La guerra que Estados Unidos e Israel abrieron con Irán el pasado 2 de marzo habría quedado limitada a un conflicto regional si no fuese … porque la república islámica controla el estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el flujo de hidrocarburos. Por él transita una quinta parte del que se produce en el mundo, pero desde el inicio de las hostilidades ha permanecido bloqueado prácticamente por completo, provocando un aumento del precio del petróleo e incluso problemas en el suministro de combustibles como el de aviación. Sobre todo, se ha convertido en un foco de incertidumbre global que los ayatolás han sabido transformar en arma. Porque el fantasma de la inflación en todo el planeta se ha convertido en uno de los principales aliados de Teherán.
Ahora, Ormuz es pieza clave de cualquier acuerdo o desacuerdo. Cuando uno afirma que lo abre, el otro lo cierra. Mientras tanto, el tránsito ha caído más de un 90%. No obstante, el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) señala que «algunos buques pueden estar operando en modo ‘apagado’, con los transpondedores AIS desactivados y, por lo tanto, no registrados en los datos». En cualquier caso, el peligro que corren es elevado, como se ha demostrado con los diferentes ataques sufridos por varias de las embarcaciones, que se enfrentan a los misiles y las minas iraníes y la posibilidad de ser abordados por Estados Unidos.
Drama humano
«De los 187 buques que han transitado con éxito por el estrecho desde el 4 de marzo, más de la mitad son operados por compañías navieras ubicadas en tan solo cuatro países. La posición de China a la cabeza de esa lista es notable, dados los informes que indican que Pekín ha presionado a Teherán para que proteja el transporte marítimo chino», subraya el CSIS. Grecia, Emiratos Árabes Unidos y la propia Irán cierran las primeras posiciones de esa lista.
Y, si bien el mundo desea su reapertura por una cuestión meramente económica, hay unas 20.000 personas cuyo bienestar depende directamente de que se logre semejante hito. Son los marinos que operan, cada vez con menos víveres y peor salud mental, los buques atrapados en el Golfo Pérsico. Se estima que son entre 1.500 y 2.000, por lo que, incluso si el estrecho se abriese hoy, con el flujo habitual prebélico –entre 130 y 150 embarcaciones diarias– se tardarían entre diez y quince días en disolver el atasco. Y meses en recuperar la normalidad en el mercado de combustibles.