Se llama Sorgin Gallery y no es exactamente una galería, pero sí un lugar embrujado, como proclama su nombre. Y encierra varias historias a la … vez. Por un lado es la muestra de cómo un viejo caserío de Igeldo puede reconvertirse en un espacio para el arte. También, el relato de cómo una brasileña de Sao Paulo que era abogada especializada en casos criminales, Mirian Badaró terminó en este rincón del País Vasco creando un enclave que mezcla el sabor rural con el ‘glamour’. Y también, la muestra de cómo el espíritu de Gonzalo Chillida, el gran pintor donostiarra que durante años colgó con la etiqueta de «hermano de Eduardo», revivirá desde mañana en este caserío con una exposición que conmemora el centenario de su nacimiento.

Vamos a Igeldo. Tras un circuito txikito de curvas y laderas el visitante accede por Marabieta Bidea al recóndito destino de Eroso Enea, nombre histórico del edificio, y queda ya fascinado por el paisaje y el caserío, restaurado como para una revista de decoración, pero viva, porque aquí habitan los responsables del proyecto. «Es nuestra casa y nuestra galería: las obras conviven con nosotros y por eso no respondemos al modelo de una galería convencional», explica Mirian Badaró, mientras enseña con orgullo algunas de las piezas de disintos orígenes que acoge el baserri. «Quien quiera venir a conocernos debe pedir cita previa, por ejemplo a través de nuestro perfil de Instagram, y le atenderemos con calma. Porque mi propósito es que Sorgin sea una vía distinta para acceder al arte. Aunque parezca una romántica sigo pensando que el arte puede cambiarte no solo el humor, sino la forma de ver la vida», explica con entusiasmo esta incansable brasileña que lleva ya diez años viviendo en Donostia y se ha integrado en el discurrir cultural de la ciudad como un activo agente.

«El reto es que ahora nos conozcan mejor los propios guipuzcoanos, porque hasta el momento estamos trabajando bien pero con clientes sobre todo de fuera. El turismo de cierto nivel adquisitivo que viene a Donostia se acerca hasta aquí y se interesa por nuestras propuestas. Hay un mercado muy interesado porque es gente que no solo viene a Gipuzkoa atraída por la gastronomía o el paisaje. También quiere arte y cultura», explica.

Mirian Badaró era abogada en Sao Paulo hasta que al arte se cruzó en su vida. Lleva diez años en Donostia

¿Cómo una abogada brasileña termina como galerista en un caserío asomado al Cantábrico? «Las cosas, a veces, son más fácil de lo que parecen», responde con una sonrisa. «Mi familia en Sao Paulo son abogados, así que seguí la misma senda. Trabajé en casos complicados en un periodo que fue como una formación sobre el ser humano, desde crímenes hasta robos. Fue muy duro».

Mirian Badaró considera que la vida, «al menos la mía», funciona a base de ciclos de siete años y decidió cambiar de vida: comenzó a trabajar en una galería de arte en su ciudad y «descubrí un mundo nuevo que ya llevaba dentro de mí». Paralelamente comenzó su relación con un ingeniero guipuzcoano que trababaja en Sao Paulo (Danel, hoy su marido, con quien tiene una hija) y en 2016 decidieron venir a vivir a Donostia. «Durante un tiempo seguí vinculada al mundo del arte internacional a través de la galería brasileña pero luego decidí abrir mi propio camino y empezar un proyecto sin prisas, poco a poco».

Ese proyecto es Sorgin Gallery, abierta hace dos años en este caserío de Igeldo «que nos enamoró desde el primer día que lo vimos». Llamarlo ‘sorgin’ es toda una declaración de intenciones: «En Brasil creemos en un sen tido de la espiritualidad muy amplio, y allí llamarte ‘bruja’ no es nada peroyativo, sino una señal de que crees en la intuición, en un sexto sentido, en algo que va más allá de lo que vemos y tocamos».

Una gran escultura en madera del creador brasileño Hugo Brança, con el que ha trabajado mucho, preside el terreno del caserío. Adeline Halot, Joseba Lekuona o Borja Giménez son otros de los artistas con los que trabaja Sorgin Gallery, que desarrolla una amplia actividad también en el mercado internacional.

La galerista en su caserío y cartel de la exposición de Gonzalo Chillida..

(Lobo Altuna)

«Mi sueño es aunar las creaciones de vascos y brasileños, y tengo claro cuál sería mi exposición ideal: una que volviera a reunir la obra de Jorge Oteiza y Lygia Clark, que se cruzaron en la IV Bienal de Sao Paulo de 1957. Me encantaría hacer una muestra de ida y vuelta, aquí y allí».

Badaró se muestra «feliz» de la calidad de vida en el País Vasco. «Me he propuesto ser capaz de expresarme en euskera algún día, y la gente de Igeldo nos ha acogido maravillosamente», agrega. «Aquí he aprendido la importancia de trabajar callado: me gusta la discreción de los vascos, que es todo un valor en el mundo que vivimos», añade una «galerista por libre» que va profundizando en contactos con otros sectores de la cultura local «para que Sorgin sea un sitio donde se junten gentes distintas y pasen cosas de interés», remata la ‘donostiarra de Sao Paulo’. «Porque el arte no solo puede mejorar la vida: también cambiarla profundamente y para bien».

La exposición dedicada a Gonzalo Chillida en el centenario, que se abre mañana, es una oportunidad, con un conjunto de 30 obras (10 óleos sobre lienzo y 14 grabados, además de óleos, fotocollages y fotografías de época reveladas por el artista) y la maqueta inédita de un pabellón en Igeldo que responde al sueño de Gonzalo Chillida de tener un lugar para pintar en esa vertiente del monte, orientada hacia poniente, la misma en la que hoy se encuentra la galería. El artista ejecutó los bocetos de los murales, conservados en el Bellas Artes de Bilbao.

«Dice su familia que a Gonzalo le hubiese encantado este lugar»

Mirian Badaró se muestra ahora especialmente ilusionada con la exposición que abre mañana con obras de Gonzalo Chillida para celebrar el centenario del nacimiento del pintor. «Me dice su familia que le hubiese encantado este lugar, discreto y asomado al horizonte, como era él. Fue un artista que creó su propio universo desde esta ciudad y que tuvo reconocimiento en vida, pero no tanto como el que merecía»,

Gonzalo Chillida Juantegui (San Sebastián, 1926) falleció en 2008. Hermano de Eduardo Chillida, está considerado «uno de los mejores representantes de la abstracción lírica en la pintura española», con sus prestigiosas ‘arenas’. En 2016 la sala Kubo Kutxa acogió una gran retrospectiva de su obra, «pero aún tenemos que seguir descubriendo su enorme talento», dice una emocionada Badaró.