Un equipo de biólogos de la Universidad estadounidense de Virginia Tech ha dado un paso fundamental para comprender cómo progresan y evolucionan los tumores, un avance clave para conocer por qué algunas enfermedades oncológicas resultan más letales que otras. Sus hallazgos se han publicado de forma paralela en las prestigiosas revistas científicas Actas de la Academia Nacional de Ciencias y Cancer Research.

La mayor parte de las células sanas del cuerpo humano son diploides, lo que significa que albergan dos copias de cada cromosoma, una heredada de cada progenitor. En condiciones normales, una célula diploide se divide para generar más células de las mismas características. Sin embargo, en ocasiones se produce un fallo durante la división que altera este delicado equilibrio genético. Como si se tratara de un error en una cadena de montaje, este defecto se replica y comienza a acumularse, dando lugar a diversas patologías.

Esta acumulación de errores cromosómicos es una de las principales vías por las que se desarrolla el cáncer. Durante los últimos cinco años, las investigadoras Megan Sweet y Daniela Cimini, junto al estudiante de posgrado Matt Bloomfield, han analizado en profundidad células con un número anormal de cromosomas, una de las señales inequívocas de la presencia de un tumor.

La tetraploidización

Para llevar a cabo sus estudios, el equipo obligó a células cancerosas diploides a duplicar sus cromosomas sin llegar a dividirse, creando así células tetraploides con cuatro conjuntos genéticos completos. Este fenómeno no se limita al laboratorio, ya que cuando la tetraploidización ocurre de forma natural en humanos, se asocia con un empeoramiento clínico y un pronóstico mucho más desfavorable.

Relacionado

Al comparar tumores formados por células diploides con aquellos derivados de células tetraploides en ratones, los científicos observaron una aparente paradoja: aunque el número de células tetraploides disminuía, la masa tumoral crecía a gran velocidad. Este crecimiento descontrolado estaba impulsado por el reclutamiento de células estromales, un tipo de tejido conectivo no canceroso que proporciona soporte estructural al tumor. «La presencia incluso de una pequeña fracción de estas células tetraploides puede promover el reclutamiento de células no cancerosas adicionales que favorecen una mayor progresión del tumor«, explica Sweet.

En una segunda fase de la investigación, el equipo aisló clones unicelulares tetraploides y se topó con un hallazgo inesperado relacionado con su tamaño. Aunque anticipaban que estas células serían el doble de grandes debido a su exceso de material genético, algunas resultaron ser hasta un 30 por ciento más pequeñas de lo normal. Curiosamente, los clones más pequeños resultaron ser los más agresivos, mostrando un crecimiento acelerado, mayor capacidad invasiva y una elevada tolerancia a los fármacos habituales contra el cáncer.