El primer ministro de Hungría, el conservador Péter Magyar, ha decidido elevar el pulso institucional que mantiene con el jefe del Estado. Tras vencer en la medianoche del domingo el plazo otorgado para que abandonara su cargo de forma voluntaria, el líder del Ejecutivo se enfrenta este lunes al presidente del país, Tamás Sulyok, en un movimiento inédito para la política nacional.
A través de un mensaje difundido en sus redes sociales, Magyar confirmó que tiene previsto acudir a la sede de la Presidencia para reunirse personalmente con Sulyok. A este crucial encuentro asistirá acompañado de su ministro de Justicia, con la firme intención de dejar patentes las consecuencias legales si no se produce una renuncia inmediata. El actual mandatario es considerado un hombre estrechamente vinculado al ex primer ministro Viktor Orbán.
La respuesta desde la jefatura del Estado no se hizo esperar. Durante la noche del domingo, Sulyok publicó un vídeo mediante su perfil en Facebook en el que descartó tajantemente cualquier posibilidad de abandonar el puesto. En su declaración, el dirigente reiteró su firme intención de seguir desempeñando el máximo cargo de la república, desafiando abiertamente la exigencia lanzada por el Gobierno.
Las actuales tensiones hunden sus raíces en los recientes comicios legislativos celebrados el pasado 12 de abril. Tras aquellas elecciones, la formación opositora logró una victoria histórica que puso fin a dieciséis años ininterrumpidos de gobierno del líder ultranacionalista Orbán. Inmediatamente después de confirmarse el vuelco electoral, el nuevo dirigente ya había instado al presidente a dar un paso al lado.
Relacionado
Ante la negativa presidencial, el nuevo primer ministro ha dejado claro que, si Sulyok no accede a su exigencia durante el encuentro de este lunes, impulsará de manera fulminante un proceso de destitución en el Parlamento. Esta amenaza es completamente viable, dado que el partido gubernamental cuenta con 141 de los 199 escaños de la Cámara, superando holgadamente los dos tercios que exige la Constitución para apartar al mandatario.
La justificación política que esgrime la nueva mayoría conservadora se basa en el mandato expreso de las urnas. El Gobierno argumenta que el pueblo húngaro votó masivamente para desmantelar la red clientelar instaurada durante los mandatos de su antecesor. Para el Ejecutivo vencedor, erradicar el llamado ‘sistema Orbán’ implica ineludiblemente la sustitución de los altos funcionarios públicos colocados por la anterior administración.
Por su parte, el asediado presidente se aferra a la legalidad para mantenerse en el poder. En sus últimas intervenciones, ha alegado que no existe «ninguna razón legal o constitucional» que justifique su marcha anticipada y que su juramento le obliga a defender el orden constitucional de Hungría de manera independiente de quién ocupe el poder ejecutivo.
Para reforzar su posición defensiva, la Presidencia ha decidido recurrir a instancias internacionales. Sulyok ha remitido una petición formal a la Comisión de Venecia, el órgano asesor del Consejo de Europa, para que analice detalladamente la situación. Según recoge la agencia EFE, esta maniobra busca garantizar un respaldo legal exterior ante el choque frontal con la asamblea legislativa.