«Para conocer a la gente hay que ir a su casa», afirmaba Goethe. Pocas cosas cuentan tanto de una persona como su hogar. La … interiorista bilbaína Irantzu Hurtado ha trasladado la personalidad y las necesidades de una madre y su hija de 16 años a su vivienda de Neguri. El resultado es un piso luminoso, con espacios abiertos y dos suites, concebido para que ambas puedan compartir tiempo de calidad, pero también disfrutar de momentos a solas. «Me encontré una casa muy compartimentada, con tres habitaciones, dos baños independientes… pero eran todo puertas y pasillos. Lo tiramos todo para conseguir un hogar más diáfano y lleno de luz. Al final, solo hay dos puertas en toda la casa, las de las dos habitaciones», explica Irantzu.

La vivienda, de 110 metros cuadrados, se divide en dos grandes áreas conectadas por un arco de medio punto, que separa los espacios comunes de las habitaciones. El corazón de la casa es un amplio salón con cocina abierta y comedor, un espacio donde cocinar, comer, charlar y compartir tiempo juntas. Irantzu ha apostado por una distribución diáfana que potencia la sensación de amplitud. La luz natural entra a través de los grandes ventanales y realza las texturas y la paleta de tonos neutros de la vivienda.

(Erlantz Biderbost)

En la zona de estar conviven piezas de diseño clásico y contemporáneo, como la chaise longue LC4 de Le Corbusier, que contrasta con un sofá de líneas actuales en tonos crudos de Kave Home. Las mesitas auxiliares y un gran puf a rayas en negro, blanco y arena, de Bazar Bilbao, completan el espacio aportando calidez. Una gran alfombra XL unifica el conjunto y conecta la zona de lectura con la de estar.

Los textiles con patrones geométricos y las obras de arte abstracto, con pinceladas en amarillo mostaza y negro, rompen la monocromía sin estridencias. La iluminación combina focos empotrados con piezas decorativas, como el ventilador de aspas de madera de nogal y las lámparas de sobremesa con bases de cerámica de la firma valenciana Aromas del Campo. En dos de las paredes destaca un papel de Casamance con textura de espiga. La zona se abre además a dos terrazas con orientaciones distintas, lo que amplía visualmente el espacio.

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La cocina, funcional y minimalista, se organiza en torno a una gran isla en tonos neutros que incorpora una zona de taburetes de cuero trenzado para comidas informales. El mobiliario de columnas en madera oculta los electrodomésticos y refuerza la sensación de orden, que se extiende hacia el comedor, integrado en el mismo espacio. «Va unido a la isla, pero con sillas de comedor para cuando quieran disfrutar de comidas más relajadas. Coloqué la cocina con vistas a los ventanales para que pudiesen cocinar mientras contemplan el atardecer», explica Irantzu.

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La vivienda cuenta además con una zona independiente de lavandería y plancha, a la que se accede a través de una de las columnas de la cocina. Este espacio mantiene la misma línea estética, con carpinterías en tonos topo y madera de nogal.

La paleta de materiales se ha elegido para transmitir serenidad y una elegancia discreta. La madera de roble recorre los pavimentos de toda la vivienda, aportando continuidad visual, y está también presente en el mobiliario a medida, como el frente de la cocina y el mueble de la televisión.

Desde el recibidor ya se intuyen las distintas zonas de la vivienda y, al fondo, las vistas al mar que presiden el salón. Una consola de chapa de hierro, una lámpara de sobremesa con pie latonado y un cuadro abstracto en tonos verdes de Bazar Bilbao dan la bienvenida a la casa. En las paredes destacan los papeles pintados de texturas orgánicas, como el motivo de espiga del salón.

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En la suite principal destaca un cabecero de lino a rayas en grafito y crudo, diseñado por el estudio, con una tela de Bárbara Osorio, que recorre la pared aportando dinamismo y sensación de altura. Toda la habitación está revestida con un papel texturizado de Masureel.

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La suite integra una bañera exenta que crea un rincón de relax junto a unas hornacinas iluminadas, además de una zona de tocador o escritorio. El baño, revestido en microcemento en tono natural, incorpora un mueble de madera de nogal de líneas limpias y un lavabo circular de piedra, manteniendo la estética del resto del espacio.

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La suite de la hija adolescente incorpora guiños en tonos azules y verdes, pero sigue la misma línea que el resto de la vivienda. Destaca el papel pintado texturizado de Eijffinger que envuelve toda la estancia, junto a un cabecero de lino blanco de Linatura acompañado de cojines y una manta de la misma marca. Los armarios a medida han sido diseñados por el estudio, mientras que las piezas auxiliares son de Kave Home y Zara Home, como en la habitación de su madre.

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El baño, de diseño orgánico, combina distintas texturas naturales: cerámica de aspecto artesanal en las paredes, de pequeño formato y dispuesta en vertical para ganar sensación de altura; un techo en verde militar que aporta personalidad, y un suelo de madera cálida. El conjunto se completa con un armario en verde, que unifica el espacio. «El suelo es el mismo en toda la casa, también en los baños y la cocina, para mantener una continuidad y evitar juntas entre espacios», apunta la interiorista.

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Irantzu Hurtado sintió muy pronto su vocación. De pequeña le gustaba acompañar a su madre a tiendas de decoración y antigüedades, e imaginar cómo aquellos muebles podían transformarse. «Mi madre siempre ha sido de hacer reformas en casa y crecí rodeada de revistas de interiorismo», recuerda. Licenciada en Arquitectura de Interiores por la Escuela de Artes Decorativas de Madrid, lleva casi 20 años creando hogares que reflejan el estilo de vida y la personalidad de sus clientes. «Me gusta cuidar cada detalle y adaptarme a sus necesidades, así que me implico en cada proyecto como si fuera yo la que va a vivir allí», explica la interiorista desde su estudio, en el número 6 de la calle Rodríguez Arias, donde concibe espacios pensados para ser vividos y disfrutados.