Javier Hernández

24/05/2026 a las 16:50h.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el pasado 17 de mayo una emergencia de salud pública de importancia internacional por el brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda. El origen está en la provincia de Ituri, en el noreste del país, donde las autoridades sanitarias confirmaron el 15 de mayo la presencia del virus Bundibugyo, una especie del género ébola, tras analizar 13 muestras de sangre. Hasta el 19 de mayo, los ministerios de Salud de ambos países han notificado un total de 536 casos presuntos, 105 probables, 34 confirmados y 134 muertes.

El microbiólogo Raúl Rivas González, profesor de la Universidad de Salamanca e investigador del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca, considera que estas cifras no reflejan la magnitud real. «Creo que el número de casos es muy superior y el número de muertes también, porque muchos no están notificados o aumentarán en cuestión de días», advierte.

La peligrosidad de este brote tiene un factor clave: la cepa implicada. El virus Bundibugyo es distinto al ébola Zaire, el más conocido, y en los dos únicos brotes anteriores de esta variante —registrados en 2007 y 2012— la tasa de mortalidad osciló entre el 30% y el 50%. «Las vacunas autorizadas van contra el Zaire, y los anticuerpos monoclonales también. Para el Bundibugyo no hay vacuna ni tratamiento aprobado. Es un problema», señala Rivas.

El microbiólogo apunta a este hecho como una de las razones por las que el brote no se detectó antes. «El virus lleva circulando bastantes semanas antes de que se confirmara el brote. Hubo falsos negativos porque los laboratorios buscaban el ébola Zaire y este es ébola Bundibugyo».

Las autoridades sanitarias estudian varios tratamientos potenciales, entre ellos anticuerpos monoclonales y el antiviral Remdesivir, aunque ninguno está aprobado específicamente para infecciones por Bundibugyo.

Minería ilegal

El epicentro del brote añade dificultades de otro tipo. Rivas explica que la provincia de Ituri es «famosa por su minería ilegal de oro, controlada por grupos armados y milicias. Cuando aparece una muerte, por lo general se oculta o no se lleva a un centro sanitario por miedo a que las autoridades cierren la mina. Y hay un tránsito bestial entre fronteras». Las milicias también impiden la labor de los sanitarios, que hasta hace pocos días ni siquiera sabían a qué se enfrentaban. «Se puede confundir con la malaria, así que ha estado expuesta más gente de la que se pensaba», advierte.

Lo que más preocupa al investigador salmantino es la expansión geográfica. «El punto de mira está en este brote y no en el hantavirus. El riesgo en la zona de África central es muy elevado. No solo en el Congo, sino en los países adyacentes: Ruanda, Uganda y Sudán del Sur». El brote ya se ha extendido a once zonas sanitarias en la provincia de Ituri y en la provincia de Nord-Kivu.

La llegada del virus a grandes urbes es el escenario que más inquieta. «Ya se encuentra en grandes ciudades. Llegó a Goma, que tiene dos millones de habitantes oficiales. Ha llegado a varias capitales más. Pasó a Kampala, con cinco millones. Son nexos de unión con otras urbes». En Uganda, dos casos confirmados por laboratorio se notificaron en Kampala en un plazo de 24 horas, entre personas que viajaban desde la RDC.

Un médico misionero estadounidense, el doctor Peter Stafford, que trabajaba en el Hospital Nyankunde de Ituri, dio positivo por la cepa Bundibugyo y fue evacuado al Hospital Universitario Charité acompañado por seis personas con las que había tenido contacto. «Ya hay una persona de Estados Unidos que ha sido llevada a Alemania», señalaba Rivas antes de hacerse pública esa información.

Riesgo bajo en Europa

El investigador considera improbable —aunque no descartable— que el brote llegue a extenderse a Europa. «El riesgo es bajo. Que salga de África… el riesgo cero no existe, pero es bajo». La transmisión del virus limita su expansión internacional: «Esto no es la covid ni la gripe. No se conoce que se transmita por aerosoles. Se transmite por fluidos».

Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, vómitos, debilidad grave, dolor abdominal y hemorragias nasales. En los casos más graves, la enfermedad termina en fallo multiorgánico con hemorragias internas y externas.

España tiene protocolos establecidos desde 2014, cuando un misionero infectado fue repatriado y una enfermera del Hospital Carlos III contrajo el virus —el único caso de contagio de ébola registrado fuera de África en ese brote—. Desde entonces, los sistemas de aislamiento y detección fueron reforzados. «Desde ese momento hay protocolos establecidos y controlados tanto en Salamanca como en el resto del país», recuerda Rivas.

Cuando Los Montalvos fue un centro para ébola

En 2014, en plena crisis sanitaria por el contagio de una auxiliar de enfermería en Madrid, Salamanca activó un protocolo específico frente al ébola que centralizaba la atención de posibles casos en el Hospital de Los Montalvos. El dispositivo establecía un circuito aislado desde la llegada del paciente, que era trasladado en ambulancia por una entrada trasera, conducido por un ascensor reservado y llevado hasta la cuarta planta, donde existían habitaciones herméticas de aislamiento y una zona restringida con capacidad para diez camas en caso de necesidad.

El recorrido se diseñó para evitar el contacto con otras personas. La implantación del protocolo vino acompañada de formación para profesionales sanitarios y del reparto de equipos de protección, aunque sindicatos y trabajadores reclamaron entonces más información práctica y medios suficientes.

A comienzos de septiembre, 111 profesionales del Hospital de Salamanca habían recibido instrucciones sobre el manejo de posibles casos.

Más de 670 casos sospechosos notificados y hasta 160 muertes

El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha elevado a más de 670 los casos sospechosos y a 160 las muertes sospechosas a causa del brote de ébola en la provincia de Ituri (noreste), antes de apuntar que hasta la fecha se han confirmado mediante pruebas de laboratorio un total de 64 casos y seis fallecidos.

El Ministerio de Sanidad congoleño ha indicado en un balance publicado en redes sociales que hasta ahora se han detectado 671 casos sospechosos —con 64 confirmados, 60 en Ituri y cuatro en Kivu Norte— y 160 fallecimientos sospechosos —con seis confirmados, cuatro en Ituri y dos en Kivu Norte—.