Tras haber completado juntos el Camino de Santiago hace 33 años, tres vecinos de Toro han vuelto a subirse este martes, 26 de mayo, a la bicicleta para repetir una experiencia que aún hoy recuerdan con cariño. José Vergel Alonso, su padre, José Vergel Vasallo; y Héctor Martín Hernández, afrontan de nuevo esta vivencia más de tres décadas después, pero con la misma ilusión de entonces: llegar pedaleando juntos a Santiago de Compostela.

La anterior vez fue en 1993, coincidiendo con un Año Jacobeo. En aquel momento, José tenía 13 años, su padre 37 y Héctor 15. Los tres compartían afición por el ciclismo y “lo hicimos por deporte y por la aventura”, explica Vergel, quien también rememora que, cuando su padre les comentó la idea, “estábamos como locos”, en referencia a las ganas con las que esperaban el inicio de aquella experiencia.

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Los tres vecinos de Toro, en su llegada a Santiago de Compostela en 1993. / Cedida

Aquel primer Camino lo realizaron en bicicleta de carretera y en cinco etapas desde Toro hasta Santiago, tomando en Astorga la ruta del Camino Francés. Esta vez, sin embargo, optarán por bicicletas de montaña y recorrerán el Camino Sanabrés en seis etapas. De esta forma, la intención del grupo es completar el trayecto el domingo 31 de mayo.

“Al final, los años son los años y van pesando, entonces intentaremos hacerlo un poco más liviano”, explica Vergel, recordando que su padre ha cumplido recientemente 70 años.

Sin teléfonos móviles, los tres peregrinos se apoyaban en un libro de rutas y en las indicaciones que recibían en los pueblos. Sin embargo, era principalmente Vergel Vasallo quien guiaba al grupo, ya que estaba familiarizado con el recorrido por su experiencia como transportista, según explica su hijo.

Hace más de tres décadas, Vergel reconoce que el Camino no contaba con el mismo número de albergues ni de peregrinos que en la actualidad, considerando que entonces “no estaba tan de moda”, mientras que ahora «está más preparado».

En este contexto, recuerda cómo “dos o tres veces” tuvieron que dormir sobre esterillas colocadas directamente en el suelo. En concreto, rememora su experiencia en un albergue situado en el puerto de Piedrafita, señalando que se trataba de “un punto de referencia”, por lo que llegaron a coincidir “unas 40 o 50 personas” durmiendo en una misma «sala grandísima«. “Ese fue uno de los días que recordamos un poco durillos”, expresa Vergel, quien añade con humor: “Ahí nos tocó tirar de esterilla y dormir en el suelo”.

Asimismo, recuerda el tránsito por vías convencionales, pero también un desvío que les llevó a recorrer, con las bicicletas de carretera, senderos marcados por el paso de animales. “Las ruedas eran finas, y más las de antes”, señala, explicando las dificultades que se sumaron en aquel trayecto al constante peso de las alforjas y las mochilas. “Fue exactamente una aventura”, describe.

Ahora, más de tres décadas después, este grupo vuelve a afrontar esta experiencia, en la que el origen y el destino están separados por alrededor de 380 kilómetros, pero unidos por la ilusión de reencontrarse con los paisajes, las conversaciones y las sensaciones de una vivencia compartida que no ha perdido la intensidad en el recuerdo de este grupo.

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