Para superar la resaca de la fallida integración con Estée Lauder, Puig luce casi 1.400 millones de pólvora para sentarse en el lado comprador de la mesa. La organización aceleró tras la pandemia con una política de adquisiciones con la que incorporó firmas como Charlotte Tilbury (2020), Byredo (2022) y Dr. Barbara Sturm (2024); una compra cada dos años que interrumpió con el intento de entrar en el grupo americano. Una vez enterrado el proyecto, la cotizada catalana volverá a mirar al mercado con músculo para acometer alguna operación corporativa.

En la misma nota en la que comunicó la ruptura de las negociaciones, la firma anunció su vuelta al mercado. El recién nombrado consejero delegado, José Manuel Albesa, advertía de que la «sólida estructura de capital nos otorga flexibilidad para acometer un amplio abanico de alternativas estratégicas alineadas con nuestras prioridades a largo plazo». «Continuaremos aplicando un enfoque altamente selectivo y orientado a la creación de valor en M&A, para seguir complementando nuestro portfolio», añadía la nota.

La organización con sede en L’Hospitalet de Llobregat dispone de recorrido para lograr recursos con los que lanzarse al mercado: cerró el año 2025 con una ratio de endeudamiento de apenas 0,68 veces ebitda y con la salida a bolsa se fijó un objetivo máximo de 2 veces. En cifras absolutas: con un ebitda ajustado de 1.045 millones y una deuda neta de 716 millones, la firma podría incrementar su pasivo en 1.374 millones de euros.

Con 1.400 millones en la cartera, la familia Puig sabe que, sobre todo, no puede cometer errores en una operación de una marca que no aporte valor al grupo. Es algo de lo que están especialmente concienciados, según las fuentes consultadas por este medio. Por ello, por ejemplo, Marc Puig sigue al mando de las adquisiciones tras haber renunciado a su posición de CEO y dejado el control del día a día a Albesa. Las últimas salieron bien: Byredo lidera el crecimiento de la categoría de fragancias de nicho y la categoría de maquillaje –compuesta esencialmente por el negocio de Charlotte Tilbury- ha saltado de 412 millones de ingresos en 2021 a 844 millones en 2025.

A partir de aquí, la gran duda: ¿qué puede comprar Puig? En su voluntad de diversificar el negocio –uno de los argumentos que daban para justificar la integración en Estée Lauder- explorar más allá del negocio de fragancias, que supone más del 70% de sus ingresos, parece lo más obvio. Con los esfuerzos del departamento de maquillaje puestos en el despliegue de Charlotte Tilbury, las fuentes consultadas ponen el foco en el cuidado de la piel. Y aquí surge un nombre obvio: Isdin, la empresa de cremas que controla al 50% con Corporación Químico Farmacéutica Esteve. El problema que se encontraron hasta el momento es que la familia Esteve no quería vender su mitad. Abordar esta operación sería un camino, más cuando la participada estaría interesada en explorar algún tipo de alianza con nombres como Mesoestetic, una de las firmas del momento en Cataluña en cosmética y tratamientos de belleza.

Posibles compras en el horizonte de Puig

Más allá de la Península Ibérica, en los últimos meses han trascendido procesos de venta en los que Puig podría tener algo que decir. Uno de ellos es el de la marca de cosmética coreana Dr. Jart, propiedad además de Estée Lauder, que lanzó su venta a finales de 2025 debido a su crítica situación financiera. La americana vende también las marcas de maquillaje Too Faced y Smashbox.

Otro nombre que podría encajar al emporio catalán es el de la enseña Fresh, propiedad de LVMH, y con negocio tanto de fragancias como de cosmética. El mismo conglomerado habría puesto en el mercado, según la prensa especializada, las enseña de maquillaje Fenty Beauty, controlada junto a la cantante Rihanna.

En el negocio de la perfumería, el gran nombre en el mercado es Parfums by Marly, propiedad del fondo Advent, que ya habría contratado a Jefferies y Goldman Sachs para pilotar el proceso. En el sector, mientras, se especula con que Manzanita Capital, la firma que ya vendió Byredo a Puig, tendría interés en desprenderse ya de la empresa de perfumes y velas Dyptique.

No obstante, la compañía podría destinar los recursos a incrementar la remuneración al accionista, fijada en el 40% del beneficio, como herramienta para seducir al mercado tras dejarse más de un 35% de su valor en bolsa desde su debut en mayo de 2024. La organización ya desembolsó 212 millones con cargo a las cuentas de hace dos años y en la próxima junta de accionistas llevará a votación el pago de 237 millones a sus propietarios.

Precisamente en la reunión con sus accionistas el próximo 29 de mayo se espera que el tándem Puig-Albesa pueda dar más concreción sobre la futura política de adquisiciones y la presentación del nuevo plan estratégico, pospuesta por las conversaciones con Estée Lauder. Con la nueva hoja de ruta hasta 2030, la cotizada se pone como objetivo «seguir creciendo más que el mercado». Y aunque la vía orgánica se mantendrá, las operaciones corporativas serán imprescindibles.

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