África es el escenario de la reaparición de un virus que asusta. El ébola ha rebrotado en el corazón del continente en plena histeria mundial por la crisis del hantavirus que nos ha traído los peores recuerdos de la pandemia. La epidemia se ha declarado en una región, la República Democrática del Congo, en la que son recurrentes estos brotes del virus, aunque esta vez hay factores que dificultan su contención.
De entrada, la Organización Mundial de la Salud ha activado las alertas y, si bien cree que el riesgo de epidemia global por este brote es bajo, no ocurre lo mismo con esa región central del continente africano, una región especialmente conflictiva e inaccesible, donde hay mucho miedo y preocupación por la dimensión que ha podido alcanzar el brote hasta que se ha detectado.
Los hospitales están llenos de casos sospechosos. Literalmente no hay espacio para ningún paciente más, aseguran desde Médicos Sin Fronteras, una de las organizaciones que está atendiendo directamente a los afectados por este brote. Su presencia es especialmente relevante en la provincia de Ituri, de donde vienen la mayor parte de los casos que se detectan en la República Democrática del Congo.
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Alan Rodríguez, director de Operaciones de Médicos Sin Fronteras, atiende a Punto de Fuga desde Ginebra. Explica que antes de que se declarase el nuevo brote, esta organización disponía de 400 personas nacionales y 50 internacionales trabajando en diferentes aspectos en las cuatro localidades más afectadas de la República Democrática del Congo, pero, desde que se detectó el brote, su labor se intensificó.
«Casi desde el inicio empezamos a ver pacientes que llegaban con síntomas compatibles con ébola o a pacientes que llegaban y que eran contactos de personas que habían fallecido con síntomas compatibles con ébola», señala Rodríguez. Eso valió para que MSF empezase a coordinarse con profesionales del Ministerio de Salud de la República Democrática del Congo para instalar medidas de seguridad y proteger así a los profesionales médicos. «Y a otros pacientes, que es algo muy importante», añade.
Una variante diferente y menos frecuente
Aunque se trata de una región del mundo donde los brotes por el ébola son frecuentes, esta vez hay varios aspectos que están dificultando el control de su propagación. El más importante es que la variante contra la que se enfrenta la República Democrática del Congo es diferente y menos frecuente.
«Es la tormenta perfecta», lamenta el director de Operaciones de Médicos Sin Fronteras. La cepa de ébola que está causando estragos se llama Bundibugyo y es solo el tercer brote documentado de esta variante, para la que no sirven las vacunas desarrolladas anteriormente. Además, tampoco existe un tratamiento específico. «Es como si nos llevara varios años hacia atrás», indica Rodríguez.

Otro de los grandes problemas con esta variante es que las pruebas de laboratorio para detectar su presencia son diferentes respecto a otras cepas del ébola. Para las otras tres variantes predominantes, basta con llevar una pequeña máquina cerca de los pacientes y con una prueba que arroja los resultados en máximo un par de horas se sabe si la persona está contagiada.
Pero con la variante Bundibugyo. Los análisis de sangre se tienen que mandar hasta Kinsasa, capital de la República Democrática del Congo, y allí es donde se analizan. «Eso origina un retardo para la identificación del virus», como expone Alan Rodríguez, lo que supone que tarde en contenerse su expansión.
La región de Ituri, con muchos problemas
Otra de las grandes complicaciones referentes a este brote de ébola es que se ha declarado en Ituri, una región al noreste de la República Democrática del Congo que es muy conflictiva. Y, además de sus problemas de seguridad, se trata de una provincia que tiene necesidades médicas existentes e importantes que no se limitan solo a esta enfermedad.
Aparte de ébola, Ituri sufre brotes de malaria y sarampión, entre otras enfermedades. «Nosotros hemos aprendido, gracias a nuestro trabajo previo, que cuando tenemos una epidemia de ébola, no podemos solo enfocarnos en el ébola», describe el director de Operaciones de MSF, señalando que es posible que la población tenga tantas necesidades o más en otros aspectos sanitarios como la malaria o la salud reproductiva, por ejemplo.
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A todo ello hay que sumarle las creencias locales. Cuando el ministro de Sanidad de la República Democrática del Congo visitó la región de Ituri, lanzó un mensaje a la población local que decía que el ébola no era una enfermedad mística ni un castigo divino. Alan Rodríguez explica que desde MSF —aunque también desde la comunidad nacional e internacional que lucha contra esta epidemia— tienen que aprender a trabajar mejor con las comunidades y mantener su confianza.
¿Cómo? Reforzando la idea de que los lazos con la comunidad han de ser transparentes y que se debe permitir a los familiares que entierren a sus fallecidos o que vean a los pacientes enfermos, pero siempre de forma segura, desde zonas de aislamiento. «Este es uno de los pilares más importantes, porque no importa qué vacuna o tratamiento tengas; si la confianza con las comunidades se pierde, todo va a ser mucho más difícil», sentencia Rodríguez.
El ébola, una maldición para África Central
Este es el decimoséptimo brote de ébola en la historia de esta región africana, reservorio de este virus que ha venido complicando todavía más la vida de sus habitantes y que realmente es casi como una maldición para esa zona, ya que sigue siendo una de las enfermedades más letales del mundo.
El virus se identificó por primera vez en 1976, cerca del río que le dio nombre, en lo que hoy es la República Democrática del Congo. En un principio se confundió con otras enfermedades frecuentes en la zona, pero la violencia de los síntomas y la rapidez con la que llegaba la muerte sugirieron otra cosa.

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Durante años los brotes fueron pequeños y relativamente aislados hasta 2014, cuando llegó el mayor brote de la historia. Margaret Chan, entonces directora de la OMS, declaró la emergencia pública internacional. Guinea, Sierra Leona y Liberia registraron 28.000 casos y más de 11.000 muertes.
Entonces quedó constancia de la falta de tratamientos eficaces, lo que aceleró la investigación. La OMS puso todos sus medios a disposición. En tiempo récord, en menos de un año, se desarrolló la vacuna. Pero esta solo es eficaz contra una de las cinco cepas que se conocen y, aunque hoy existen sistemas de vigilancia más eficaces y equipos de intervención rápida, es muy complicado rastrear.
