Decenas de vecinos de La Habana Vieja salieron a las calles en la noche del domingo y gritaron «¡Libertad!» en Calle Monte esquina Figuras durante un apagón que se extendió por horas, en una protesta que no se detuvo ni cuando regresó la electricidad.

Las imágenes, captadas por Gilberto Dorrego TV y CubaNet Noticias, muestran a los manifestantes cerrando la calle, encendiendo fogatas y golpeando cazuelas al unísono mientras la oscuridad cubría el barrio.

Lo más significativo ocurrió cuando volvió la luz: la gente no se fue.

Lejos de dispersarse al restablecerse el servicio eléctrico, una parte de los manifestantes permaneció en la calle continuando con los gritos de «¡Libertad!», una señal de que el reclamo ya no era solo por la corriente, sino contra el sistema político que gobierna Cuba.

El apagón del domingo se produjo en un contexto de colapso energético sin precedentes. La Empresa Eléctrica de La Habana confirmó que ese día el servicio fue interrumpido durante 23 horas y 11 minutos, con una afectación máxima de 479 MW a las 11:30 pm.

La causa directa fue una nueva avería de la termoeléctrica Antonio Guiteras -la planta más potente del país-, que salió del sistema por un «poro en el economizador», su novena o décima falla en lo que va de 2026.

Apenas seis días antes, la Guiteras había sido sincronizada al sistema tras reparaciones. Un directivo de la planta negó que las fallas recurrentes se deban a reparaciones mal ejecutadas, pero los hechos hablan por sí solos.

Para este lunes, la Unión Eléctrica proyectó un déficit de 2,147 MW en el pico nocturno, con solo 1,133 MW disponibles frente a una demanda de 3,250 MW.

La protesta del domingo no es un hecho aislado. Desde el 13 de mayo, los cacerolazos se han repetido casi a diario en distintos puntos de la capital, con consignas que van desde «¡Corriente y comida!» hasta «¡Abajo la dictadura!».

El 21 de mayo, una protesta en Alamar terminó con represión policial y al menos una detención.

Un día después, la policía amenazó a un cuentapropista que había participado en un cacerolazo cerca de la casa de Mariela Castro en Siboney.

Mientras los barrios populares permanecen a oscuras durante casi todo el día, hoteles de lujo e instalaciones gubernamentales mantienen electricidad propia mediante generadores.

La propia Oficina de Turismo de Cuba en Londres reconoció que los hoteles cuentan con «sistemas de alimentación independientes y generadores de respaldo», una desigualdad que alimenta la indignación ciudadana.

El Observatorio Cubano de Conflictos contabilizó 1,133 protestas en abril de 2026 y 176 actos represivos, incluyendo detenciones arbitrarias, citaciones e interrogatorios.

Un estudio publicado este mes reveló niveles extremadamente severos de depresión, ansiedad y estrés en la población cubana asociados directamente a los apagones prolongados, una consecuencia más de 67 años de gestión dictatorial que ha llevado el sistema eléctrico al borde del colapso total.

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