Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido Comunista Cubano, publicó este sábado en X un texto titulado «Cuba: La mentira como arma predilecta en la ofensiva contra Cuba», en el que acusa a la administración Trump de recurrir a «su arma más antigua: la mentira». Lo que el funcionario no advirtió —o prefirió ignorar— es que la frase con la que cierra su post en la red social funciona como una confesión involuntaria del manual socialista: el pueblo de la Isla, en efecto, ya conoce el sabor de las mentiras. Las del régimen que Morales Ojeda representa.

El texto del funcionario denuncia que Washington «manipula descaradamente» al ofrecer una «supuesta ayuda humanitaria» de 100 millones de dólares, califica la presión estadounidense de «práctica oscura» y asegura que «la Revolución ha desenmascarado cada una de estas maniobras». Todo ello aderezado con el hashtag #LaPatriaSeDefiende, por si quedaba alguna duda del género literario al que pertenece el escrito.

Captura de X/@DrRobertoMOjeda

El contexto inmediato del post es la disputa en torno a la oferta de ayuda humanitaria anunciada por el secretario de Estado Marco Rubio el 8 de mayo, condicionada a que la distribución la realizara la Iglesia Católica y organizaciones independientes, sin intermediación del Estado cubano.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla la calificó el 12 de mayo de «mentira de 100 millones de dólares». Días después, el régimen suavizó su postura y dijo estar «dispuesto a escuchar». Y esta misma semana en que Morales Ojeda publica su diatriba sobre las «mentiras» ajenas, EE.UU. enviaba dos aviones con 1.900 kits de alimentos e higiene a Cuba, distribuidos por Cáritas en Santiago de Cuba.

La ironía involuntaria del mensaje es mayúscula si se contrasta con la realidad que Morales Ojeda omite cuidadosamente en sus discursos cotidianos. La economía del país cayó alrededor de un 5% en 2025, acumulando más de un 15% de retroceso del PIB desde 2020, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Los salarios promedio no superan los 14 dólares mensuales, insuficientes para cubrir gastos básicos.

El déficit eléctrico alcanzó los 2.113 MW el 12 de mayo, con apagones de hasta 25 horas diarias en algunas provincias. El propio gobierno reconoció que Cuba no recibía gasolina desde diciembre de 2025. Un ciudadano cubano citado por El País lo resumió con precisión descarnada: «Esto se siente apocalíptico».

Sobre quién miente a quién, los cubanos también tienen una opinión formada. Una encuesta publicada en abril de 2026 reveló que el 94% de los encuestados marcó el mínimo de «ninguna confianza en absoluto» en las principales figuras del gobierno, con una confianza media de 1,1 sobre cinco. Morales Ojeda figura entre los cuadros del régimen que concentran mayor rechazo, junto a Miguel Díaz-Canel, Esteban Lazo, Manuel Marrero y Raúl Castro.

No es la primera vez que el funcionario tiene una relación creativa con los hechos. En diciembre de 2024 afirmó que «medio millón» de personas participaron en la Marcha del Pueblo contra el embargo, cifra que imágenes aéreas redujeron a unas 14.000 personas. Una diferencia de 486.000 almas que, en el vocabulario de Morales Ojeda, probablemente también sería culpa de Washington.

El propio Miguel Díaz-Canel admitió en la Asamblea Nacional del Poder Popular, en diciembre de 2024, que los medios oficiales están «desaprobados» en redes sociales por sus «fallos y omisiones». Es decir, el jefe del régimen reconoció públicamente lo que Morales Ojeda denuncia en otros: la omisión como práctica sistemática.

La frase con la que el funcionario cierra su post —que el pueblo cubano «ya conoce el sabor de las mentiras y el bloqueo»— resulta, en ese contexto, la síntesis más honesta que ha producido en años. Tiene razón: el pueblo cubano conoce ese sabor muy bien. Lo lleva degustando, a la fuerza, desde hace 67 años.

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