MADRID

Las esperanzas fomentadas por Donald Trump este viernes sobre una posible respuesta al preacuerdo con Irán se han desinflado tras su reunión con el gabinete de crisis. La Casa Blanca continúa sin tomar una decisión definitiva, aunque ambos bandos señalan el avance en las negociaciones para poner fin al conflicto.

El principal punto de disputa sigue siendo el programa nuclear iraní. Al respecto, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha insistido en que no están dispuestos a que Teherán no renuncie a dicho programa. De no hacerlo, ha advertido, el Ejército estadounidense retomará sus bombardeos sobre el terreno.

«El presidente Trump se está asegurando pacientemente de que cualquier pacto sea uno favorable», ha expresado Hegseth ante los medios de comunicación. Asimismo, el secretario de Defensa ha alabado la reorientación de la estrategia de seguridad estadounidense basada en el refuerzo de la capacidad militar propia.

Durante una intervención centrada en las prioridades de la política de defensa de la Administración de Donald Trump, Hegseth ha apuntado que Washington ha recuperado una política de seguridad más activa y orientada a la disuasión tras lo que ha descrito como un período de relativo debilitamiento de la capacidad de respuesta estadounidense.

EEUU advierte a sus socios para que asuman más carga en defensa

Pete Hegseth ha lanzado también una advertencia a los aliados de EEUU para que asuman una mayor carga en materia de defensa. «La era en la que Estados Unidos subsidia la defensa de naciones ricas ha terminado», ha aseverado, antes de añadir que Estados Unidos necesita «socios, no protectorados». «Buscamos alianzas basadas en responsabilidad compartida, no en dependencia compartida», ha apostillado.

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«Las alianzas no se juzgan por el número de banderas, sino por el número de formaciones», ha añadido. «No necesitamos más conferencias. Necesitamos más poder de combate… Menos Shangri-La, más barcos, más submarinos», ha proseguido.

El secretario ha destacado también la necesidad de llevar a cabo una política exterior menos centrada en declaraciones diplomáticas y más orientada al fortalecimiento efectivo de las capacidades de defensa. «La era de la indignación performativa ha terminado», ha asegurado, al tiempo que ha defendido que Estados Unidos respalde sus posiciones en el Pacífico con una presencia militar creíble.