Las damas primero es, quizá, la película que la carrera de Sacha Baron Cohen necesitaba —o más bien sus agentes— pero no la que Sacha Baron Cohen se merecía. Y no citamos El caballero oscuro por cualquier cosa: la comedia estrenada en Netflix en la que un seductor publicista se despierta en un mundo dominado por mujeres trata de ser, al menos, tan rabiosamente actual como divertida para toda clase de públicos.
Pero quien mucho abarca poco aprieta, y Las damas primero es una más de esas películas perjudicadas por una aproximación apresurada, poco crítica y simplista de un tema contemporáneo.
En efecto, estamos ante el enésimo comentario de la cultura woke hacia el evidente machismo y control masculino, pero también ante una película mentirosa y manipuladora. Pero no merece la pena cargar las tintas en este sentido ante el film, demasiado blanco y desmañado como para molestar a alguien.
Sí lo haremos por su flagrante falta de imaginación. La película de Thea Sharrock desperdicia todo el legado cómico británico, bien abundante, para al final apuntarse a la vía romántica de realizadores tan brillantes como Richard Curtis. Tampoco es lo peor, pues Rosamund Pike confirma su enorme e infravalorada valía para sostener el film ante la falta de costumbre de Cohen. Por el camino, el film no se decide entre perseguir la vía del humor grosero o el de la comedia clásica de equívocos donde el actor hubiera destacado.
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La forma tampoco ayuda: todo parece apresurado en una comedia colorida donde no cabe ni una sola sombra, tan uniforme y desmañada que no permite conocer ni un ápice a sus formularios personajes o los espacios que recorren.
Todo está pilotado por el mensaje en una película sin anécdotas o gags que se queda en didáctica por la falta de poder de sus elementos cómicos, por su única voluntad de ejercer de pasatiempo de fin de semana para los usuarios de streaming. El resultado es, al final, una comedia tan machista como los comportamientos de los que se quiere burlar.