Carla Escuder, farmacéutica y dietista-nutricionista en Farmacia Escuder y Nutriestudio, y Óscar Llansó, de Farmàcia Llansó y vocal de alimentación y nutrición del COF de Barcelona, centraron su intervención en la innovación aplicada a la consulta nutricional y en la relación entre nutrición y equilibrio emocional. Bajo el título Más allá de las calorías, cuestionaron …

Carla Escuder, farmacéutica y dietista-nutricionista
en Farmacia Escuder y Nutriestudio, y Óscar Llansó, de Farmàcia
Llansó y vocal de alimentación y nutrición del COF de Barcelona, centraron
su intervención en la innovación aplicada a la consulta nutricional y en
la relación entre nutrición y equilibrio emocional. Bajo el título Más
allá de las calorías
, cuestionaron el abordaje clásico de la pérdida de
peso basado únicamente en «comer menos y moverse más».

«La bioimpedancia avanzada ayuda a no quedarse en la
superficie
. El peso total no nos dice nada, no tiene nada que ver
con la salud metabólica», sostuvieron. Los especialistas defendieron una
visión más integrativa, basada en cuatro pilares: nutrición, actividad
física, higiene del sueño y salud emocional
.

Durante la sesión detallaron igualmente el papel del
cerebro en la regulación del apetito
y la existencia de situaciones de
hambre hedónica, en las que el organismo continúa comiendo pese a no necesitar
energía. Para objetivar estos procesos, utilizan tecnologías como InBody,
capaces de medir agua corporal total, masa grasa, masa magra o ángulo de fase.

«El músculo es el gran órgano endocrino de nuestro
cuerpo. La grasa nos da problemas de saciedad y muchas repercusiones»,
indicaron.

Uno de los conceptos que más interés despertó fue el ángulo
de fase
, parámetro obtenido mediante bioimpedancia que permite evaluar la calidad
celular
y el estado funcional del organismo. Los ponentes
reconocieron que «hablar de ángulo de fase es un poco lío», aunque
insistieron en su creciente relevancia clínica.

Este indicador refleja la relación entre resistencia y
reactancia eléctrica de los tejidos y se asocia a factores como integridad
celular, hidratación y masa muscular. Frente a parámetros tradicionales como el
peso o el índice de masa corporal, aporta información sobre la calidad de los
tejidos y sobre cómo se encuentra realmente el organismo.

Por ello, cada vez gana más presencia en estrategias de
control de peso, nutrición clínica y seguimiento de pacientes en farmacia
comunitaria. Ambos especialistas contaron que suelen combinarlo con
herramientas como Max Pulse para evaluar el estrés fisiológico y la
resiliencia al estrés.

«Con esta tecnología se puede mirar cómo está el paciente
por dentro», apuntaron. Del mismo modo, recalcaron la importancia del
descanso y del seguimiento continuado desde la farmacia. Aseguraron que «estos
seguimientos funcionan y se puede ir corrigiendo».

Profundizaron además en los distintos fenotipos de
obesidad
descritos en la literatura científica, entre ellos el hambre
emocional
, el cerebro hambriento, el estómago hambriento o el
metabolismo lento.

La dificultad para mantener el peso perdido ocupó otra parte
relevante de la ponencia. Tras adelgazar el organismo activa mecanismos
biológicos de adaptación dirigidos a recuperar reservas energéticas
, Disminuyen
hormonas relacionadas con la saciedad, aumentan las vinculadas al hambre y se
reduce el gasto energético.

Estas adaptaciones favorecen la recuperación del peso y
ayudan a entender por qué la obesidad debe abordarse como una enfermedad
crónica que requiere seguimiento continuado
, cambios sostenidos de
hábitos
y estrategias individualizadas a largo plazo.

La microbiota intestinal apareció como uno de los
grandes focos de interés científico. Muchos pacientes con obesidad presentan
disbiosis, es decir, alteraciones en el equilibrio de microorganismos
intestinales. Estos cambios pueden favorecer una mayor extracción de energía de
los alimentos, modificar los mecanismos de hambre y saciedad y contribuir a
procesos inflamatorios metabólicos de bajo grado.

En este contexto, continúa creciendo el interés por
determinadas cepas probióticas y por bacterias como Akkermansia
muciniphila dentro de las estrategias integrales de control del exceso de
peso.

Respecto a la mujer con menopausia, precisaron que la
disminución de estrógenos favorece cambios progresivos en la composición
corporal, con pérdida de masa muscular y aumento de grasa visceral
. Esta
redistribución grasa se relaciona con inflamación crónica de bajo grado y con
un mayor riesgo de resistencia a la insulina, hipertensión, dislipemias y
enfermedad cardiovascular. Por ello, insistieron en la necesidad de abordar
esta etapa desde una perspectiva integral, con especial atención al ejercicio
de fuerza, la nutrición y el mantenimiento de la masa muscular.

En el apartado nutricional, apostaron por priorizar
proteínas distribuidas de una manera de calidad
para un mejor mantenimiento
muscular, especialmente durante la menopausia. Aparte de su papel estructural,
recordaron su efecto saciante y su contribución al control del apetito.

Las recomendaciones pasaron del mismo modo por aumentar
el consumo de verduras y hortalizas
y adaptar la ingesta de hidratos de
carbono al nivel de actividad física
y a las características individuales
de cada persona, evitando planteamientos excesivamente restrictivos.

Otra de las cuestiones fue la necesidad de controlar los
picos de glucemia
, especialmente en etapas en las que desaparece parte de
la protección estrogénica y aumenta la prevalencia del síndrome metabólico. Se
aconsejó reducir ultraprocesados, azúcares y harinas refinadas, además de
prestar atención al orden de los alimentos durante las comidas.

Reflexionaron sobre la pérdida progresiva de masa
muscular asociada al envejecimiento y el riesgo de sarcopenia en la mujer
. La
masa muscular puede disminuir entre un 3 % y un 8 % por década a partir de los
30 años, un proceso que se acelera con la menopausia y el sedentarismo.

Ante esta situación, subrayaron que hay que trabajar
músculos «funcionales» mediante entrenamiento de fuerza y no limitar la
actividad física únicamente a caminar. «Caminar puede ser beneficioso, pero
debe entenderse como una práctica complementaria y no sustitutiva del ejercicio
de fuerza», remarcaron. Herramientas como el dinamómetro pueden
resultar útiles para detectar riesgo de sarcopenia y objetivar el seguimiento
desde la farmacia comunitaria.

Sobre la actividad física en la mujer con menopausia, recomendaron
mantener un estilo de vida activo y reducir el tiempo sedentario como
medidas fundamentales para preservar la masa muscular y la salud metabólica
.
En este sentido, es positivo combinar ejercicio aeróbico moderado o intenso con
trabajo de fuerza entre dos y tres veces por semana, incorporando ejercicios
multiarticulares, de potencia y de core. Hicieron hincapié en la importancia de
trabajar equilibrio y movilidad dentro de un abordaje integral orientado a
mantener la funcionalidad, prevenir fragilidad y favorecer una mejor calidad de
vida a largo plazo.

Con todo, es necesario cambiar el enfoque tradicional
en el abordaje del exceso de peso, apostando por comprender mejor la
fisiología
y el estado funcional de cada paciente en lugar de
centrar toda la estrategia únicamente en el control de la conducta alimentaria.
Las herramientas tecnológicas pueden aportar información sobre composición
corporal, metabolismo o calidad celular, ya que permiten ir más allá del simple
dato del peso. «Cuando usamos la tecnología podemos dejar de tratar solo
peso y empezamos a entender el organismo», concluyeron. Se avanza hacia
intervenciones más personalizadas, preventivas y apoyadas en parámetros
clínicos más amplios.