Víctor Luengo Ciscar (Valencia, 1 de febrero de 1974) está en Atenas desde el martes. El valenciano es el responsable de Relaciones Institucionales y Primeros … Equipos del Valencia Basket y ejerce de avanzadilla en el sueño de la Final Four para que todo esté listo. Hay que calibrar algo tan sencillo como la distancia del hotel de concentración al OAKA, ese pabellón que es talismán para Valencia Basket.
Luengo, cuya camiseta con el 15 cuelga retirada en lo alto del Roig Arena, es una institución en el club taronja, donde llegó hace 38 años. «Tras ganar el quinto partido al Panathinaikos sentí una liberación. Me sentía muy orgulloso de este club, de mi club, al que llegué siendo un adolescente. Es un sueño cumplido estar en la Final Four y reconozco que me puse a llorar», apunta.
Un vecino de la familia Luengo vio en el periódico Hoja del Lunes a finales de los ochenta un anuncio bajo el reclamo ‘Operación altura’, porque un equipo de baloncesto buscaba jugadores. El chaval demostraba cada día en el patio porticado de los Escolapios de Micer Mascó que era un portento físico y cada vez que podía hacia temblar el aro de la canastas de minibasket.
En aquellos tiempos, Luengo jugaba al balonmamo, uno de los deportes fuertes de Calasanz bajo la mirada de Paco Torán. También jugaba muy bien al fútbol, con un buen regate pese a su altura, y era el único alumno capaz de saltar las vallas corriendo al son del pito del añorado Emilio Ponce. Luego era militante del ‘grupo A’, donde coincidió con los hoy abogados Julio Pascual y Ramón Montaña, o el notario José Ignacio Martínez, con los que todavía conserva la amistad. «Ya sabes, me arrimaba a ellos para así aprobar entre todos», ríe a carcajadas en una de las oficinas del Roig Arena.

minutos de media por partido

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La ‘Operación altura’ llevó a Luengo a unas naves por el barrio de Penya-Roja a hacer unas pruebas y allí Pepe Vilanova dijo: «Quiero a ese chaval». No es un secreto que Luengo no tenía ni la técnica ni el conocimiento del jugador de baloncesto pero todos vieron que sus facultades físicas eran portentosas. «Tenía muchas carencias, sobre todo técnicas, de tiro pero tanto Pepe como Isma Cantó apostaron por mí. Creo que vieron a un chico con posibilidades». En ese momento, en la temporada 1988-89, se abrieron las puertas del cadete de primer año del Valencia Basket para Víctor Luengo, que empezó su carrera como alero para después convertirse en escolta.

Víctor Luengo intenta marcharse de José Antonio Montero en un Valencia Basket-Barça.
(José Marín)
«Nunca pensé que pudiera llegar pero es verdad que tampoco ese era un objetivo marcado. A mí lo que me encantaba era jugar al baloncesto y creo que me divertía tanto jugando que llegué a ser profesional. Hoy eso no pasa, los chavales en lugar de divertirse están más pendientes de otras cosas», apunta.
A los 17 años, tras un breve paso para foguearse en el CB Benaguasil, Luengo se incorporó al primer equipo con Manu Moreno de entrenador y Toni Ferrer como director deportivo. Desde el 29 de noviembre de 1992, cuando saltó al parqué por primera vez con la camiseta de Pamesa Valencia para jugar en la Fonteta 1.15 minutos antes el Marbella Joventut (80-94), hasta el 26 de mayo de 2007, con 10:59 minutos ante el Real Madrid también en la Fonteta (80-83), pasaron 465 partidos en Liga ACB en 14 temporadas. A estos hay que sumar las competiciones europeas y el año en Liga EBA. En total, más de 600 partidos.
«Fui el primer jugador de la cantera en aparecer en el equipo de manera regular», asegura. Luengo se coló en un plantilla con nombres de peso como los de Indio Díaz, Brad Branson, Salva Díez y Eric Johnson.
El descenso en la 94-95 fue un palo, «pero nos sirvió para tomar impulso y para cimentar los valores de este club hasta hoy en día». La apuesta por gente como Berni Álvarez, Rodilla, César Alonso, Fernández, el propio Luego y la batuta de Vukovic fue fundamental para relanzar al entonces Pamesa Valencia.
Dos años después del ascenso, el equipo se hizo con la Copa del Rey en Valladolid tras derrotar al Joventut (89-75). «Aquello nos cambió la mentalidad. Pasamos a jugar en Europa y las eliminatorias por el título de la ACB», apunta.
Vinieron muchas más finales, algunas ganadas y otras perdidas. Incluso un título ACB (2016-17), también con Pedro Martínez en el banquillo, y cuatro Eurocup. Luengo, desde su retirada en 2007, vive el baloncesto desde otra perspectiva pero sigue en su casa como patrimonio del Valencia Basket, porque los jugadores también forman parte de la historia.
Hoy, el club viene un sueño, una serena locura: «Me lo dicen al principio de la temporada y no me lo creo». Para Luengo hay dos claves, la primera, que el equipo ha sido muy fiel a su estilo; la segunda, que no se ha perdido el norte en ningún momento. «No sólo hacemos el baloncesto más vistoso y atractivo sino que creo además que podemos ganar a cualquiera, como se ha visto».
Luengo destaca el compromiso, la solidaridad, la confianza que hay en un vestuario donde nadie se cree más que nadie. «Lo ves en las rotaciones. Juegues un minuto o veinte, el que sale va a tope. Me encanta una frase que dijo Pedro Martínez: estos jugadores están locos», apunta.
La leyenda del Valencia Basket no quiere dejar pasar la oportunidad de destacar la labor de Enric Carbonell y Luis Arbalejo detrás del banquillo, de la misma manera que incide en la labor de mecenas de Juan Roig. «Esto no sólo es una apuesta por un equipo masculino, es por un proyecto global, de 360 grados, como hemos visto con el femenino». A lo deportivo se suma la nueva casa, el Roig Arena: «Ese es el gran logro, tener casi 16.000 personas pendientes del baloncesto».
¿Qué va a pasar en Atenas? Luengo lo tiene claro: «Es la ilusión de mucho tiempo, de toda la gente. El que tiene que estar preocupado es el Real Madrid -la semifinal es el viernes ante el equipo de Scariolo-».
El 15 de Valencia Basket ya está en Atenas y lanza un aviso a navegantes: «Tenemos un gen competitivo muy grande, una capacidad de lucha que admiro. No vamos a la Final Four de comparsa».
Luengo, tras 38 años en el club, vive esta final como aquella que jugó en 1998 en Valladolid, el primer gran paso de Pamesa Valencia. La Final Four es un sueño de niño, de aquel cadete que llegó para convertirse en leyenda: «Vamos a por todas».