Nueve toros pisaron ayer el ruedo de Las Ventas. Seis titulares y tres sobreros. Y de entre todo eso una única conclusión: un petardo. Descastada, floja y sin raza la corrida de Garcigrande. Con esos ingredientes es difícil hacer algo de provecho, pero que por lo menos no queden las ganas de intentarlo. Morenito de Aranda puso la actitud a la tarde y refrendó su buen momento saludando dos ovaciones en el tercio.

Talavante fue el único en tocar pelo a un sobrero de Torrealta y para entonces ya se había desatado la guerra en el tendido 7 de Madrid. Dos personas fueron expulsadas a manos de la Policía Nacional. Con el consiguiente revuelo. La trifulca más llamativa tuvo lugar cuando agonizaba el cuarto de la tarde, después de que Morenito metiese la espada a la primera. La petición de oreja fue muy leve, pero a nadie le importaba la oreja con un individuo dando patadas como respuesta a una provocación. 

La faena del arandino no llegó a despegar, es cierto, pero pese a la falta de raza de su oponente sacó dos series ligadas que gustaron. No fueron rotundas, pero sí de entrega. Morenito con las corridas duras ha conseguido dotar de más poder a su muleta. Su oponente no tenía nada más que 620 kilos. Nada más porque por el pitón derecho por lo menos tenía algo de recorrido, cosa que le faltaba por el izquierdo. Es muy difícil así. El espadazo fue la rúbrica. 

Aunque para espadazo el del primer toro. Una pena que fuese al abreplaza porque fue tremendo. Con efecto casi inmediato además. Con esas dos estocadas en otro momento, en otras faenas, estaríamos hablando de unas cuantas puertas grandes más en Madrid. Pero ayer no sirvieron para mucho más que recoger dos ovaciones en el tercio. Siendo Las Ventas no es un premio menor, pero sí una especie de consuelo por no haber llegado a lo necesario para pasear un premio. 

Morenito se fue a porta gayola y estuvo con una actitud encomiable. Dispuesto y ambicioso. Sus compañeros de terna, Talavante y Aguado, tienen muchas corridas firmadas. La de ayer era probablemente otra más. Aún así Talavante tiró de efectismo para cortar una oreja a su segundo oponente y el resto fueron silencios. Silencios entre protestas. Y entre altercados. Porque antes de que saliese el mastodonte sexto, con 715 kilos, la Policía Nacional ya se había llevado a otro aficionado de la grada del 7. En apenas unos metros de tendido tuvieron que actuar dos veces y hacer acto de presencia alguna más para calmar las aguas. A los toros no se debe ir a beber…