Este martes conocimos una de las noticias políticas más impactantes de los últimos meses. La Audiencia Nacional confirmó que José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que declarar como investigado en un caso de blanqueo por el rescate de Plus Ultra.

Se trata del primer expresidente del Gobierno imputado. Pero también de un gran activo electoral para el PSOE. Se le considera el artífice de la remontada del Partido Socialista en la campaña para las últimas elecciones generales. Y ha seguido participando en mítines, el último en la campaña para las andaluzas celebradas el pasado domingo.

Miguel Ángel Revilla repasa los privilegios de los expresidentes de España

Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria durante 16 años (divididos en dos etapas: 2003-2011 y 2015-2023) ha reaccionado a esta imputación a través de un video publicado en sus redes sociales. Califica de «bombazo» al tratarse del primer expresidente del Gobierno que pasa por esta situación.

Revilla ha aprovechado para enumerar las ventajas que tienen todos los expresidentes de España después de ejercer su cargo. Actualmente son Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Entre estos privilegios, el cántabro destaca el sueldo vitalicio de 75.000 euros anuales, una oficina con dos secretarias, un chófer y coche oficial, escoltas y los viajes gratuitos en transportes oficiales. «Aparte de eso, se pueden dedicar a dar conferencias, a escribir libros e incluso se pueden acoger a ser miembros del Consejo de Estado ganando 100.000 euros», añade.

Tras explicar todos los beneficios de los que disponen, Revilla ha señalado que «no les es suficiente», pues la mayoría de ellos se dedican a la actividad empresarial: «La codicia humana es impresionante. Estos señores están metidos la mayoría de ellos en negocios, algunos verdaderamente turbios».

La presunción de inocencia de Zapatero

El expresidente cántabro reconoce que hay que respetar la presunción de inocencia, «algo que todos los españoles tenemos», pero recuerda una anécdota con el médico de su pueblo natal, Polaciones, en el que deja ver su opinión sobre el auto del juez.

«En los años 40 no había manera de analizar la sangre ni la orina, cuando alguien estaba enfermo, el médico echaba la orina en una especie de tubo, lo miraba y a veces decía: ‘No me gusta la orina del enfermo’. Pues eso», sentencia.