Lo que empezó siendo un espacio de oportunidades y reaprovechamiento de artículos devueltos en adquisiciones a gran escala, se ha diluido en tan solo tres años. Javier Hernando se hizo viral en 2023 al abrir una tienda física en Burgos para vender la mercancía que adquiría por tráileres en las plataformas de subasta de grandes distribuidores en línea que operan en el ámbito internacional. El más popular, Amazon. Hoy, ya no está atento a las pujas de B-Stock.

«Amazon se cargó ese modelo de negocio de las devoluciones. Se venden palés de uno en uno, ahí no se mueven los grandes operadores, y ahora cualquiera puede entrar en la aplicación de subasta con un poco de dinero», señala Hernando, quien actualmente se dedica a importar artículos del hogar en su establecimiento de la calle Madrid.

Una vez revisado el palet de devoluciones de Amazon, Disney o Uniliver, entre otros, se organiza por tipo de productos y estado del equipo.

Antes, las subastas eran de tráileres completos con varios palés y solo podían pujar personas con solvencia y una experiencia de distribución asegurada. Además, requería una fuerte inversión. «Como los grandes mayoristas dejaron de comprar, han tenido que vender de uno en uno para el particular que, si dispone de cierta cantidad de dinero, puede intentar mover un palé». El factor sorpresa, como en los programas de televisión que se adquieren trasteros se compra a ciegas. No se sabe si hay artículos defectuosos o no ni que tipo de productos.  Pero este no es el principal inconveniente. 

Las apps de segunda mano, saturadas

La pérdida de competitividad del mercado de segunda mano parece estar detrás de esta caída del interés. «El mercado de las aplicaciones de segunda mano está saturado, para un solo artículo tienes 20 precios distintos y, si alguien se ha pillado los dedos con la adquisición, lo pone más barato», explica.

Esa democratización del acceso a estos espacios de puja por palés, donde se estipula un valor de partida y se incrementa el precio en función de la demanda, con el riesgo de no saber qué contienen ni si el material es nuevo, usado o defectuoso, hizo subir los costes. «En los camiones que yo empecé a adquirir al principio podías subir el precio de salida entre un 10% y un 12%; ahora están por encima del 25% y ha dejado de ser rentable», especifica.

Javier Cabrerizo, que llevará la idea a Soria, ha estado estos días con Javier Hernando para conocer el negocio.

Hernando no ha dejado de abastecerse para vender, pero ahora opta por salidas de stock de temporada en el mercado internacional por un coste ligeramente superior al resultado final de las devoluciones de Amazon, aunque con una ventaja clara: «Adquiero por un poco más que lo otro, pero con el alivio de trabajo que supone no tener que revisarlo ni arreglar lo defectuoso, sabes lo qué estás comprando».

Productos post apagón

Así, mantiene su establecimiento en la calle Madrid. «He pasado a comprar a importadores, a moverme en subastas de temporada y nos hemos reconvertido en una tienda de productos del hogar con precios competitivos». El negocio cuenta, además, con una división curiosa de materiales de supervivencia en caso de apagón: infiernillos, linternas o generadores con luz solar. «Son un tipo de artículos que se demandaron muchísimo tras el gran apagón y aquí los tenemos porque la gente los sigue buscando».

Cazuelas, pequeños electrodomésticos, herramientas y artículos de jardín llegan ahora a sus estanterías. En Navidades, el género de invierno. Y durante todo el año, planchas de pelo, secadores o máquinas de afeitar. Importan de mayoristas internacionales, una estrategia con la que superan la crisis de las devoluciones de Amazon, Walmart, Harrods o Unilever; un mundo en el que empezó hace tres años «por curiosidad», se volvió viral e intentó replicarse en otros puntos de España.