En la última década y media se han estrenado no pocas películas procedentes de países árabes en conflicto que, marcadas por la religión y la política, recogían las (des)esperanzas, las iras y el devenir más cotidiano de sus ciudadanos de a pie. Sin embargo, con la obra del iraní Asghar Farhadi como paradigma, no han sido tantos los títulos que abordaran los vuelcos del corazón y del estómago de estas gentes desde una vertiente en la que la religión y la política quedaran, si no al margen, porque eso es imposible, sí al menos en barbecho. Historias laicas de seres humanos con amplia formación cultural, marcados por la violencia física, social e institucional de sus países de mayoría musulmana, pero cuyas vidas no estuvieran únicamente comandadas por la existencia de un dios, el cumplimiento de unos mandamientos y la necesidad de una revolución o una guerra contra los del país o el bando de su derecha o de su izquierda.
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Así eran, por ejemplo, A propósito de Elly y Nader y Simin, una separación, las dos primeras películas de Farhadi en traspasar fronteras y en llegar a los cines españoles, y así es también la excelente Un mundo frágil y maravilloso, primer largometraje de ficción (tras dos documentales) del libanés Cyril Aris. Un relato con evidentes toques biográficos que empieza, nunca mejor dicho, como un tiro. En apenas un minuto, con imágenes de enorme potencia visual y sonora, Aris asienta su historia de amor a través del tiempo en el instante en que sus dos protagonistas salen del vientre de sus madres. Nacen con un minuto de diferencia, en el mismo hospital, pero apenas unos segundos después una más de las cotidianas bombas que acompañan a un país en eterno conflicto con sus vecinos (Israel, obviamente) y consigo mismo, explota en el hospital. Las cabecitas de los bebés, arropados por las enfermeras que corren por los pasillos, se cruzan a apenas unos centímetros entre la destrucción y el pánico. Casi como esos personajes de las películas de Wong Kar-wai destinados, tiempo después, a unir sus vidas en la cuerda floja del amor.
El azar como detonante de buena parte de los deseos y las relaciones interpersonales, la impronta de la urgencia y la fugacidad del amor en el cine del director hongkonés, pero en versión libanesa. “53 horas después me enamoraré de ella”, decía el protagonista de Chungking Express tras rozarse con una chica en una calle. Algo que podrían haber pensado también estos recién nacidos como peculiar forma de expresión del amor premonitorio. De este modo, Aris, formado cinematográficamente en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, después de abandonar su trabajo como consultor y abrazar el arte del cine a una edad ya no tan joven, arrebata desde el inicio.
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La violencia y la penosa situación del Líbano están presentes a lo largo de la película, pero siempre por debajo. Nunca se verbaliza. De hecho, en ese prólogo en el hospital se dice que ese mismo día el país sufrió una masacre, sin más concreción. Aunque, por las fechas, bien podría referirse a las matanzas de Sabra y Chatila (tratada en el cine en películas como Vals con Bashir), en septiembre de 1982. Así, a lo largo de tres décadas y en tres tiempos que se narran alternativamente, esos bebés se reencontrarán (y se querrán) en el colegio, con unos 9 años, al borde de la treintena, y posteriormente, juntos, casados y con hijos. Y un elemento clave: la necesidad de ella —descreída y cínica; consultora, abogada y banquera con éxito profesional— de salir por piernas de un país que la está destruyendo; y la de él —simpático y adulador, cocinero con restaurante propio— de seguir luchando en su tierra por una sociedad mejor, desde su pequeño reducto familiar, social y laboral.
Con una puesta en escena ágil y estilosa, muchas veces regulada por la presencia del plano secuencia, y una imagen colorista nada habitual en las películas de estos países, Un mundo frágil y maravilloso, con un exultante sentido del humor (y del amor), presenta un Beirut laico, culto y humanista, sin velos ni rezos, moderno como cualquier ciudad occidental, y donde las palabras suní, chií o cristiano brillan por su ausencia. Y entre el corralito de los bancos que azota el país desde 2019, y la diáspora libanesa, solo dos personas que se aman a rabiar.
Un mundo frágil y maravilloso
Dirección: Cyril Aris.
Intérpretes: Mounia Akl, Hassan Akil, Tino Karam, Julia Kassar.
Género: drama. Líbano, 2025.
Duración: 110 minutos.
Estreno: 22 de mayo.