Hay un personaje que no necesita presentación en los pasillos de Centroamérica Cuenta. Se mueve con la ligereza de un espectro y la precisión de un cirujano entre los salones de conferencias, los cócteles nocturnos y las mesas compartidas. La semana pasada, mientras Panamá se convertía en el epicentro de la palabra y el debate de una región golpeada por la violencia y los autoritarismos, pero indomable, él volvía a hacer lo que mejor sabe: capturar el alma de la literatura hispanoamericana. Es Daniel Mordzinski, “el fotógrafo de los escritores”, un creador que no solo asiste a la fiesta de las letras, sino que la dota de memoria visual.
En esta edición del festival su lente ha estado siempre presente, mimetizándose con el entorno en una discusión acalorada sobre la censura y el exilio, perdiéndose entre el murmullo de una presentación editorial o capturando la risa franca, desarmada, de un autor en medio de una cena entre las mesas del enorme comedor del Hotel Central, en el corazón colonial de esta ciudad canalera.
El Festival Centroamérica Cuenta ha reunido en Panamá voces de la literatura, el periodismo y la creación contemporánea que el fotógrafo retrata para como homenaje de una región indomable
Aunque Mordzinski afirma de que “no hay un método mordzinski ni una receta“, él ha convertido su particular técnica para retratar autores en un capítulo propio de la fotografía moderna. El fotógrafo argentino, afincado en París de corazón itinerante, posee el raro don de hacer cómplice hasta al más tímido de los escritores. Sabe cuándo desaparecer para que emerja el gesto genuino, la mirada cansada tras horas de debate o la complicidad ruidosa de una fiesta caribeña.
Las imágenes que componen esta fotogalería son el testimonio de esa tregua que el festival ofrece a los creadores de la región: un espacio donde Panamá sirvió de refugio y altavoz para pensar el istmo. Aquí aparece la lingüista mexicana Yásnaya Aguilar Gil, en medio del erótico follaje panameño, luciendo una falda tan verde como el de esa selva hirsuta. El retrato del escritor Junot Díaz, agazapado al lado de una palmera, evoca su pasado de migrante, con sus dolores y triunfos personales. El español Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, se echa una siesta, con los brazos entrelazados detrás de la cabeza, en pleno lobby del hotel, ahogando el asfixiante calor tropical con una guayabera azul. Graciosísimo es el retrato de Rubén Blades con su rostro rodeado de sombreros Panamá, así como elegante el de la colombiana Patricia Janiot, captada entre ruinas coloniales. Y no podía faltar Sergio Ramírez, retratado con la L de Libertad, la letra que indica la posición que ahora ocupa en la Real Academia de la Lengua.
Mirar esta serie de retratos es recorrer el festival desde adentro, lejos de la intimidación del micrófono. Aquí están los rostros de la Centroamérica Cuenta de 2026: el compromiso intelectual, el abrazo del reencuentro y la lucidez de quienes narran una realidad compleja. Mordzinski retrata la humanidad detrás de la firma de libros. Esta es una crónica visual que demuestra que, a veces, un disparo certero, de los buenos, cuenta la historia de una región de manera tan profunda como la mejor de sus novelas.
