María Teresa Romero Martínez (Madrid, 1930) se define ante todo como pintora: «Nací con un lápiz en la mano», aunque, a veces, el foco deportivo ( … fue olímpica) ha eclipsado su faceta pictórica. Vive en un piso amplio y precioso de la avenida Fernando Calzadilla de Badajoz, donde también tiene su estudio. Desde su terraza se ve Elvas en los días claros. Aunque nació en Madrid, su madre era de Villafranca de los Barros y está muy vinculada a Feria. Se casó en 1959 con el arquitecto Dionisio Delgado, que planificó y dirigió la construcción del edificio donde vive. En 1960, se trasladaron a Badajoz.

–¿Aquella ciudad de los 60?

–Badajoz era un entorno amable y manejable que facilitó mi vida familiar, artística y deportiva. Nunca me he arrepentido de venirme de Madrid e instalarme aquí. Mi marido consolidó rápidamente su estudio de arquitectura y eso contribuyó al arraigo en la ciudad.

–¿La pintura?

–Dibujo desde la infancia. Cursé Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando. Siempre he sido fiel a mi lenguaje, evitando modas, asumiendo una evolución orgánica. Tengo predilección por el retrato, uno de esos recibió un premio en una bienal extremeña y tengo dos obras en el museo Luis de Morales de Badajoz, donde me organizaron una preciosa exposición antológica. Hoy sigo pintando por placer y aceptando encargos puntuales sin presión por exponer.

–¿La enseñanza?

–Tras la muerte de mi marido, habilité espacios para impartir clases de pintura. Hoy mantengo un grupo reducido de alumnas mayores. Es un modelo flexible, acogedor, con horarios abiertos y tanta confianza que mis alumnas tienen la llave del estudio y vienen cuando quieren.

–Fue usted olímpica de tiro con arco.

–Comencé a tirar ya con 38 años. Entrenaba a diario en un campo cercano a Bótoa con un grupo impulsado por mi marido. Era por afición, pero acabamos encargando arcos de calidad y enviando las puntuaciones a Madrid. Mi marido impulsó la federación regional, gané cuatro campeonatos de España. Fui preolímpica un año de antes de Munich 1972. Recorrí el circuito europeo con seis tiradores varones, batiendo récords en distancias, consolidando resultados y siendo seleccionado para Munich 72, donde viví el atentado contra la delegación de Israel. La competición se detuvo 24 horas. Entre 60 mujeres, quedé la 13. Era la única española.

–¿Pintura o arco?

–Tras varios años compitiendo, prioricé la pintura y la familia. Interpreto el arco como un paréntesis intenso que redujo mi tiempo para pintar. Lo que sí quiero destacar es que animo a comenzar actividades a cualquier edad: importan más la constancia y el impulso que la edad.

–¿Extremadura?

–Dedicábamos los fines de semana a viajar por los pueblos extremeños, combinando apuntes de arquitectura popular que hacía mi marido mientras yo hacía bocetos para los cuadros que luego vendía. El retrato siempre ha sido el eje de mi pintura. Siento una enorme gratitud hacia Badajoz y su gente porque considero que mi desarrollo artístico y deportivo se benefició de este entorno local tan accesible y comunitario.

–¿Su vida familiar, su rutina diaria?

–Tengo una hija y tengo nietos y bisnietos. Lo más importante es que he llegado a esta edad con salud. Mi hija y mi nieta viven en Badajoz y mi nieto vive en Madrid y tiene un hijo. Convivo con una mascota. Camino a diario para mantener la masa muscular y planeo volver a hacer natación. Son hábitos esenciales para mantener la práctica de la pintura. Ahora estoy trabajando en una obra de gran formato y creo que no he perdido el vigor creativo ni el pedagógico.

–Pintora, olímpica… Le habrán hecho muchas entrevistas.

–Sí, muchas, también para la televisión. Pero quiero tranquilidad, no quería hacer más entrevistas. Cuando me dijo que era una charla tranquila, pues sí, accedí. Pero es que acaban preguntándome por las Olimpiadas, dándole demasiada importancia y eso fue solo un paréntesis, un momento de mi vida precioso. Pero yo soy pintora.