Mientras estaba ingresado en una unidad de psiquiatría en Barcelona, un joven con esquizofrenia perdió 20.000 euros en apuestas online desde su teléfono móvil. Antes, había gastado otros 30.000 en cuatro plataformas diferentes. En pocas semanas, Isaac perdió 50.000 euros en pleno brote con la idea de comprar un avión para escapar del centro donde estaba ingresado.

Su abogado, Manel Atserias, ha denunciado que estas empresas no aplicaron los mecanismos de protección previstos en la normativa de juego responsable, y que la regulación actual, que teóricamente está diseñada para proteger a las personas vulnerables, es insuficiente para evitar que casos como este se repitan.

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El real decreto de 2023 identifica tres tipos de perfiles vulnerables. Por un lado, los jugadores con comportamientos de juego intensivo, que son aquellos que tienen pérdidas netas de 600 euros semanales durante tres semanas consecutivas. En el caso de los jóvenes (según la norma, aquellos de 25 años o menos), ese umbral baja a 200 euros. Y, finalmente, “los jugadores con comportamiento de riesgo”. “Para mí la clave está en el tercer grupo, porque ahí es donde hay mucha ambigüedad. La norma dice que cada operador debería tener su propio mecanismo de detección. Es una fisura”, explica Atserias.

El caso de Isaac, castellano-manchego de 28 años, tendría que haber hecho saltar todas las alarmas. Perdió 20.000 euros en solo dos apuestas, entre los meses de mayo y junio de 2025. Mientras tanto, estaba ingresado en un hospital de Barcelona por un brote psicótico a causa de la esquizofrenia que padece desde hace años. Poco antes, entre diciembre de 2024 y mayo de 2025, había perdido 30.000 euros apostando en varias plataformas de juego online.

Isaac está en tratamiento por la enfermedad que padece desde 2015, y desde entonces ha tenido distintos episodios problemáticos con el juego. De hecho, hace cinco años se autoexcluyó de una de las principales empresas de juego online. Pero volvió. También lo hizo dos meses antes de perder los 20.000 euros, aunque tampoco sirvió de nada, porque pudo retomar la actividad. ¿Es el juego online responsable una utopía? ¿Existen medidas suficientes para proteger a los perfiles más vulnerables?

Cambio de paradigma legal

El decreto de 2023 introduce un enfoque importante en el juego online: no solo es responsable la persona que apuesta, sino también la empresa. Algo parecido a lo que empieza a ocurrir con las empresas de redes sociales, cada vez más cuestionadas por su papel en la generación de conductas adictivas, especialmente entre menores. “Cuando se habla de juego problemático, hay tres macrofactores: los individuales, los situacionales y los estructurales. Tradicionalmente, se ha puesto mucho el foco en los individuales, pero hay otros dos grupos importantes que han estado más ignorados”, explica el especialista en juego online Hibai López-González.

“Los factores estructurales tienen que ver con el propio diseño del juego. Son donde podemos responsabilizar a la industria, porque hay personas diseñando si una tirada dura un segundo o medio minuto. El diseño está hecho para enganchar y que a largo plazo el jugador siempre pierda”, añade. La aceleración del juego –que reduce al mínimo el tiempo entre la apuesta y el resultado–, junto con la accesibilidad 24/7, la impredecibilidad y la incertidumbre, es lo que genera mayor adicción. La recompensa variable es mucho más excitante que una recompensa fija.

Su negocio es tu derrota

La industria del juego online en España ya mueve más de 8.000 millones de euros anuales, impulsada principalmente por apuestas deportivas y el casino digital, según datos del Ministerio de Consumo publicados en la Memoria de Actividad de Juego de España 2024. El año pasado, el número de jugadores aumentó un 20% gracias, en parte, a los bonos de bienvenida por parte de las casas de apuestas. El uso de este dinero promocional que dan las plataformas a los nuevos jugadores por registrarse había quedado prohibido, pero una sentencia judicial de 2024 ha vuelto a avalar su uso como herramienta comercial.

El número de jugadores activos en 2024 se acercó a los dos millones, lo que significa un aumento de medio millón de nuevos usuarios en un solo año. El perfil mayoritario del jugador corresponde a un hombre de entre 18 y 45 años. El Ministerio de Sanidad emitió un informe el pasado mes de febrero donde mostraba el aumento del juego online problemático entre los más jóvenes.

Uno de los tipos de juego al alza son los de habilidad: aquellos que permiten al jugador tener cierto margen de predicción sobre la apuesta a realizar. “Las empresas enfatizan el componente de habilidad para que creas que tienes control, pero el negocio está pensado para que a largo plazo dé igual tu conocimiento”, apunta López-González.

“Es una contradicción irresoluble: la empresa necesita ganar dinero, pero tiene que hacer creer al jugador que él también puede ganar”, añade. Ese es su modelo de negocio. Diversos estudios muestran que alrededor del 10% de los jugadores concentra entre el 70% y el 90% de los ingresos de las plataformas.

¿Cuál es la causa de la adicción?

“La idea de que la industria del juego se aprovecha de los jugadores vulnerables es directamente falsa”, apunta el investigador David Pere Martínez Oro. “Se trata de un sector legal, regulado y sometido a controles estrictos, incluso con unidades policiales específicas, que no tendría ningún interés en explotar a personas enfermas porque esos casos dañan su reputación”. A su juicio, el problema reside en los factores individuales, es decir, en las propias “distorsiones cognitivas” de los jugadores. La raíz de la adicción, afirma, no está en el diseño del juego, sino en una vulnerabilidad previa construida en la infancia, ligada a la socialización y, en algunos casos, a trastornos mentales que buscan salida “por donde sea”. “Si no fueran adictos al juego, lo serían a otra cosa”, añade.

En ese marco, insiste en que quien juega debe asumir que, a largo plazo, perderá dinero, y sitúa el verdadero riesgo no en el juego legal, sino en el ecosistema ilegal online, donde sí operan sin control prácticas abusivas que dejan a los usuarios completamente desprotegidos. El pasado mes de noviembre, el Ministerio de Consumo sancionó a 26 operadores de juego con más de 3 millones de euros por infracciones graves, pese a contar con licencia, por fallos técnicos y de protección al jugador. Además, castigó a seis plataformas sin licencia con multas de 5 millones cada una y el bloqueo de sus webs. En total, las sanciones superan los 33 millones de euros.

El ministro de Consumo, Pablo Bustinduy, ha anunciado un decreto para obligar a las páginas web de apuestas a indicar a los usuarios de forma clara y directa los riesgos que corren con los juegos online. Mensajes como “la ludopatía es un riesgo del juego” o “la probabilidad de ser un jugador que pierde dinero es del 75%” deberán estar visibles antes de realizar cualquier movimiento. El ejemplo es el de las cajetillas de tabaco.

Mientras el sistema debate entre autonomía y protección, casos como el de Isaac siguen produciéndose. La pregunta ya no es si existen mecanismos de control, sino si están diseñados para ser eficaces e intervenir a tiempo. “Isaac es un caso paradigmático”, dice Manel Atserias. “Es David contra Goliat. Nosotros estamos dispuestos a llegar hasta el final por la vía judicial para abrir un cambio en España. Estamos hablando de un joven con un grave problema de salud y una ludopatía no diagnosticada que, en la práctica, no tiene ningún tipo de restricción real”, añade. Ni las empresas ni la legislación están logrando proteger eficazmente a estos perfiles. “Son personas especialmente expuestas en un negocio millonario”, concluye.