Cinco minutos antes de la hora de comienzo del macro-concierto de la gira de despedida de Megadeth (Los Ángeles, California, 1983), este viernes en … el BEC había 10.182 almas. Y dos minutos antes de la hora prevista de inicio ya estaba sonando su agresivo metal, que en total arbitró 17 piezas en 88 minutos para dar forma a un show al que acústicamente le hubiera venido bien un punto más de volumen y dos puntos de claridad en la mezcla. Aparte, visualmente la cita se quedó un poco corta, sin pantalla rectangular de fondo (había dos pantallas laterales cuadradas no demasiado grandes que emitían lo que sucedía en escena, siempre con los actuantes a lo lejos, sin primeros planos tipo Fito o Raphael), y con el logo de la banda coronando ese mismo fondo.

En febrero comenzaron el tour del agur por América, cruzándola de Norte a Sur. Hasta julio andarán por Europa, y luego seguirán por Estados Unidos. Canadá, Nueva Zelanda y Australia. Mustaine quiere prolongar esta gira hasta 2027, dando un poco de cancha también a su decimoséptimo álbum oficial, el homónimo ‘Megadeth’. Y ya en 2028 pretende arrancar la última tanda de conciertos. Y es que el guitarrista, de 65 años, sufre artritis y una contractura de Dupuytren (una fibrosis palmar) que le dificulta tocar. De hecho había contratado un fisioterapeuta local por si el roquero necesitaba sus servicios.

Este del viernes fue la tercera escala del tramo europeo de su llamado ‘The Farewell Tour 2026’ (el tour del agur 2026), que arrancó el lunes en Valencia (Roig Arena, otras 10.000 almas) y pasó el miércoles por La Coruña (Coliseum, más de 6.000). Y este viernes, hum…, llegamos a concluir que el concierto no estaba superando, mejorando el disfrute que puede regalar a cualquiera el escuchar en casa en disco las canciones de la banda del controvertido vocalista y guitarrista Dave Mustaine (San Diego, California, 1961), expulsado de Metallica por drogadicto y borracho, justo antes de crear este grupo que ha vendido unos 40 millones de discos.

Debajo del elevado telón con el nombre de Megadeth colgado del BEC había una muralla de amplificadores Marshall con la batería de doble bombo en el medio, separándolo en dos mitades (mega y deth ponía en cada parche redondo), y delante del gran escenario estaba el jefazo Mustaine, pegado a su pie de micro, mientras sus dos escuderos se movían por el ancho tablado sin llenarlo del todo. El concierto estuvo bien sin más, pero mereció más pegada sónica y un show visual más brillante, porque lo emitido desde el escenario resultaba similar a lo habitual en una sala aforada para unos 1.700 fans.

Puesto merchan con camisetas de los tres grupos del cartel: Megadeath, Angelus Apatrida y Crisix.

Puesto merchan con camisetas de los tres grupos del cartel: Megadeath, Angelus Apatrida y Crisix.

(Pato Castañeda)

Dicho lo cual, destaquemos que la parroquia metalera local los disfrutó de principio a fin. En su mayoría los fans ya estaban animados tras los conciertos de sus dos teloneros españoles, los catalanes Crisix (de Igualada) y los albaceteños Angelus Apatrida. Por cierto, había una plaga de camisetas de los propios Megadeth. Camisetas de distintos diseños, de giras separadas en el tiempo, y con diferentes estados de conservación. Nadie dudaría viendo a tantos bípedos con esas camis de que los tales Megadeth estaban actuando en el BEC.

Al acabar el bolo, esperando al metro para volver casa, nos entretuvimos buscando disidentes, fans con otras camisetas, y las había de Rage, Tool, Kamelot, Rammstein, Ramones, Clutch, Metallica, del bluesman Javier Vargas (ejem, la llevaba el que suscribe), Motörhead, la marca de guitarra Ibanez, y perfectamente ordenados cronológicamente, en serio, bajaron las escaleras del andén tres sujetos con camis de Accept, AC/DC y Anthrax, tres nombres en los que pensamos durante el bolo de 17 temas en 88 minutos del melenudo Mega-Mustaine.

Lo vivido fue una sucesión de canciones rudas a dos guitarras. El espectáculo se limitó a la aparición en dos canciones de Vic Rattlehead (su monstruo-mascota, similar en su concepto al Freddie de Iron Maiden), y la gente a veces coreaba ohhh-ohhh como ante los Maiden, elevaba ráfagas hey-hey-hey-hey como en un combate de boxeo imaginario o una corrida de rejones verdadera, y de vez en cuando el gentío cantaba las letras enteras, o casi, entonadas también por un Dave Mustaine que vistió camisa blanca, que ha sobrevivido a un cáncer de garganta diagnosticado en 2019, y que a sus 65 palos gasta una melena rubia que la ves y sospechas de que es peluca, pero no lo es.

La peña entregada en las filas delanteras.

La peña entregada en las filas delanteras.

(Pato Castañeda)

Sí, Megadeth excretaron thrash metal muy Anthrax, la longitud y los cambios de ritmos de algunas composiciones sugerían lo progresivo, muy AC/DC ruló ‘Dread and the Fugitive Mind’, la teatralidad a veces remitía a Alice Cooper (‘Sweating bullets’), el speed metal se disparaba esporádicamente (‘Let There Be Shred’, más tarde ‘Tornado of souls’), uno de los temas más largos fue la versión de Metallica ‘Ride the lighting’ (el tema que titula al segundo LP, uno de los dos cortes compuestos por Mustaine, que ya no estaba en la banda), el influjo de Black Sabbath a veces invadía cual bruma negra (‘Countdown to extinction’) y el bis doble lo abrieron con las más de 10.000 almas jaleando Megadeth en ‘Symphony of destruction’ y lo cerraron colando entre las dos guitarras eléctricas intrincadas un fugaz pasaje de guitarra acústica identificable con su título de despedida definitiva, ‘Holy Wars… The Punishment Due’.