Paolo Galbiati se hizo fuerte en el banquillo del Baskonia gracias a los férreos vínculos que creó con los jugadores y la grada. Los primeros … han desarrollado una confianza casi ciega en el técnico y su estilo vertiginoso, hasta el punto de sobreponerse a la ausencia de un pívot puro durante meses sin apenas bajar el rendimiento. Los segundos, conquistados con el título copero de Valencia y el carácter magnético e hipertenso que desprende el italiano, expresan de forma nítida su deseo de que continúe al frente del equipo con la cerrada ovación que le dedican en cuanto salta a la pista del Buesa Arena, incrementada antes de que arrancara el último encuentro de la fase regular de la ACB ante el Unicaja.

Sin embargo, hay también cinco momentos que han forjado el camino del estratega en su primera campaña como azulgrana. En ellos ha visto de cerca el abismo, ha levantado a su tropa, la ha reactivado tras alcanzar la gloria, y la ha convencido de que aún tiene energía para tratar de conquistar el primer doblete en 24 años.

Galbiati, ratificado para la próxima temporada tal y como él mismo anunció al final del encuentro ante Unicaja, miró a los ojos al fracaso durante las primeras semanas de competición. Solo encontró un oasis en los primeros diez partidos entre la Euroliga y la ACB. Fue ante el Real Madrid en la segunda jornada de la competición doméstica, después de cuatro tropiezos consecutivos. No puede decirse que aquella victoria ante los blancos, que después se convertirían en la víctima predilecta de los azulgranas a lo largo de la campaña, fuera un punto de inflexión, ya que le siguió otra travesía de inanición con la única excepción del ajustado triunfo sobre el Covirán Granada, claro candidato a perder la categoría.

Galbiati alza el trofeo de la Copa del Rey en Valencia.

Galbiati alza el trofeo de la Copa del Rey en Valencia.

(Efe)

En sus diez primeros compromisos al frente del Kosner Baskonia, el de Vimercate solo obtuvo dos victorias y la sensación de desplegar un baloncesto alocado y un tanto caótico que necesitaba rebasar la barrera de los cien puntos para ganar. Pero ese triunfo fue, sin duda, un respiro vital, ya que cuesta imaginar que el técnico hubiera logrado resistir con un balance de 1-9 y con el reducido crédito que otorga la etiqueta de recién llegado desde el desconocido Trento.

«Sobrevivir al despido»

Él mismo reconoció que había «sobrevivido al despido» un par de veces en el arranque de temporada. Lo hizo tras conquistar la séptima Copa del Rey del club azulgrana en el Roig Arena, precisamente ante el conjunto blanco, al que ha vencido en cuatro ocasiones en lo que va de campaña, con una sola derrota. Pero si hay un duelo que cambió el rumbo del Baskonia antes de enfilar el torneo del KO, fue la agónica victoria ante el Unicaja en Málaga, con un triple de Howard sobre la bocina. Aquella acción levantó a un equipo acababa de recibir un golpe devastador al caer por 134-124 en la Euroliga ante el Barcelona después de tres prórrogas y al borde del agotamiento físico y mental.

La fase de despegue en la ACB parecía imparable hasta que el conjunto azulgrana alcanzó la condición de cabeza de serie en la Copa, aunque nunca consiguió desprenderse de la losa de ser una de las cenicientas de la Euroliga, sobre todo cuando actuaba a domicilio. La conquista copera forma ya parte de los highlights de la historia reciente azulgrana y encumbró a Galbiati como uno de los ídolos de la afición azulgrana. No solo por dedicarle un estribillo, sino por verle hacer de maestro de ceremonias del recibimiento en el aeropuerto de Foronda.

Pero aquella celebración deparó una enorme resaca que duró semanas. El Baskonia se quedó perdido en la luna de Valencia durante más de dos semanas, en las que encajó cinco derrotas en seis encuentros. Los problemas físicos por el esfuerzo se sucedieron y la tensión del grupo bajó al subsuelo. Tampoco parecía descabellado pensar que muchos jugadores, incluso con cantos de sirena de clubes más poderosos, dieran la temporada por amortizada con un trofeo en las vitrinas y con el tren de la Euroliga ya perdido de manera definitiva.

Todavía quedaba un resorte, que se activó con un contundente triunfo ante el Girona, el punto de partida de una escalada en la que los vitorianos estuvieron a punto de alcanzar la segunda plaza de la ACB. A falta de conocer su puesto definitivo con el duelo de esta tarde entre el Barça y el Valencia, los azulgranas se aseguraron el factor cancha al menos en la primera eliminatoria, que les enfrentará a los de Pedro Martínez o al Joventut.

«Cancelar el ruido»

Aquella remontada clasificatoria fue la última prueba de que el equipo vitoriano, más allá de las virtudes que despliega en la pista, es tan capaz de recomponerse como de abstraerse. O, como se refirió el propio Galbiati en sala de prensa tras vencer al Unicaja en la última jornada, de «cancelar el ruido». Lo hizo el técnico a pesar de la incertidumbre que rodea su futuro, tras desvelar una conversación con Josean Querejeta en la que le confirmaba que seguiría al frente del conjunto azulgrana la próxima temporada. También lo ha demostrado la plantilla, enchufada y comprometida pese a que el futuro de muchos parece estar lejos del Buesa Arena.

Es el caso de Cabarrot y Forrest, que finalizan contrato y son figuras codiciadas del baloncesto europeo, Matteo Spagnolo, tentado por la universidad de Nebraska, Diakite, a un paso del millonario proyecto del Dubái… Se han esforzado por disipar cualquier duda sobre su implicación en una recta final que la hinchada baskonista vuelve a mirar con ilusión.