi desaparecer entre las viejas dunas donde se levanta en el istmo que une La Mola con el resto del territorio.

La casa está muy integrada y parece haber aterrizado sobre el terreno, pero sus obras han durado casi cinco años.

El proyecto arrancó en 2016. El cliente, médico de profesión, llegó al estudio con un terreno de diez hectáreas bajo el brazo y una idea clara: una casa con un núcleo principal con todo lo necesario para vivir. Y, anexo, otro elemento secundario que pudiera completar con más habitaciones. Buscaba también una piscina lo más aislada posible de los vientos predominantes. Y, más allá, mostró sensibilidad por el lugar y la tradición arquitectónica de Formentera. Con esos mimbres, la primera decisión fue la ubicación de la casa. Lo lógico hubiera sido colocarla lo más cerca del camino principal —junto a la playa es imposible por las limitaciones ambientales y urbanísticas— pero en el estudio querían que el edificio pasara lo más desapercibido posible. Recorrieron el terreno, espacio de dunas consolidadas por un bosque. Y entre las ondulaciones del terreno encontraron el lugar ideal. “Así, aunque la casa tiene planta baja más uno, apenas se percibe desde los alrededores. Y el resto lo hacen los pinos, integrándolo todo aún más”, señala Castelló.

La casa se encuentra en una ubicación privilegiada del istmo entre La Mola y el resto de la Isla de Formentera.

Puesta la equis donde construir, apostaron por conseguir lo que la naturaleza difícilmente ofrece: un espacio totalmente plano. Levantaron una base de hormigón a partir de la cual desarrollar la casa mediante una reinterpretación del paisaje. Se hizo creciendo hacia arriba con dos volúmenes principales —la vivienda— y un tercero que crece hacia abajo para conformar la piscina. “Imitamos así las subidas y bajadas del terreno”, señala Ruzafa, quien explica que de ahí nace también el nombre de la casa, Ses Clotades, que se podría traducir al español como Las Hondonadas. Para la arquitectura apostaron por la tradición local de construcciones cuadradas, cubiertas planas, fachadas encaladas, patios y sombras. La misma que inspiró a grandes arquitectos como Josep Lluis Sert, José Antonio Coderch o Raoul Hausmann. Valores tradicionales que Bernard Rudofsky universalizó. “Parece que conceptos como autosuficiencia, bioclimático o materiales de kilómetro cero se hayan descubierto ahora, pero estaban ya en el ADN de la arquitectura popular”, señala Castelló. Y ahora la normativa urbanística local prácticamente obliga a recuperar para mantener la esencia de las edificaciones formenterenses, como ocurre en esta casa.

Las paredes interiores están pintadas de blanco hasta una altura de 2,30 metros mientras que el resto permanece con el gris del hormigón crudo.La luz de Formentera, que entra gracias a grandes ventanas, es parte fundamental de esta casa.

Con su base de hormigón como línea de flotación, todo lo que se levanta hacia arriba es del color blanco de la cal. De la cota cero hacia abajo se dejó todo en hormigón visto, desnudo, incluyendo los muros de contención y el sótano. “Se decidió hacer así para diferenciar bien ambas partes”, cuenta la arquitecta Lorena Ruzafa, que también ha participado en la obra. Esa dualidad cromática que se replicó en el interior: hasta la cota de 2,30 metros —la altura de puertas y armarios— todo es blancura. Desde ahí, incluido el techo, vuelven las tonalidades clásicas del hormigón. “Como contrapunto a esa paleta cromática aparece la madera de iroko”, señala Ruzafa. Se utiliza para todo: en el mobiliario interior y en las carpinterías —que se tratarán para que mantenga su marrón, que rompe con la escala de grises reinante— y en los porticones —las contraventanas— donde irá perdiendo su tonalidad anaranjada para volverse grisácea, integrándose con su entorno hasta asemejar el color del tronco de los pinos de la zona. Igual ocurre con las lamas que, en el suelo, dan acceso a la piscina.

La piscina, amplia, está ubicada al este para resguardarse de los vientos dominantes de la isla.

El volumen de mayores dimensiones cuenta con dos plantas y puede funcionar de manera autónoma al resto de la vivienda. La baja es un espacio social, diáfano, con la cocina a un lado —incluye una isla de hormigón fabricada in situ— y la chimenea al otro. Entre medias, mucho espacio y salida a la piscina a través de grandes ventanales acristalados que rompen la frontera entre el exterior y el interior. También la escalera, con una sencilla barandilla estructural y una serie de hilos tensados que aportan seguridad y transparencia para dar fluidez a la estancia. Viene del sótano y, hacia arriba, llega hasta la habitación principal con vestidor, terraza y baño. Éste está separado en dos usos independientes: a un lado el inodoro con el bidet y, en otra estancia, el plato de ducha. Entre medias hay otro pequeño patio que da luz a ambos espacios. Más arriba, una azotea permite disfrutar de vistas que llegan hasta la isla de Ibiza. El segundo edificio es más sencillo: cuenta con tres habitaciones con baño para cada una, además de otro más de cortesía, común. En su cubierta hay una instalación fotovoltaica para compensar parte del consumo energético.

El blanco y el gris dominan la paleta de colores de Ses Clotades, que también incluye las tonalidades naranjas de la madera de iroko.Ventilación cruzada y aerotermia

Entre ambos volúmenes hay un corredor acristalado. “Ahí es donde ocurre la magia”, señala Castelló. Es la zona desde la que se accede a los interiores —aunque se puede utilizar sin necesidad de entrar a la casa— y es muy permeable gracias a su ventanales. Funciona como pulmón térmico: en invierno guarda el calor del sol para convertirse en una agradable galería y, en verano, se puede abrir para ventilar y transformar el espacio en un porche que crece gracias a otro paralelo orientado al sur y cubierto con velas de tela. Los extremos completan la construcción. Al este hay una piscina refugiada de los vientos dominantes y, al oeste, la bajada al aparcamiento. Éste se funde en el sótano —a través de otros dos patios— a un rincón común donde puede haber un gimnasio, biblioteca, sala de estar y área de servicios (para instalar, por ejemplo, la lavadora). También existe una cisterna que recoge el agua de lluvia de todas las superficies de la casa, que se puede reutilizar para cualquier uso —desde el riego a la ducha— menos para beber. Tiene capacidad para 160 metros cúbicos.

El baño de la zona principal tiene el inodoro y la ducha separados para permitir su uso a la vez.

La climatización cuenta con tres sistemas pasivos. El primero, la diferencia de temperaturas entre el este y el oeste que permitirán la ventilación cruzada tan presente en la arquitectura balear o andaluza. El segundo, los propios porticones, correderos y abatibles para permitir regular la incidencia solar a conveniencia y, así, regular el calor. La tercera, en los muros de cerramiento, es un sistema SATE especial, con corcho natural proyectado con aglomerante de cal natural. Es una capa de diez centímetros —que sobresale de las fachadas exteriores respecto al pavimento, otorgando cierto movimiento al edificio— que funciona como una camisa de algodón de baja huella ecológica que permite transpirar al edificio. Como en Formentera hay también días sin aire, con mucha humedad y temperaturas que alcanzan los 40 grados, también hay una instalación de aerotermia con suelo radiante y aire acondicionado, cuyas rejillas circulares dialogan con los enchufes cerámicos de la misma silueta.

Las rejillas del aire acondicionado son redondeadas, a juego con los enchufes de cerámica de la casa.

Ses Clotades es uno de los últimos proyectos de Marià Castelló, que fundó su estudio en 2002, cuando volvió a su tierra después de licenciarse. En 2017 sumó a su equipo a Lorena Ruzafa, también nacida en la isla. Sus trabajos están orientados principalmente a obra nueva y reformas de viviendas en Formentera, aunque también han trabajado en Ibiza y, puntualmente, en la península con proyectos en Port de la Selva y Barcelona. El estudio también ha desarrollado intervenciones en patrimonio histórico —como la Torre des Pi des Català— o el Centro de Deportes Náuticos en el puerto de La Savina, así como exposiciones artísticas e incluso el desarrollo de una joya con el joyero Enric Majoral.