París amaneció este lunes sin grandes ni aparentes secuelas de la guerrilla urbana a la que asistieron sus calles durante el fin de semana tras la victoria del Paris Saint-Germain (PSG) en la final de la Champions League, disputada el sábado por la noche. El problema, o las cicatrices, ya no están ahora en las calles, sino en los pasillos de los ministerios y en los análisis urgentes de los medios de comunicación, donde la guerra política para encontrar causas y responsables ya ha comenzado. Toda Francia se interroga ahora sobre los motivos de una violencia desbocada sobre la que el Ejecutivo, la policía y la propia población estaban ya prevenidos, vistos los antecedentes del año pasado.

Los disturbios han dado pie esta mañana al primer balance global del ministro del Interior, Laurent Nuñez, que ha cifrado el trabajo de la policía en más de 890 personas detenidas durante los incidentes. Esta cifra representa un aumento del 45% respecto al año pasado, según anunció este lunes Nuñez, en una entrevista con France Inter. Al mismo tiempo, 178 miembros de las fuerzas del orden han resultado heridos.

El último balance comunicado el domingo indicaba que 219 personas habían resultado heridas en toda Francia, de las cuales ocho se encontraban en estado grave. En ese momento, las autoridades habían informado de unas 780 detenciones y 457 personas bajo custodia policial, lo que suponía un incremento del 32% con respecto al año anterior. Además, un joven de 24 años falleció durante la noche del sábado después de que su motocicleta de cross chocara contra unos bloques de hormigón instalados en una rampa de salida de la circunvalación de París.

Nuñez ha defendido el trabajo de la policía, pero ha dejado sin resolver la gran pregunta que se hace todo el mundo: ¿por qué? “Sabíamos que estas celebraciones iban a dar lugar a detenciones”, declaró el exprefecto de policía de París, refiriéndose a un dispositivo de seguridad “excepcional”. “Mi trabajo consiste en poner fin a estos actos violentos. Si ha habido tantas detenciones, es porque ese trabajo se ha realizado correctamente. La cuestión es saber por qué estos jóvenes vienen a destrozar [la ciudad]”, añadió, calificándolos de “delincuentes”.

Los disturbios, eso parece claro, no tienen que ver con un fenómeno estrictamente vinculado al fútbol. Del mismo modo que se explicó el año pasado, los ultras del PSG se encontraban esa noche fuera de París (esta vez en Budapest, donde se celebraba la final). Muchas de las personas que causaron problemas ni siquiera vieron el encuentro que se estaba disputando.

Además, la mayoría de victorias futbolísticas no tienen este impacto en Francia. El Lens, por ejemplo, ganó hace una semana la Copa y no hubo un solo destrozo. La violencia desatada tras la victoria del PSG recuerda más a los disturbios habituales en Nochevieja o el 14 de julio, cuando se celebra la fiesta nacional.

Policías petrechados en plenos disturbios, el pasado sábado en París.Abdul Saboor (REUTERS)Pese al dispositivo

El ministerio del Interior había desplegado unos 22.000 policías y gendarmes. “¿Es realmente la solidez del dispositivo policial lo que debe cuestionarse? La causa profunda es que, aprovechando estos momentos festivos, un cierto número de personas acuden para saquear y destrozar: esa es la realidad. No ha sido por falta de advertencias: teníamos un amplio dispositivo que ha funcionado, dado que hemos detenido a muchísimas personas y evitado numerosos saqueos, aunque algunos sí se produjeron y los lamento”, ha declarado.

La sensación generalizada es que Francia atraviesa un periodo extremadamente tenso. Las comparaciones con la celebración de la Copa del Mundo levantada en 1998 son frecuentes, aunque en aquella ocasión también hubiese un gran número de detenidos y un muerto. Hoy las cárceles empiezan a dar muestras de saturación, los enfrentamientos con la policía son frecuentes, el vandalismo crece y proliferan nuevas bandas que desafían directamente al Estado, como la marsellesa DZ Mafia.

Menos homicidios que hace tres décadas

Entre 2005 y 2024, la tasa de homicidios en Francia, sin embargo, ha mostrado fluctuaciones. En 2005, era de 1,58 por cada 100.000 habitantes, disminuyendo a 1,05 en 2020. Sin embargo, en 2024 se registraron 1.186 homicidios, un 28% más que en 2016. Este aumento ha llevado a que Francia tenga una de las tasas más altas de la UE, superando a la mayoría de grandes países de la UE. Aun así, sigue siendo mucho más baja que en 1998.

Francia ha registrado desde 2019 un aumento de las agresiones físicas, con un crecimiento cercano al 30% hasta 2024. Según el Ministerio del Interior, en la actualidad se producen cerca de 1.000 agresiones diarias, una cifra que solo incluye los casos oficialmente denunciados. Pero, sobre todo, aumenta también la denominada violencia expresiva, la que se desarrolla colectivamente por parte de jóvenes que generalmente viven en barrios periféricos y que se ha agravado en los últimos años con el uso de explosivos y pirotecnia.

Una de las tesis más extendidas sobre el aumento de estos actos tiene que ver con esa fractura social. Con la idea de que ya no hay posibilidad de prosperar en Francia y de que el famoso ascensor social que impulsaron una educación pública, de alta calidad e igualitaria, desapareció. Se resienten, cómo no, las periferias de las ciudades. Y las grandes celebraciones se convierten en el momento de tomar por la fuerza el centro de unas metrópolis que han dejado de pertenecer a los habitantes de la periferia.

Muchos de estos episodios comenzaron en 2005 —un otoño de extrema violencia en la banlieue parisina (28.000 coches quemados, 4.700 detenidos y 400 condenados a prisión)— tras la muerte de Ziad y Banou (15 y 17 años) al esconderse en un transformador eléctrico cuando les perseguía la policía tras confundirlos con delincuentes. Desde entonces, la policía no es un símbolo de protección en estos barrios, sino una amenaza cuyo temor se trasmite de forma hereditaria. Un enemigo.