Si Aurora Bengoechea (1943-1991) se sintió en soledad toda su vida, puede que no le faltaran motivos, quizás por falta de sincronía con la … época que le tocó vivir. Nació en Palencia, pero su familia se trasladó a vivir primero en Pasaia con sólo seis años y después a Donostia. Se forjó desde muy joven como pintora, pero fuera de su hábitat. Estudió en Londres en un clima de aislamiento social. Fue ecologista cuando ni existía esa palabra. Fue mujer en un tiempo dominado por el universo masculino del Grupo Gaur. Y se dedicó a la pintura figurativa en un momento en el que reinaba la abstracción. La exposición ‘Una conversación con el paisaje’, que permanece abierta hasta el 14 de junio en el Palacio de los Duques de Mandas de Donostia, reivindica su talento pictórico de la mano de la historiadora de arte, María José Aranzasti. «Fue una mujer-isla toda su vida», afirma la comisaria de la muestra. «Fue totalmente por libre».

‘Una conversación con el paisaje’ muestra en cuatro salas del edificio de Cristina Enea Fundazioa 65 óleos en gran formato que Bengoechea pintó a lo largo de toda su vida, pero con la atención especialmente puesta en su etapa de consolidación, a partir de 1981, «cuando mis montes se convirtieron en personas y mis personas, en montes».

Ruptura matrimonial

En la sala de la planta baja, se encuentra una de las mayores obras de las seleccionadas para esta exposición: ‘Adiós, amor’, un impresionante óleo, propiedad de la Diputación Foral de Gipuzkoa y pintado en Londres al término de su matrimonio con Andrew Shewan, con el que se casó en 1969 –durante su primera estancia inglesa– y quien a finales de los ochenta decidió marcharse solo a trabajar en Alemania. La mayor parte de las obras son una cesión de la hermana de la artista, Elena Bengoechea, que mantiene abierto un espacio expositivo en el barrio de Amara. En esa misma sala, se puede admirar su técnica con el pincel, pero también alguno de sus grabados, fruto de los tres meses que pasó por Arteleku en 1989.

Del periplo vital de Bengoechea cabe deducir que nunca terminó de estar en ninguna parte. Si con seis años llegó a San Sebastián, posteriormente se convirtió en profesora de EGB que ejerció en Pasaia, Errenteria, Donostia y Orio, en donde obtuvo la plaza. Entre 1981 y 1985 estudia la carrera de Bellas Artes en la Chelsea Scholl of Art and Design de Londres y los dos años posteriores realiza el Master en el Royal College of Art de la capital británica. Durante todo ese tiempo, va y viene a Donostia, en donde establece relación con Rafael Ruiz Balerdi y José Luis Zumeta, con los que por lo demás tampoco comparte excesivamente rasgos artísticos.

Destaca Aranzasti «la ausencia de referentes que tuvo Bengoetxea porque en aquellos años sesenta, las mujeres artistas tenían que ser autodidactas. Cuando se fue a Londres, ya tenía 40 años y allí sí ejerció como líder». De hecho, ya había protagonizado varias exposiciones con veinte años y mientras militaba clandestinamente en el Partido Comunista. Pero es a partir de comienzos de los ochenta cuando encuentra su propio estilo con ese tratamiento característico de las montañas como seres humanos y los humanos, como montañas. Sus excursiones a Aia y al Aizkorri influyeron en esa deriva artística en la que también proliferan una quincena de cuadros y dibujos de la isla –Santa Clara con toda probabilidad–, y autorretratos. En contraposición con esa naturaleza, Bengoechea pinta también numerosos paisajes urbanos, en su mayoría londinenses, pero también donostiarras, con calles saturadas de tráfico de vehículos y peatones.

No tuvo suerte Bengoechea: cuando en 1990 vuelve a Donostia, le diagnostican un cáncer de pecho que le causaría la muerte un año después. La exposición muestra alguno de los 28 cuadernos que ocupa su diario, así como fotografías con su familia y sus amigas –alguna en un recién inaugurado ‘Peine del Viento’ en 1978– e incluso durante uno de sus ingresos hospitalarios al final de su vida.

La Galería Dieciseis de Donostia le dedica una exposición en enero de 1992, en el Museo de San Telmo otra de homenaje en 1997 y en la Ganbara del Koldo Mitxelena en 2004. A pesar de que su obra se puede encontrar en colecciones como las de Sheffield City Art Galleries, C.A. Martin Associates, American Express Bank de Londres y en la Diputación Foral de Gipuzkoa, ‘Una conversación con el paisaje’ acude ahora al rescate de la memoria de esta artista un tanto sepultada por el tiempo. La sala Menchu Gal de Irun ya inició esta recuperación en 2023 con la muestra ‘Revisitando a Aurora Bengoechea’, comisariada también por la propia María José Aranzasti.