La pasión por las artes marciales mixtas volvió a palpitar en UFC Fight Night, pero esta vez con un sabor amargo tras una contienda que dejó a más de uno con el corazón en la garganta. En un enfrentamiento que prometía intensidad, el emiratí Mohammad Yahya se vio envuelto en una tormenta de golpes que lo dejó al límite, obligando al árbitro a detener el combate en el segundo asalto para evitar una lesión aún más grave. Lo que comenzó como una batalla por el orgullo terminó convirtiéndose en una escena de preocupación colectiva, cuando el rostro de Yahya quedó irreconocible tras el castigo recibido de manos de Steven Nguyen.
Mohammad Yahya terminó con un ojo extremadamente lastimado
Mohammad Yahya no solo entró al octágono con la misión de ganar, sino también con el peso de representar a su nación en suelo natal, Abu Dhabi. «Defender mi casa al precio que sea», parecía ser su lema no declarado, y así lo demostró desde el primer minuto, avanzando con valentía hacia su oponente.

Mohammad Yahya termina la pelea con el ojo inflamado.
ALI HAIDER / EFE
Sin embargo, esa valentía tuvo un alto costo. Steven Nguyen, el peleador estadounidense de peso pluma, encontró con precisión quirúrgica el punto débil de Yahya: su ojo izquierdo.
Golpe tras golpe, el área comenzó a hincharse de forma alarmante, hasta que, en cuestión de minutos, el párpado quedó completamente cerrado. “No sangraba, pero era imposible que continuara”, confesó más tarde un miembro del equipo médico presente en el evento.
El juez se vio obligado a detener el combate de UFC
A pesar del evidente deterioro físico, Yahya insistía en continuar. Su mirada, aunque ya casi sin visión, reflejaba determinación. Quería seguir, luchar hasta el final, honrar a su público. Pero en las MMA, el valor no puede eclipsar la seguridad.
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Martín Mena

El árbitro, consciente del riesgo inminente, no dudó en intervenir. “No era viable que siguiera”, afirmó tras el combate, justificando la detención médica que le otorgó la victoria a Nguyen por TKO técnico. En el mundo del combate, hay momentos en los que el verdadero respeto se muestra no con el puño, sino con la decisión de detener el sufrimiento. Ese fue el caso de Yahya: un guerrero que dio todo, pero al que el deporte le exigió retirarse antes de que el precio fuera demasiado alto.
Este duelo, aunque sin cinturón en juego, quedará marcado en la memoria no por su técnica, sino por el recordatorio que entrega: detrás de cada golpe hay un ser humano, y a veces, la mayor muestra de coraje es saber cuándo detenerse.