Tres años después del despliegue de las primeras aplicaciones masivas de inteligencia artificial (IA) en las empresas y hogares del país, la tecnología llamada a marcar el futuro de la economía y la sociedad comienza a transformar de forma real los métodos de producción. Bien aplicada, los expertos calculan que ya mejora la competitividad entre un 25 % y un 40 % gracias, entre otros, a la automatización de procesos. Pero esta sustitución de tareas comienza a afectar al empleo, con importantes ajustes en las grandes multinacionales tecnológicas, y las primeras señales de aviso a menor escala en España. Para evitarlo y hacer realidad la predicción compartida de que en este proceso se crearán más puestos de trabajo que los que se destruirán, empresas, sindicatos e instituciones aragonesas se conjuran para acelerar la formación y la readaptación de los perfiles laborales.