Se trata de una leyenda del rock de hace medio siglo. Desaliñada, de aspecto andrógino, bohemia en Manhattan adonde llegó desde su Chicago natal en busca de aventuras, sin saber exactamente cuál sería su inmediato futuro. Porque ya la infancia y adolescencia de Patti Smith no fueron precisamente un paraíso.

Hija de unos padres seguidores de los testigos de Jehová, se despertó en ella a los ocho años una afición a la poesía, toda vez que, ávida, leyó un libro que le regaló su madre, Canciones de inocencia y experiencia. No puede asegurarse que tuviera una infancia rebelde, en un hogar de clase media obrera.

A los dieciséis años descubrió a Arthur Rimbaud. Y de los poemas de este pasó a la escucha de las canciones de Bob Dylan, en un disco que también le regaló su madre: como ven, quien más alentaba a Patti en cuanto a su educación. Pues tras Rimbaud quedó entusiasmada con la poesía de Verlaine y Baudelaire.

Patti estudiaba en la universidad cuando la expulsaron a sus diecinueve años: se había quedado embarazada. El niño que tuvo lo cedió a una institución que se hacía cargo en esas circunstancias.

En Chicago no encontraba el lugar adecuado para desarrollar lo que ambicionaba en su mente repleta de fantasías, y recaló en Nueva York en 1967. Buscó en Manhattan el sitio ideal para adentrarse en la bohemia de entonces. Y para ir tirando y no mendigar, hubo de trabajar en una sucia fábrica, luego en una librería encargada de la caja registradora. Poco a poco, se fue relacionando con aquella multitudinaria movida, mientras no dejaba de pintar y escribir. Trató de introducirse en ambientes donde se practicaba el R&B.

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El hotel de intelectuales y rockeros

Vivía Patti Smith en el Hotel Chelsea, donde también estaban Allen Ginsberg, Dylan Thomas, Leonard Cohen, Bob Dylan, Keith Richards, Janis Joplin, Jimi Hendrix… Estaba en su salsa. «Yo llegué al rock and roll por razones políticas; quería ser como uno de esos héroes de la revolución norteamericana». Con Sam Shepard colaboró en la autoría de una obra teatral, Cowboy Mouth.

Transcurría 1967 y una de las primeras personas con las que Patti Smith intimó fue el fotógrafo Robert Mapplethorpe, que era entonces muy activo en su profesión, donde estaba muy acreditado. Decidieron vivir juntos. La ayudó en sus primeros contactos con el mundillo musical y hasta le pagó la grabación de su primer disco de dos canciones. En 1971 dio su primer concierto en una iglesia. Los pensamientos religiosos centrarían una parte de su producción musical. Por ejemplo, en Gloria, donde decía: «Dios murió por los pecados de alguien / pero no por los míos». No era en ella algo nuevo pues en su infancia ya se preguntaba por la existencia divina.

A Patti le interesaba también publicar un libro. Fechado en 1972 fue Seventh Heaven. Colaboró en varias revistas rockeras. Comenzó a leer a Paul Bowles, a Jean Genet.

«Horses» fue su despliegue

Con aquellas lecturas de escritores y sobre todo poetas franceses, Patti emprendió viaje a París, que la deslumbró. Y una de las primeras visitas que hizo fue al cementerio de Père Lachaise, en donde desde tiempo inmemorial están enterrados grandes nombres de la literatura y el arte. A Patti le interesaba estar ante las tumbas de Arthur Rimbaud y Jim Morrison.

Por esa época formó el Patti Smith Group. Y en 1975 dio a conocer Horses, reconocida como su canción más emblemática, disco que le produjo John Cale, donde evocaba el amor, el sexo, la vida, con el brío de una amazona subida a un caballo.

Más o menos en esos años también viajó por vez primera a España; paseó por las Ramblas barcelonesas, estuvo en Badalona. Y comenzaría su idilio con nuestra cultura de la que le atraía fundamentalmente la poesía de Federico García Lorca. Cuando le fue posible estuvo en Granada y se acercó a lugares lorquianos, como la Huerta de San Vicente, lugar de vacaciones de la familia del poeta de Fuentevaqueros.

A lo largo de los años fueron varias sus estancias en nuestro país, la última para actuar en el Teatro Real de Madrid, cuando el pasado 2025 se cumplía el cincuentenario de Horses.

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«Todo lo que he hecho ha sido por la poesía»

A Patti Smith hay que situarla en una generación a la que pertenecen Bob Dylan, Lou Reed y también, entre muchos otros, Bruce Springsteen. Con ella se quebró aquel tópico de que las mujeres no podían ser nunca estrellas del rock.

Como escritora, Patti cultivó la poesía simbolista, y está incluida entre quienes formaron parte de la contracultura. William Burroughs y Allen Ginsberg, gurús de ese movimiento, eran sus amigos.

Dotada de una poderosa imaginación siempre ha presumido de tener ideas nuevas. Inconformista, transgresora, ha llevado una vida sin importarle nunca que la consideraran un ídolo en el mundo del espectáculo. Recordamos esto dicho por ella: «Nunca soñé con ser una estrella del rock. Y sí deseaba ser escritora, poeta o pintora. No pensé en expresarme a través del rock and roll salvo para bailar al ritmo de la música. En cualquier caso, todo lo que haya hecho ha sido a través de la poesía».

Le han preocupado siempre problemas de la gente necesitada de ayuda. Protestó muchas veces en las marchas en pro de los derechos civiles, en defensa de la democracia, en contra de cualquier guerra, y más ahora, cuando son varios los conflictos bélicos que asolan el mundo.

En sus canciones, siempre las vincula con la naturaleza, la muerte y la fe. No piensa que las que pueda componer en adelante tengan que ver con la IA, creyendo que donde debe utilizarse es en medicina.

Escribió su autobiografía, Pan de ángeles, uno de sus veinte libros publicados, casi todos de poesía. Once son sus álbumes de estudio. Cuando murió su marido, el guitarrista de MC5 Fred Sonic Smith, a causa de un infarto, a los cuarenta y seis años, se derrumbó y estuvo dieciocho años retirada, al cuidado de sus hijos. Sus amigos acudieron en su ayuda y Springsteen le cedió varias composiciones para que reapareciera. No era la primera vez que lo hacía: recordamos un dúo de la pareja, grabado en 1978, Because the Night. Dos años más tarde es cuando se casó, retirándose a Detroit.

Pero cantar era parte de su vida y aceptó irse de gira con Bob Dylan, que la apreciaba mucho.

Cuando va a cumplir ochenta años, ha dicho que este premio que recibirá en Oviedo de manos de la princesa Leonor el próximo 23 de octubre le proporciona una gran energía, después de tanto tiempo de trabajo. Ha tenido la cortesía de escribirle una carta a la primogénita de nuestros Reyes agradeciéndole el galardón con muy bonitas palabras.

«Creo que me queda un disco por grabar, el último fue en 2012, Banga».No le falta ilusión todavía a esta creadora de tantas canciones poéticas, aunque también hizo otras totalmente en dirección opuesta, como fueron las de los tiempos del punk. Todo un personaje.