El skin longevity consiste en lograr que las células mantengan su funcionalidad el mayor tiempo posible. Mónica Lizondo, farmacéutica, cofundadora y CEO de SEGLE, explicó en Eventofarma, organizado por Microcaya, que la mitocondria actúa como la central energética de las células y representa uno de los ejes del envejecimiento intrínseco. Con el paso del tiempo, …
El skin longevity consiste en lograr que las
células mantengan su funcionalidad el mayor tiempo posible. Mónica Lizondo,
farmacéutica, cofundadora y CEO de SEGLE, explicó en Eventofarma,
organizado por Microcaya, que la mitocondria actúa como la central
energética de las células y representa uno de los ejes del envejecimiento
intrínseco. Con el paso del tiempo, los mecanismos antioxidantes disminuyen
y aumenta el estrés oxidativo asociado a la acumulación de radicales libres.
Profundizó en el NAD+, una coenzima implicada en
numerosos procesos celulares relacionados con el metabolismo y el
envejecimiento. Entre sus funciones biológicas, destacó su papel en la producción
de energía celular mediante ATP, la activación de sirtuinas vinculadas a
la longevidad y la participación en mecanismos de reparación del ADN.
La ponente comentó además que el NAD+ interviene en procesos de autofagia y
control del envejecimiento celular, así como en la regulación de la inflamación
crónica de bajo grado. Todo ello ha convertido a esta molécula en uno de los
principales focos de interés dentro de la investigación en envejecimiento
saludable y medicina preventiva.
La desregulación metabólica asociada al envejecimiento
favorece procesos de glicación y formación de AGEs (advanced
glycation end-products), compuestos que se generan cuando el exceso de glucosa
se une de forma irreversible a proteínas como el colágeno o la elastina. Según
expuso Lizondo, esta acumulación se relaciona con rigidez tisular, inflamación
crónica, estrés oxidativo y disfunción mitocondrial, aparte de contribuir al
deterioro celular progresivo. Recordó que fenómenos como la resistencia a la
insulina o el desequilibrio en la señalización de nutrientes
desempeñan un papel relevante en este proceso, cada vez más vinculado al
envejecimiento biológico y a distintas patologías metabólicas.
AGE Reader, de Microcaya, es una herramienta diseñada
para medir de forma no invasiva la acumulación de AGEs en los tejidos,
especialmente en la piel. Su interés radica en que estos compuestos se
relacionan con procesos de estrés oxidativo, inflamación crónica y deterioro
celular asociados tanto al envejecimiento como a patologías metabólicas.
Respecto al papel de la microbiota cutánea en el
envejecimiento intrínseco y en la resiliencia de la piel, apuntó que
el equilibrio de microorganismos presentes en la superficie cutánea contribuye
a funciones como la regulación del sistema inmunitario, la defensa frente a la
radiación ultravioleta y la modulación de procesos inflamatorios y del pH.
Cuando se produce una disbiosis cutánea, ese equilibrio se altera y
pueden aparecer o agravarse patologías como acné, dermatitis atópica o rosácea.
Preservar una microbiota cutánea saludable se relaciona cada vez más con
estrategias de prevención del envejecimiento y mantenimiento de la salud de la
piel. «La microbiota ayudará a dar resistencia a la función barrera y a
determinar la resiliencia cutánea«, afirmó. Añadió que, sin una
microbiota sana, no puede mantenerse una piel sana.
Presentó una nueva «pirámide de salud y belleza
cutánea» basada en una visión más biológica del envejecimiento de la
piel. En la base de esta estrategia situó los prebióticos, postbióticos
y activos respetuosos con la microbiota cutánea, considerados
fundamentales para mantener el equilibrio de la piel. A partir de ahí, defendió
la importancia de proteger las enzimas mitocondriales y el ADN celular, junto
al uso de antioxidantes y fotoprotección. En niveles superiores de la pirámide
incluyó ingredientes como retinoides, alfa-hidroxiácidos y péptidos, dentro de
un enfoque que busca no solo mejorar la apariencia estética, sino intervenir
sobre mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento cutáneo.
La experta exploró nuevas líneas de investigación centradas
en los postbióticos y su relación con la salud cutánea y la exposición
solar. Habló de cómo la microbiota puede generar moléculas beneficiosas para la
piel mediante procesos de metabolización bacteriana, abriendo la puerta al
desarrollo de activos biotecnológicos orientados a mejorar la resiliencia
cutánea. Entre los compuestos que mencionó figuraron las urolitinas, asociadas
a efectos antioxidantes, y las melaninas microbianas, pigmentos naturales con
potencial protector frente a la radiación ultravioleta.
Aseguró que el futuro de la cosmética biotecnológica pasa
por la cosmética de precisión y por la personalización basada en el microbioma.
Anunció que «esto no está tan lejos», gracias al desarrollo de test
específicos. Más complejo resulta, a día de hoy, utilizar cepas vivas de
probióticos para conseguir que colonicen la piel y permitan reequilibrarla. Lo
definió como «un reto totalmente técnico» en el que ya trabajan
distintas compañías. Incluso planteó la posibilidad futura de combinar
probióticos en fórmulas magistrales personalizadas.
Andrea Freire, gestora de farmacias en Gema
Herrerías, se encargó de abordar la evaluación de la función barrera
cutánea. «La función barrera lo cambia todo, es la base de cualquier
rutina básica», aseveró. Avisó de que, «si la barrera falla, el
tratamiento falla».
La pérdida transepidérmica de agua (TEWL, por sus siglas
en inglés) es, tal y como explicó, uno de los principales indicadores de la
función barrera de la piel. Este parámetro mide la cantidad de vapor de agua
que atraviesa el estrato córneo hacia el exterior y permite evaluar la
capacidad de la piel para mantener la hidratación y protegerse frente a
agresiones externas. Cuando la barrera cutánea está alterada, la TEWL aumenta,
reflejando una mayor permeabilidad y deterioro funcional. Freire relacionó este
fenómeno con procesos de inflamación, envejecimiento cutáneo y distintas patologías
dermatológicas.
La dermis, aunque no ejerce directamente la función
protectora de la epidermis, también participa en la salud barrera. La
ponente informó de que la función barrera de la piel depende de la interacción
de cuatro grandes grupos biológicos interdependientes: el microbiológico,
relacionado con la microbiota cutánea; el físico, formado por
corneocitos y lípidos que mantienen la estructura de la barrera; el inmunitario,
vinculado a citoquinas y péptidos antimicrobianos; y el químico,
asociado al manto ácido y al factor natural de hidratación. El equilibrio entre
estos sistemas resulta esencial para regular la TEWL y controlar los procesos
inflamatorios cutáneos.
Profundizó en el llamado Factor Natural de Hidratación
(FNH), un conjunto de compuestos presentes en los corneocitos que
desempeñan un papel esencial en el mantenimiento de la hidratación cutánea. Detalló
que este sistema actúa como una «esponja» capaz de captar y retener
agua, ayudando a preservar el equilibrio hídrico de la piel y a prevenir la
sequedad. El FNH deriva en parte de la degradación de proteínas como la
filagrina y está formado por aminoácidos, urea, minerales y otros compuestos higroscópicos.
Además de mantener la hidratación, contribuye a la correcta descamación de las
células superficiales y ayuda a limitar la pérdida transepidérmica de agua,
especialmente en condiciones ambientales adversas como frío o baja humedad.
Freire recordó que la disbiosis y la microbiota
se han convertido en una de las grandes tendencias dentro del cuidado
dermatológico. El sol puede alterar ese equilibrio cutáneo, al igual que
factores endógenos como el estrés. Del mismo modo, insistió en la necesidad de
mantener equilibrado el sistema inmunitario, dado que regula buena parte de la
respuesta inflamatoria de la piel.
La especialista dejó una idea clara sobre la piel sensible. No
debe entenderse como un tipo de piel permanente, sino como un estado reversible
relacionado con alteraciones de la función barrera cutánea. Comentó que la
sensibilidad suele asociarse a deshidratación y deterioro de esa barrera
protectora, pudiendo aparecer tanto en pieles secas como grasas. Reparar la
función barrera y restaurar el equilibrio cutáneo puede ayudar a reducir la
sensibilidad y mejorar la tolerancia de la piel frente a agresiones externas.
El papel de la farmacia resulta especialmente
relevante como «primera línea asistencial». Desde la farmacia
comunitaria puede ofrecerse una solución o derivar al paciente cuando sea
necesario. Freire hizo hincapié en la importancia del seguimiento
profesional. En A5, la farmacia de Gema Herrerías, trabajan con un protocolo
normalizado que incluye una entrevista integrativa y un estudio de arrugas,
imperfecciones, función barrera, tipo de piel, pigmentación y flacidez. Todo
ello se realiza mediante herramientas como Visioscope PC-35, Cornemeter,
Corneofix F-20, Sebumeter, Sebufix F-16, Mexameter y Cutometer. A partir de ese
dermoanálisis establecen un Código Piel propio con el tipo de
piel, el estado de la función barrera y las prioridades cutáneas, para
posteriormente proponer una rutina personalizada y el método GH adaptado a las
necesidades de cada paciente.