Álvaro Folgueiras es una de las grandes promesas del baloncesto español que a día de hoy juega en la NCAA. Tras firmar una gran temporada en Iowa, donde dejó una de las imágenes del March Madness con un triple decisivo, el ala-pívot inicia ahora una nueva etapa en los Louisville Cardinals. Formado entre España y Estados Unidos, Folgueiras representa a una generación de jóvenes que ha encontrado en el baloncesto universitario una vía de crecimiento deportivo y personal. En esta entrevista con SPORT, habla de su experiencia americana, del peso de la familia, del sueño NBA y de su ambición por seguir haciendo ganar a los equipos que representa.

Álvaro Folgueiras, en el último training camp con la selección / Alberto Nevado (FEB)
¿Qué tal ha sido está siendo esta experiencia en el Training Camp con la selección?
Muy bien. Después de un par de meses con un ritmo competitivo más bajo, porque la temporada acabó en marzo y había que sacar un poco los estudios, qué mejor forma de volver a tocar la pelota naranja con continuidad que hacerlo con gente que conozco de toda la vida y con la que comparto un montón de cosas. Estoy muy contento por estos cinco días y por todo lo que me llevo.
Justamente, estos días coincidís muchos jugadores españoles que competís en universidades estadounidenses. ¿Qué valor tiene para ti compartir esta experiencia con compañeros que viven una situación parecida a la tuya?
Con poca gente tendré más cosas en común, la verdad. Te satisface poder compartir experiencias de todo tipo. Al final, la experiencia universitaria norteamericana es, cuanto menos, singular. Estoy bastante contento y también orgulloso de que muchos de mis amigos estén triunfando al otro lado del charco.
La marcha de jóvenes talentos españoles a la NCAA genera debate en nuestro país. Algunos lo ven como una pérdida para el baloncesto nacional. ¿Cómo lo interpretas tú desde dentro?
Bueno, al final el baloncesto evoluciona y Estados Unidos es interesante para los jóvenes por muchas razones. Es algo que no podemos obviar y con lo que es difícil competir en Europa. Este es el camino para muchos y es lo que parece que es más eficiente.
¿Os ofrecen muchas más facilidades allí?
Sin duda. Al final, los jóvenes tenemos que jugar, y Estados Unidos también está para eso: para aumentar la probabilidad de mejorar. Compartir equipo con gente de tu edad es una ventaja muy grande. También a nivel de calidad de vida. En general, si quieres compaginar estudios y baloncesto es complicado. En Estados Unidos nos dan muchas facilidades de todo tipo y, al final, la calidad de vida es mayor y la experiencia es única.
«Si quieres compaginar estudios y baloncesto, en Europa es muy difícil por muchas razones. Allí nos dan muchas facilidades de todo tipo y, al final, la calidad de vida es mayor y la experiencia es única»
Más allá de los partidos, ¿qué diferencias encuentras entre el ecosistema universitario estadounidense y el baloncesto que se vive en Europa?
Sí, hay muchas diferencias. Los recursos son infinitos. Cuando hay tanta gente siguiendo el baloncesto, que no deja de ser información, la posibilidad de desarrollarte se incrementa muchísimo. Es otro baloncesto, es otro mundo. No se puede comparar. Cada joven tiene su camino: puede ser Estados Unidos o puede ser Europa. La realidad es que tiene que ser un camino personal e intransferible, con el único objetivo de convertirte en el mejor jugador de baloncesto que puedas ser.
Vienes de completar una buena temporada en Iowa. ¿Qué factores te llevaron a tomar la decisión de cambiar de universidad y entrar en el transfer portal?
Yo en Iowa estaba contento. Estaba muy a gusto. Salía desde el banquillo, pero a mí me importa ganar; para mí eso no era un problema. Al final de la temporada competimos muy bien. Pero por razones técnicas y deportivas, al no asegurarme nada más de ningún tipo, y sabiendo lo que yo podía hacer y obtener en otra universidad a nivel de todo, fue una gran diferencia. Fue una razón importante para que pusiera mi nombre en el transfer portal.
¿Qué ha significado Iowa para ti?
Iowa tiene aquí un fan para siempre y un Hawkeye que los va a estar añorando, porque por muchas razones ha sido un año espectacular. El vestuario estaba súper unido, la gente de Iowa es gente de verdad, con la que me he sentido muy identificado. Estoy muy contento por este año y también con ilusión por lo que está por llegar.
El March Madness es una competición que puede cambiarte la vida y la carrera radicalmente. Desde fuera se percibe como un fenómeno casi único en el deporte universitario. ¿Cómo se vive desde dentro una competición con tanta presión y tanta atención mediática?
Sí, y lo que te cuente se queda corto, la verdad. Todo el país se paraliza. Hay mucha gente viéndote. Esa es la presión que tienen mis compañeros, pero yo, como no me he criado en ese entorno, lo vivo de otra manera: solo jugaba un partido de baloncesto. Me monto en el bus, me sueltan en un pabellón y juego a la pelota. Esa presión la tienen ellos; yo no cuento con ella ni quiero contar con ella.
Tu triple en el último segundo ante Florida en el March Madness dejó un momento para la historia. ¿Eres consciente de que esa jugada puede acompañarte durante toda tu carrera?
Sí. Esos son momentos que tienes que disfrutar muchísimo y que tienes que maximizarlo todo, porque pasan una vez en la vida. Trabajamos muchas horas en esto y al final es importante disfrutar de esos momentos en los que estás arriba, porque le dan sentido a todo ese esfuerzo y a todo lo que sacrificas en el día a día, tanto a nivel social como deportivo.
Tras esa canasta, una de las imágenes más emotivas fue tu conversación con tu madre. ¿Qué papel ocupa tu familia en momentos tan importantes?
Yo soy un tipo muy familiar, por eso me pesa un poco más estar en Estados Unidos, no te lo voy a negar. Mi madre lo es todo para mí por muchas razones, y compartir ese momento con ella e involucrarla en algo tan especial era algo que sentí que tenía que hacer.
«Trabajamos muchas horas en esto y al final es importante disfrutar de esos momentos en los que estás arriba, porque le dan sentido a todo ese esfuerzo y a todo lo que sacrificas»
Con la distancia y las exigencias de la temporada, ¿cómo vive tu familia tu etapa en Estados Unidos?
No, una vez al año. Mi hermano, cuando puede, viene, pero también juega en Irlanda. Mi madre suele venir una vez al año, a un par de partidos y listo. Le tocó venir a uno bueno.
Mirando al futuro, ¿qué metas te marcas en esta nueva etapa y qué tipo de jugador aspiras a ser?
Quiero seguir disfrutando del baloncesto día a día, eso no se pierde nunca. Y, al final, hacer ganar a mi equipo. Solo quiero retirarme y que la gente piense que soy buena persona y que he hecho ganar a mi equipo. De momento, puedo decir orgulloso que es algo que me caracteriza y que me diferencia como jugador. Allá donde he ido he tenido la posibilidad de ser influyente en mi equipo y hacerlo ganar, y ese es mi único objetivo.