10 años de la muerte de su padre, imagino que es una fecha muy especial para toda la familia…
Totalmente, para la familia y para un montón de gente, que es también la familia de mi padre y que son los expedicionarios. Todo este tiempo muchísima gente me ha contado lo que lloró el día que murió, le llegó a mucha gente. Cada año, en mayo, en las pistas de atletismo de la Universidad Complutense se hacen unas competiciones en su honor y este sábado 23 de mayo, a las 13 horas, todo el que vaya tiene que llevar una flor y las pondremos en su escultura. Y luego daremos una vuelta todos juntos y yo llevaré la misma antorcha que en las Olimpiadas del 92 cuando pasó por Madrid se la dieron a mi padre y él estaba con la espalda rota y tuve que llevarla yo. Será una especie de impulso a que se mantenga su espíritu.
¿Cómo le gustaría que la gente le recordara hoy en día?
Exactamente como le siguen recordando, que es como alguien que les ayudó a encontrar su mejor versión. Yo siempre le defino como un acelerador de hombres libres. Es como un zen en el que la gente se metía en un experimento que él lo basó en algo que decían los griegos, que era el estudio desde el conocimiento de lo que sucedía a su alrededor, con esa atención y esa curiosidad por la historia, la biología y toda la cultura que le rodeaba, pero sobre todo para encontrarse a sí mismo. Mi padre siempre decía que el viaje más difícil y más bonito era el de ‘hacia adentro’ de uno mismo. Ese conocimiento de uno mismo era lo que hacía que la gente se descubriera, descubriera sus pasiones y su vocación. Por eso llegó al corazón de tanta gente, porque gracias a esa experiencia mucha gente pudo encontrarse y lo han agradecido toda su vida a mi padre.
¿Cómo definiría a su padre en una sola frase?
Él siempre se definía como un giróvago, esos monjes errantes que iban de un lado a otro. Era muy espiritual. Era un nómada curioso, le interesaba todo, lo tocaba todo, lo vivía todo. Eso es lo que a él le enseñaron y luego él nos lo enseñó a nosotros. Era un visionario, ya hace años él veía el tema de las pantallas, de cómo los niños iban perdiendo esa curiosidad.
Si piensa en su padre, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?
Es una escena que echo muchísimo de menos, algo cotidiano, que es donde al final están las cosas importantes. Es la imagen de él en su mesa de cristal, rodeado de sus libros y sus agendas y su lápiz y papel, sin camiseta, porque le encantaba que le diera siempre el sol, hasta se ponía aceite de oliva y luego nos daba un beso y nos dejaba todo pegajoso. Ahí es donde estaba su cabeza llena de historias para contarlas y que otros las vivieran.

Sol junto a su padre. Dice que de él ha heredado su curiosidad ante la vida. Foto cortesía Sol de la Quadra-Salcedo.