El Ateneo de Madrid ha acogido este jueves, a las ocho de la tarde, un acto que se presentaba como un foro de reflexión política pero que se transformó en otra cosa: un manifiesto contra el sistema constitucional. Pablo Iglesias, el ministro de Transportes Óscar Puente, Sara Santaolalla y el secretario general de Facua, Rubén Sánchez, compartieron estrado y, sobre todo, proclamas. España, según ellos, no atraviesa una crisis de gobierno ni una disputa electoral ordinaria. Atraviesa, nada menos, que la agonía de la Transición. Y las próximas elecciones, el momento perfecto para sepultarla.
El hilo conductor de la velada lo ha puesto Pablo Iglesias con una afirmación que él mismo ha calificado de relevante, pues ha procedido inicialmente de un ministro del PSOE, en referencia a Óscar Puente: «Los consensos que hicieron la Transición se han terminado«. El ex vicepresidente Iglesias ha más allá y ha propuesto la receta: un referéndum consultivo sobre la nueva forma de Estado. Una reforma tal que «obligue al Rey a decir no puedo seguir contra el criterio de la mayoría». «Una república plurinacional» es lo que ha pronunciado en sílabas bien separadas Pablo Iglesias, como quien deletrea un futuro por el que están dispuesto a luchar, y ha sido lo apuntado. La pregunta que nadie en la sala pareció hacerse es si ese proyecto tiene mayoría social o si, sencillamente, se la presupone.
Un ‘golpe de Estado’ con toga, placa y micrófono
La retórica del golpe de estado contra el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido el otro combustible emocional de la noche. Sarah Santaolalla ha sentenciado que en España «hay unos con una toga, otros con una placa y otros con un micro dando un golpe de estado«. La afirmación, la ha lanzado al aire del Ateneo de Madrid como si fuera una evidencia y no una acusación extraordinaria. Un resumen bien acertado sobre el método del acto: elevar la temperatura semántica hasta que cualquier adversario político se convierta en enemigo fascista, y cualquier discrepancia o investigación judicial, en conspiración contra el progreso.
Rubén Sánchez, que ha asegurado percibir «el olor a miedo«, ha reclamado que los periodistas sean «antifascismo». Óscar Puente, por su parte, ha dicho que «la derecha española tiene ancladas sus raíces en el fascismo» y ha señalado a los votantes de todo lo que se halla a la derecha del PSOE como responsables de ese mal al que no dejan de llamar fascismo: «la ultraderecha cuenta con la cooperación de sus propias víctimas». Es decir, quien no vota a la izquierda no solo se equivoca, sino que colabora con quienes supuestamente le oprimen. Difícilmente podría condensarse en menos palabras un mayor desprecio por la autonomía del votante.
Plebiscito contra la monarquía y la Constitución
Iglesias ha sido muy explícito con sus deseos: la clave de las próximas elecciones ya no es una alerta sobre la llegada de la derecha o del fascismo a la que tantas veces ha recurrido, sino plantear que «se ha agotado el pacto del 78«. Las elecciones, en esta lectura, dejan de ser una competición entre programas de gobierno para convertirse en un plebiscito sobre la legitimidad del orden constitucional que surge con la democracia. El PSOE, representado por un ministro en activo, aplaudiendo desde el mismo escenario esta tesis no es un detalle menor.
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En el último Diálogo del Club para Socios de Libertad Digital, España tiene arreglo, Cayetana Álvarez de Toledo advirtió con bastante precisión al respecto y se adelantó: las próximas elecciones se plantearán en clave plebiscitaria.
Según Iglesias, más claro imposible: «Hay una vía muy sencilla de hacer eso [alcanzar la república]: con que el Gobierno convoque un referéndum consultivo, por muy poco vinculante que sea, el Jefe del Estado tiene que decir que no puede seguir contra el criterio de la mayoría. A partir de ahí toca dar una disputa dentro del Estado», ha afirmado.
Puente, cuya presencia institucional confería al acto una gravedad particular, ha añadido que hay que «pararles como sea», a la derecha, naturalmente; y ha dibujado la imagen sombría habitual de un gobierno que no esté en manos socialistas. Iglesias, por su parte, ha rematado pidiendo «dar la pelea en todos los ámbitos» y reclamando que el feminismo sea «la vacuna contra el fascismo».
Contra Santaolalla
Al final, varios asistentes increparon a Santaolalla, quien amenazó con irse del evento. Según ella e Iglesias, se trataba de miembros del Frente Obrero, pero hasta el momento no se ha confirmado la identidad de quienes le han gritado. Como no podía ser de otra manera para Iglesias, se trataba de «nazis».
Lo que el Ateneo albergó este jueves no fue una conversación política al uso, sino la puesta en escena de una estrategia: convertir el próximo ciclo electoral en una batalla existencial por el modelo de Estado. El problema de esa estrategia es el mismo de siempre. Para dinamitar un pacto constitucional en nombre de la mayoría, primero habría que tenerla.