«Él siempre ha estado conmigo, ha sido mi mayor apoyo desde que soy niño». Cada vez que Rafa Jódar, la nueva sensación del tenis … español, habla de su padre, Rafael, se le ilumina el rostro. Él es el hombre para todo de un tenista que ha alcanzado los cuartos de final de Roland Garros. Su historia se aleja de lo que se suele ver en los torneos profesionales de este deporte, donde un séquito abarrota el palco de cada competidor: entrenador, preparador físico, representante, patrocinadores, invitados VIP… En el caso de este joven de 19 años de Leganés, en ese espacio reservado para 18 personas solo está su progenitor, casi siempre con una camiseta de Adidas -la marca que le patrocina-, y a veces una gorra de la misma enseña.

Nadie más accede a ese lugar sagrado salvo raras excepciones: en ocasiones, un médico de la Federación Española es acogido por si las moscas y alguna vez se ha visto a David Ferrer, capitán español de la Copa David. Nada más. De hecho, en la tierra batida de París se produjo un momento curioso: una ‘invasión’ del palco por parte de cuatro aficionados que, al parecer, se confundieron. Jódar pidió parar el partido para desalojarlos. «Los jugadores tenemos el derecho de decidir quién se sienta en nuestro ‘box’ y el único que puede hacerlo en el mío es mi padre. Mi equipo somos mi padre y yo. Supongo que esos aficionados debían tener sus asientos muy cerca y se equivocaron, y yo solo se lo recordé. Si no son parte de mi equipo no pueden sentarse ahí», defendió el madrileño.

Criado en una familia de docentes, Rafael es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por el Instituto Nacional de Educación Física (INEF) de Madrid y profesor de Educación Física. Cuenta, por tanto, con los conocimientos necesarios para la preparación de su hijo, pero también se dedica a gestionar su agenda, a ejercer de psicólogo, de apoyo y de todas esas tareas que precisa un deportista de élite. De momento, la idea es mantener esta estructura tan breve hasta que acabe la presente temporada, y luego ya se verá.

Así llevan desde el principio de los tiempos. Aunque el actual cuartofinalista de Roland Garros también experimentó con el fútbol, apostó por el tenis por una razón muy simple, pero cargada de simbolismo. «Empecé a jugar porque era un deporte donde podía jugar con mi padre y nos lo podíamos pasar bien los dos, no necesitábamos más gente, como el fútbol», contó en la Cadena Cope. No obstante, la llegada de Rafael a la raqueta fue un camino mucho más sinuoso.

En un garaje de Leganés

Se movió por el atletismo, también por el baloncesto. Aquí ya paladeó el éxito con el Rivas Ecópolis: una liga, dos Copas de la Reina, un subcampeonato de la Euroliga… Pero el dinero se acabó, el equipo quebró y Rafael se dirigió al tenis con un hijo que ya iba a los entrenamientos en el parqué con su raqueta, ha recordado la exjugadora Amaya Valdemoro. Como si una de esas startup tecnológicas se tratara, el éxito comenzó en un garaje. En este caso, de Leganés.

Allí dio sus primeros pelotazos Rafa. Junto a su padre. Es cierto que a lo largo de su carrera ha tenido otros entrenadores, otras personas que han marcado el camino, que han puesto las directrices, como Fernando Varela, pero el que estaba en el día a día era su progenitor. Tras el garaje, siguió su evolución en el Club de Tenis Chamartín y, tras ganar el US Open en 2024, este amante de Piratas del Caribe, Harry Potter y Coldplay se fue a la Universidad de Virginia en lugar de dar el salto al profesionalismo.

Eso lo ha hecho en 2026, un año en el que ya se ha embolsado su primer trofeo: el ATP 250 de Marrakech. En el Conde de Godó se plantó en semifinales, en Roma se quedó en cuartos de final en un partido que acabó a las dos de la mañana… En Madrid también fue apeado en esa ronda. Ahora, en Roland Garros se ha plantado en la misma estación, donde se encontrará con Zverev, el segundo favorito del torneo. Allí estará su padre, en su palco, su lugar secreto. No entra nadie más. Ni siquiera sus amigos, como ha ocurrido en otros duelos de París. Ellos a la grada. Rafael, al palco.