Maite Urteaga (Zumaia, 2000) se está ganando pedalada a pedalada un lugar en el ciclismo profesional. Es evidente que a esta deportista del Eulen Amenabar … el mundo aficionado se le está quedando pequeño a la luz de su rendimiento y resultados: siete victorias este mismo año y un dominio absoluto en la reciente Vuelta a Gipuzkoa, en la que derrotó a sus rivales en las tres etapas, pese a que no era la favorita en la prueba contrarreloj.

Esta decidida zumaiarra lo ha dejado todo para cumplir el sueño de dar un paso más en su escalada hacia la élite txirrindulari. Incluso ha aparcado su tarea docente y sus estudios para centrarse en progresar sobre la máquina y poder salir a entrenar todos los días en aras de competir en mejores condiciones. «Merece una oportunidad. Si se la dan, no va a decepcionar a nadie. Va a dar una sorpresa porque es crack, sobre todo subiendo», manifiesta Ismael Etxarri, su mánager en el Eulen Amenabar y la persona que le dio su primera oportunidad en el ciclismo.

Balonmano, trail, triatlón…

Es curiosa la historia de Maite, que descubrió tarde su facilidad para batir rivales dando pedales en el asfalto. Comenzó jugando a balonmano, pero con 15 años sufrió una rotura del ligamento cruzado que le obligó a aparcar el balón cubierto de resina para comenzar a practicar trail. Disfrutaba de las carreras de montañas con sus amigos, de los entrenamientos, de las pruebas y de los ratos posteriores hasta que la rodilla volvió a darle guerra.

Y ahí empezó su idilio con la bicicleta. «Empecé desde cero, literal, hacía 20 kilómetros y me cansaba». Esto no era hace 10 años, sino tres. Entrenaba una o dos veces por semana y, como no le gustaba rodar sola, comenzó a meterse con grupetas como la de Juanikorena, exdirector de Caja Rural, y Elosegi. «Ellos salían todos los martes y los jueves, hacían Donostia-Zumaia y yo me unía». Y fue así cómo comenzó a progresar: «Me empezaron a decir que tenía habilidad», sostiene.

A partir de ahí, cuesta a abajo y sin frenos. «Me llamó Ismael para federarme y unirme a su grupo, y le dije que no». Ya estaba federada en montaña y en triatlón, modalidad que también había probado.

No obstante, aceptó la invitación a probarse en un entrenamiento. «Yo era pesimista, pensaba que no tenía nivel». Hasta que comprobó hasta dónde podía llegar realmente. Se trataba de subir Gorla desde Azkoitia. La única instrucción era que «cada una cogiese su ritmo». Y Maite vio cómo cada compañera se le descolgaba y ella seguía «fresca». Hasta quedar solo dos. Por supuesto, llegó la primera. «Ismael me dijo: ‘Te voy a hacer una licencia, luego ya decides si quieres hacer las carreras o no’».

De esta manera comenzó a competir. Lo hizo por primera vez con 23 años, en febrero de 2024. Pero no todo fue de color de rosa. Esa primera prueba la acabaron 40 y entre ellas estaba Maite, que reconoce que «sufrí un montón».

Lo que más le ha costado ha sido manejarse en el pelotón: «Veía a todas tan juntas que pensaba que si alguna caía, yo me iba al suelo. Y yo tenía mi vida, daba clases en una escuela y al día siguiente tenía que ir a trabajar». Ese pavor de no tener del todo controlada la bicicleta, por inexperta, le mantenía insegura y le impedía, por ejemplo, ponerse el chubasquero cuando empezaba a llover porque debía llevar las dos manos en el manillar.

Hubo algún día que acabó envuelta en lágrimas: «Hubo una carrera en la que me dio un ataque de ansiedad porque una chica, al intentar ir yo hacia adelante, me quiso echar del pelotón y me dijo: ‘Vas molestando a todo el mundo, ¿por qué te has metido en esto?’ Me dijo de todo, lloré un montón». En ese momento, Maite estuvo tentada de darle la razón: «Dije que no quería hacer más carreras, pero menos mal que no le hice caso», remata la zumaiarra. «Ahora ya me respetan», celebra.

Dedicada al ciclismo

Para Maite, este 2026, ya sin ataduras profesionales de otra índole, le ha servido para mejorar su técnica y su condición física no ya solo para competir mejor, sino para ser la mejor: «No quiero hacer comparaciones, pero su palmarés ya es mejor que corredoras hoy profesionales cuando estaban en aficionados», asegura Ismael Etxarri.

Urteaga, de hecho, ejerció de stagiaire –ciclista aprendiz en un equipo profesional por un periodo de tiempo– junto a Irati Aranguren en el Laboral Kutxa el año pasado y participó en varias pruebas. Fue un primer paso. Ahora ha aprendido a estar alerta a las escapadas, a guardar fuerzas durante la etapa y a no ir tensa sobre la máquina

Por si quedaba alguna duda y para testarse a sí misma, Maite ha corrido con chicos este año en categoría de aficionados. Hizo, por ejemplo, la Zumaiako Saria en febrero en la que corrió a 46 kilómetros por hora de media los 115 kilómetros de la prueba. «Pensaba que no iba a a aguantar ni 10 minutos, pero al final soy la única chica que ha terminado una carrera como ésta», se contragula. Pocos pensaban que iba a franquear esa línea de meta integrada en el pelotón. Y mucho menos después de caerse a 60 kilómetros por hora en una bajada y quedarse descolgada del pelotón. «Todo el mundo flipó conmigo porque hubo muchos chicos que se retiraron», apunta.

Maite se entrena todos los días. Cuando le toca un rodaje largo, le gusta hacerlo con compañía. Las prácticas más técnicas, las series en llano, por ejemplo, las completa en solitario.

El objetivo es claro: tener una oportunidad en el pelotón profesional. «Tengo muchas esperanzas, algo ya aparecerá porque las cosas me están saliendo bien», dice Maite, que sueña en alto. Giro de Italia, Tour de Francia, Vuelta a España, Campeonato del Mundo, UCI World Tour, Juegos Olímpicos…: «Sueño con participar en el Tour, pero lo que más ilusión me haría sería correr la Itzulia, en casa», señala Maite.