El Paris Saint-Germain levantó su segunda Champions sucesiva en una final que hará más grande su leyenda. La grandeza premió al equipo de Luis Enrique frente al Arsenal de Mikel Arteta, especulador hasta la última gota de su ser en una batalla que comenzó ganando y acabó por estirar sin venir a cuento en una campaña de desgaste. Porque el Arsenal tuvo un banquillo inagotable para intentar abordar a un rival que fue perdiendo figuras irreemplazables pero no se doblegó. El PSG atacó hasta el último hombre, atacó hasta con Barcola y Zaïre-Emery en un mediocampo irreconocible, atacó acalambrado y deformado hasta que los penaltis obligaron a que volara la moneda. Cayó del lado de los valientes.

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Matvey Safonov, Achraf Hakimi, Nuno Mendes, Marquinhos (Illia Zabarnyi, min. 105), Willian Pacho, João Neves, Fabián Ruiz (Warren Zaïre-Emery, min. 94), Vitinha (Beraldo, min. 105), Désiré Doué, Khvicha Kvaratskhelia (Bradley Barcola, min. 82) y Ousmane Dembélé (Gonçalo Ramos, min. 95)
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David Raya, Gabriel Magalhães, William Saliba, Cristhian Mosquera (Jurriën Timber, min. 65), Piero Hincapié, Declan Rice, Bukayo Saka (Noni Madueke, min. 82), Leandro Trossard (Gabriel Martinelli, min. 82), Martin Ødegaard (Viktor Gyökeres, min. 65), Myles Lewis-Skelly (Martín Zubimendi, min. 90) y Kai Havertz (Eberechi Eze, min. 90)
Goles
0-1 min. 5: Kai Havertz. 1-1 min. 64: Ousmane Dembélé
Penaltis:
1-0. Goncalo Ramos.
2-0. Désiré Doué.
Falla Nuno Mendes.
3-0. Achraf Hakimi.
4-0. Beraldo.
4-1. Viktor Gyokeres.
Falla Eberechi Eze.
4-2. Declan Rice.
4-3. Martinelli.
Falla Gabriel.
Arbitro Daniel Siebert
Tarjetas amarillas
Cristhian Ibarguen (min. 46), Bukayo Saka (min. 53), João Neves (min. 95), Viktor Gyokeres (min. 97), Declan Rice (min. 102), Arteta (min. 102), Nuno Mendes (min. 117)
La hinchada del Arsenal popularizó una canción con la base rítmica de Go West de los Village People y una letra hipnótica que repite One-Nil to the Arsenal. 1-0 para el Arsenal. La divisa de un equipo que avanzó hacia la conquista de la Premier y la final de la Champions a base de imponerse por la mínima ante el West-Ham, el Burnley, el Sporting y el Atlético. Una racha de fortuna, defensivismo y pragmatismo profundo que consagró el espíritu de un equipo construido para elevar la restricción a categoría de arte. El Arsenal ha minimizado sus posibilidades creativas para dedicar todo su patrimonio a impedir que los adversarios desarrollen las propias. Con esa bandera saltó al campo en Budapest. Encabezados por Odegaard como líder del hostigamiento de Vitinha, el batallón fue testigo del sacrificio de su hombre más imaginativo en tareas de pico y pala. Desde el primer instante se hizo evidente que aquellos once hombres de rojo apostados en su campo se comportaban como las moléculas del petróleo crudo. Chiclosos, pegajosos, siempre juntos, no liberaban ni un metro cuadrado al azar. Los pases de Vitinha, Neves y Kvaratskhelia rebotaban en la brea.
El drama se desencadenó, como suele suceder en estos casos, de rebote. Marquinhos intentó cambiar de orientación y la pelota pegó en el pecho de Trossard antes de quedar suelta en los pies de Havertz, solo con Pacho, mano a mano a 30 metros de la portería. Gordo de la lotería. Pacho siguió al alemán cerrándole todos los caminos menos un tiro de ángulo imposible al primer palo, que se suponía cerraría el portero Safonov. Ahí remató Havertz. A la cara de Safonov, que se giró espantado y dejó pasar el misil. Habían transcurrido cinco minutos de acción. El banquillo del Arsenal lo celebró en masa, sudoroso, casi lacrimoso, como si ya estuvieran levantando la copa. Tal es el poder psicológico de la conjura mágica del One-Nil to the Arsenal.
Arteta gesticulaba como si dirigiera una orquesta sinfónica colocando a sus jugadores en la distancia justa. Luis Enrique contemplaba la batalla de brazos cruzados. Son dos formas de ver el mundo. Uno solo se siente realizado si experimenta una sensación de control total. El otro prefiere delegar algo de responsabilidad. El técnico del Arsenal dedica cada gramo de su energía a prevenir accidentes. Su contraparte cree que el riesgo cero es una ilusión cuya búsqueda reduce los ratios de efectividad. La primera parte concluyó con un asedio infructuoso del campeón al área del retador. El 75% de posesión del PSG produjo dos tiros desde fuera del área de Dembélé y Doué y un cabezazo alto de Fabián. Detrás del acorazado, Raya no experimentó sobresaltos.
El arranque de la segunda mitad siguió la pauta de la primera. Cada minuto que transcurría percutiendo contra el caparazón añadía una tonelada de carga sobre los hombros de Vitinha y sus compañeros. El Arsenal les exigía una perfección aterradora. Cualquier control defectuoso, por pequeña que fuera la imprecisión, frustraba los ataques y amenazaba con otro contragolpe. Las interrupciones, la pausa de hidratación, las dilaciones, se reflejaban en los rostros preocupados de los jugadores del PSG. Desde la banda, Luis Enrique no se inmutaba. La consigna era clara. Debían insistir. Cada vez más pases, más rápidos, más difíciles.
Los jugadores celebran la victoria .Angelika Warmuth (REUTERS)
El entrenador del PSG celebra tras ganar su segunda Champions consecutiva. Lars Baron (Getty Images)
Un momento de la celebración del gol del PSG.
Zsolt Szigetvary (EFE)Varios seguidores del Arsenal sufren durante el partido.Elisabeth Mandl (REUTERS)
Los jugadores del PSG celebran con el trofeo de la Champions.Phil Noble (REUTERS)
Mikel Arteta junto con uno de sus jugadores al terminar el partido.
Associated Press/LaPresse (APS)Arteta y Luis Enrique durante el partido.
Phil Noble (REUTERS)Dembele celebra su gol.Angelika Warmuth (REUTERS)
Gabriel Magalhaes falla el penalti.
Associated Press/LaPresse (APS)
El jugador del PSG Marquinhos consuela a Gabriel Magalhaes después de que ests último fallase el penalti definitivo de la final.ANNA SZILAGYI (EFE)
Matvey Safonov detiene un disparo de Leandro Trossard, durante la final de la Liga de Campeones disputada en el Puskas Arena, Budapest.David Ramos (Getty Images)
Declan Rice, del Arsenal, y Vitinha, durante la final de la Liga de Campeones de la UEFA entre el París Saint-Germain y el Arsenal.
Tibor Illyes (EFE)
El jugador del Arsenal Kai Havertz marca el primer gol de su equipo.
Associated Press/LaPresse (APS)
El entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, celebra el primer gol de su equipo.Carl Recine (Getty Images)
Leandro Trossard puja por el balón con Desire Doue, del París Saint-Germain, en un momento del partido.Justin Setterfield (Getty Images)
Cristhian Mosquera golpea el balón frente a Achraf Hakimi, del PSG.Tibor Illyes (EFE)
Marquinhos y Leandro Trossard, en un momento del partido.
Szilard Koszticsak (EFE)
El entrenador del PSG, Luis Enrique,d a ordenes a sus jugadores en un momento del partido.ANNA SZILAGYI (EFE)
Aficionados del Paris Saint-Germain con una bandera de Luis Enrique dentro del estadio antes del partido. Andrew Boyers (REUTERS)
Aficionados del Arsenal calientan el ambiente antes del inicio de la final.Bernadett Szabo (REUTERS)
Vista del interior del Puskas Arena antes del inicio del partido.Marton Monus (REUTERS)
Fotógrafos toman imágenes del trofeo expuesto en el campo antes de la final.Robert Hegedus (EFE)
La pertinacia recompensó al PSG en la figura sudorosa de Kvaratskhelia. El georgiano, que llevaba la pierna derecha bañada en sangre, regateó a Mosquera antes de caer derribado en el área. Había transcurrido una hora de partido cuando Dembélé metió el penalti y toda la ventaja emocional y táctica que había ganado el Arsenal con el gol de Havertz se volvió en su contra. Sobre todo porque la respuesta de Arteta ante el golpe fue quitar a su comandante, Odegaard, para meter a Gyokeres. Todos a las trincheras.
Sustituidos Vitinha, Kvaratskhelia y Dembélé con calambres, a Luis Enrique no le quedó más remedio que alinear tres centrales y poner a Barcola, Beraldo y Zaïre Emery en el medio. Siguió atacando con ellos frente a un Arsenal replegado con Zubimendi, Martinelli, Eze y Rice. A la caza de una falta. De un córner. De una tanda de penaltis que le pasó factura para gloria de un PSG que nunca se rindió a la moliera.